Los mandatos de género como mecanismos de control

Los mandatos de género como mecanismos de control

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Nadar a contra corriente no es nada fácil —se los dice una nadadora con más de 15  años de practicar tan divino y fascinante deporte— y lo digo porque a pesar de la censura, las inconformidades, los dimes y diretes de las semanas pasadas, se llevó a cabo la V Semana de la Diversidad  Humana en la Universidad Iberoamericana. Como parte de este proyecto cultural, organizado por la asociación estudiantil Plural Ibero, el martes 24 de abril tuvimos el honor de contar con la presencia de Alejandra Buggs Lomelí, psicoterapeuta humanista existencial con perspectiva de género, quien presentó su libro Mujeres, salud mental y autonomía emocional. Su publicación representa un compendio de sus artículos publicados en CIMAC-Noticias (agencia de periodismo con perspectiva de género) entre 2012 y 2015, basados en su ejercicio como psicoterapeuta y que abordan diversos y riquísimos temas relacionados con la salud mental y emocional de las mujeres.

 Alejandra Buggs

Alejandra Buggs

Acompañada por su compañera de vida Esther Casanova y de su amiga y colaboradora Martha Valtierra, las tres integrantes del Centro de Salud Mental y Género representan más de 20 años de trabajo a favor de la atención psicológica de mujeres y hombres, con un enfoque de género y respeto por la diversidad sexual.

"Alejandra Buggs es un ejemplo de congruencia, inteligencia y lucha constantes, ya que a lo largo de su camino como mujer feminista, psicoterapeuta y orgullosa de su raza, ha mostrado interés y observado las carencias en el ámbito de la psicoterapia y los derechos humanos, donde hace falta una mirada sensible a los problemas y temas cotidianos que afectan a las personas, así como el respeto a la diversidad sexual"*.

*Del libro Mujeres, salud mental y autonomía emocional

 
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La presentación de Buggs quedó lejos del acartonamiento académico y fue una charla abierta, amena y reflexiva con las y los jóvenes asistentes —solo dos varones presentes—, conformados principalmente por estudiantes de la materia Género, identidades y Sociedad del Área de Reflexión Universitaria de la Ibero.

Buggs inició, como ella misma lo dijo, “de atrás para delante”. Comenzó hablando de ella: 57 años, afrodescendiente, feminista y psicoterapeuta humanista Gestalt, especialista en Estudios de Género, egresada de la universidad Anáhuac y de las Américas. Después explicó la naturaleza de su libro y los tres ejes que lo conforman: "La psicoterapia y la búsqueda de la identidad", "La travesía interna de ser mujer" y "Los retos compartidos".

Entre los temas abordados por la psicoterapeuta y feminista estuvo la invisibilidad femenina, partiendo del entendido de que nuestra sociedad capitalista y patriarcal se funda sobre la base de cuerpos sexuados, escindidos a partir de sus diferencias sexuales y donde las características físicas y biológicas del hombre imponen determinados roles y estereotipos propios para cada sexo y cada género. Hombre/masculino, sexo fuerte; mujer/femenino, sexo débil.

Esta diferenciación y arquetipos son los llamados mandatos de género o modelos universales para la humanidad que hoy perduran en el inconsciente colectivo o imaginario social. Características o atributos establecidos por el sistema patriarcal que favorecen, enjuician u otorgan ciertos conceptos o conductas sólo a cierto género, tales como la belleza, la docilidad, la obediencia, la pasividad, la monogamia, la fidelidad, la reproducción, la feminidad, la delicadeza y la maternidad. Roles y estereotipos definidos exclusivamente para las mujