Mint Field: 'Pasar de las Luces'. Paleta de claroscuros etéreos y melancólicos

Mint Field: 'Pasar de las Luces'. Paleta de claroscuros etéreos y melancólicos

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La renovación es una constante en el mundo de la música, la industria discográfica es un ente vivo, enfrascado en una espiral que privilegia el movimiento. Las células del tejido que conforman el cuerpo sonoro se restauran con una velocidad asombrosa. Cada día, este extraño y complejo organismo nos regala buenas nuevas que endulzan el oído de los ávidos escuchas-consumidores de propuestas frescas y de calidad exacerbada.

La escena musical independiente en México es un exótico hábitat donde se entremezclan géneros y talentos de diversa índole. El movimiento sonoro en Tijuana es un caso especial, la ciudad fronteriza es un caldo de cultivo que propicia el surgimiento de bandas y movimientos que se dispersan a lo largo y ancho del territorio nacional, en ocasiones trascienden fronteras, como el caso del emblemático movimiento de avanzada electrónica Nortec Collective. Cabe señalar que la entrada triunfal del rock & roll en la nación del nopal, se suscitó gracias a pioneros tijuanenses que se apropiaron del diabólico sonido y lo exportaron al resto del país. Benditos sean. 

La babélica ciudad es un crisol que privilegia la mezcolanza, es un melting pot multicultural donde conviven propuestas artísticas y musicales tan disímiles como el Muerto TJ y Entre Desiertos con actos de tambora, corridos norteños o cumbia colombiana. Evidentemente, la riqueza sonora de Tijuana rebosa y se regodea en cada esquina.

Tras la notoriedad global ganada en el 2001 con el lanzamiento y consagración que entrañó el The Tijuana Sessions Vol. 1 (Palm Pictures, 2001) de Nortec Collective, Tijuas se erigió como punta de lanza de experimentación y vanguardia sonora. Diecisiete años después, la renovación del ecosistema musical marcha viento en popa; aparentemente, la nueva generación de músicos fronterizos no lleva sobre sus espaldas ningún tipo de loza y caminan con seguridad y soltura, tal es el caso del tándem Mint Field

  Estrella Sánchez y Amor Amezcua. Mint Field, Imagen vía: Bizarro FM. 

Estrella Sánchez y Amor Amezcua. Mint Field, Imagen vía: Bizarro FM. 

Amor Amezcua (batería-sintetizadores) y Estrella Sánchez (voz-guitarra) son la dupla que conforma la esencia del proyecto de shoegaze, noise pop, krautrock y atmósferas de post-rock que debutó en 2015 con el EP autoproducido Primeras salidas. La acogida del público y la crítica especializada fue prometedora y cálida; así que, con 21 años y un largo camino recorrido (los prestigiosos festivales Coachella y SXSW incluidos) presentaron el 23 de febrero de 2018, su primer larga duración en forma: Pasar de las Luces, material arropado por el sello discográfico angelino Innovative Leisure-Leisure Records, casa de Nick Waterhouse, BadBadNotGood, Hanni El Khatib, Classixx, etc.

Provenientes de un entorno afortunado, impregnado de música (Amor es hija de Ramón Amezcua, uno de los principales artífices de Nortec Collective bajo el mote de Bostich; a su vez, es hermana de Alberto Amezcua a.k.a. Grenda), cercanas desde la infancia y oriundas de la apacible comunidad Playas de Tijuana (asentamiento occidental del municipio de TJ, arropado por el majestuoso océano Pacífico y con una población no mayor a los 160.000 habitantes). Amor y Estrella comenzaron a fraguar su senda de complicidad desde 2014 (entonces las acompañaba Andrés Corella Monzón en el bajo). Amantes del sabor, color y textura de la menta, esa misma afición se refleja en el nombre de la banda; en una entrevista de 2016 Amor relató:

En nuestros inicios, Estrella y yo compusimos una canción llamada ‘Mint’, la cual hablaba de lo mucho que nos gustaba la menta: el sabor, el olor, el color, todo. Y fue así como llegamos a la conclusión de que nos gustaría tener un nombre que se relacionara con la menta. Tiempo después, con la llegada de Andrés, cambió un poco nuestra perspectiva, de tal manera que decidimos ser como el conjunto de todo lo que es la menta y pues de ahí se dio Campo de Mentas.

Campo de mentas es una de las agrupaciones emergentes más interesantes del actual panorama sonoro mexa. Su sonido, desde Primeras salidas, se caracteriza por construir texturas llenas de claroscuros que remiten a la melancolía. La etérea tesitura vocal de Estrella se difumina y mezcla con la potencia y precisión instrumental que, en ocasiones, estalla en pequeños destellos de luces tornasol que transmutan los lóbregos paisajes en andanadas de colores cálidos (“En otro lugar”). La transición entre su EP y el recién estrenado LP, Pasar de las luces, es notoria: mientras el primero rebosaba de jovialidad y espíritu do it yourself, la nueva producción está inmersa en parajes más introspectivos e intimistas, con una producción de primer nivel (corrió a cuenta del productor Christopher Koltay, en sus estudios de Detroit, EUA) y una ejecución pulcra y rebosante en arreglos preciosistas.

Su apetito musical es diverso, coinciden en la mayor parte de sus preferencias sonoras, como ellas mismas lo mencionan: “Se mezclaron nuestras influencias, al principio no teníamos definido cuál sería nuestro género, fue algo que se dio naturalmente”. Hay destellos por doquier de diversas bandas: desde la grandilocuencia de Explosions in the Sky, la nostalgia que evocan las composiciones de Beach House, el poderío y angustia de Joy Division, la luz que emana de la oscuridad en Motorama, el frío alegre característico de Sigur Rós o la densidad ensoñadora de Swans y Godspeed You! Black Emperor. Mint Field es una afortunada y poderosa amalgama que hipnotiza y cautiva con su paleta de claroscuros que despiertan sentimientos a flor de piel y nos transportan a horizontes inmateriales, como si de una epifanía sónica se tratara. 

Lejos de ser una promesa perpetua, Amor y Estrella lograron concretar y afianzar su carrera con Pasar de las Luces. La precoz madurez musical (almas viejas en cuerpos donde retoza la juventud) de este dúo se condensó en trece tracks, poco más de una hora, por donde desfilan composiciones instrumentales largas y deslumbrantes, joyas que brillan en medio de la oscuridad de la noche, mientras las estrellas se asoman tímidamente a través del seráfico firmamento. 

La portada del disco es obra del artista Emilio Villalba, originalmente la pintura se titula justamente Mint Field.

Iba caminando, estaba lloviendo y el parque parecía no tener fin...

“El parque parecía no tener fin” es el corte que abre la eucaristía sonora, de talante sobrio y manufactura dreampop. Suena como si el viento se colara en medio de de los lamentos de la guitarra y el apacible compás de la batería. Susurros fantasmales que podrían amenizar el viaje astral de un alma errante. 

“Ojos en el carro” es el primer sencillo de la placa debut de Mint Field. La canción evoca nostalgia, melodías sosegadas que, paulatinamente, se van hilando de manera delicada con el lamento de Estrella; más que cantar, la vocalista pareciera que arroja una plegaria llena de matices celestiales a los cuatro vientos.

El mood de la producción continúa deleitándose por valles de exuberante belleza. El regodeo y voluptuosidad musical es el leitmotiv que permea en “Ciudad Satélite”, los oídos se endulzan con la aparición de coros magistrales; es como si una cuadrilla de sílfides entonaran himnos de pura beldad que trascienden el mundo de lo material. 

Hoy mis ojos ya cansados de tanto buscar, mis fantasías me hacen daño, no te voy a encontrar.

El ambiente sonoro en su conjunto remite a lo crepuscular, a lo frío; sin embargo, en este juego de complemento entre contrarios, los elementos melancólicos conviven abiertamente con la luz, con lo etéreo e invisible, cuasi inefable. “Temporada de jacarandas”, tentativamente, hace alusión a ese hermoso árbol que tapiza el árido concreto de la CDMX, y otras partes de la república, con sus inconfundibles flores color azul-violeta. Una de las peculiaridades de este singular arbusto es que, entre sus diferentes especies, hay una que tiene la capacidad de florecer tanto en primavera como en otoño. El sonido de Mint Field es una bella jacaranda que se renueva y retoña aun cuando las hojas de los demás árboles yacen en el suelo, dotando el paisaje de un halo de tristeza y pesadumbre. “Quiero Otoño de Nuevo”, siguiendo la misma lógica que su antecesora, es un corte de inusitada fuerza que coquetea abiertamente con el krautrock, la psicodelia y el shoegaze, nada que ver con la languidez característica del otoño. 

“Cambios del Pasar” suena al legado de los íconos del post-rock, las tinieblas sónicas se apoderan de los instrumentos y crean espacios cavernosos conjurados por riffs poderosos y opresivos. El panorama se vuelve a suavizar con la angelical aparición de “Viceversa”, Estrella canta justo como debieron de hacerlo las sirenas que trataron de secuestrar a Ulises en su odisea por los mares de las costas griegas, el peculiar registro vocal de esta mujer es celestial, ingrávido.

El viaje epifánico de Pasar de las Luces continúa con “Nostalgia”; como si repentinamente un día soleado se viera asolado por extensos nubarrones.“Nostalgia” es un track que apela a la distorsión, abrazada por la primorosa tesitura de la joven oriunda de Playas de Tijuana, tormenta sensorial que produce estertores emocionales en el escucha. Por otra parte, “Boötes Void” es una composición taciturna con elementos puros de post-rock de alta escuela, capas sonoras en continuo crescendo

Sorprende la madurez artística y el bagaje musical de este par de intérpretes, además de su sonido completamente espeso y rebosante de matices que suavizan y embellecen los diversos páramos sonoros donde se sitúan y remiten a sus escuchas. La evolución en el sonido de Mint Field es palpable, como si se tratara de un mantra: “Nada es Estático y Evoluciona” es una oda ensoñadora, pausada y parsimoniosa, donde el ritmo del bajo se asemeja a un corazón en plena faena de bombeo cardiaco. Es como si cerraras los ojos, en estado de introspección absoluta, lejos del mundanal ruido y comenzaras a sentir con todo tu ser las vibraciones primigenias de las que estamos formados. “Club de chicas” nos demuestra cómo están perfectamente balanceados los elementos ensoñadores con la energía y poder de la banda, va de la calma al arrebato instrumental. Sin lugar a dudas, es el corte más explosivo de todo el LP. 

La parte final del plato la conforman “Para Gali” y “Párpados Morados”. La primera es un canto a la ausencia del ser amado y la progresiva pérdida de las pequeñas cosas que hacían especial a dicha persona (gestos, miradas, sonrisas); la batería se abraza efusivamente con el delay de la guitarra, el resultado es una conmovedora y estrepitosa composición. 

La odisea etérea llega a su fin, cerrando un material absolutamente redondo, con la vena shoegaze de “Párpados Morados”, canción efectiva que conjuga todas las virtudes de Mint Field: vocales inmaculadas, transparentes y semejantes a un susurro venido desde tierras imperecederas, ecos de la frialdad y candidez que transportan a rincones crepusculares, instrumentación ecuánime y certera en su conjunto. 

Música sensorial, para dejarse llevar por las lacerantes olas sónicas y perderse en los excelsos parajes claroscuros que Amor y Estrella fabrican como orfebres. Irónicamente, también es música incorpórea, casi inmaterial o celestial, es música para escuchar con los ojos cerrados y el corazón bien abierto. Pasar de las Luces debe celebrarse, la renovación de la música emergente en México se ve revitalizada con proyectos como Mint Field. Estrella Sánchez y Amor Amezcua, grábense bien los nombres, puesto que darán mucho de qué hablar.
 
 

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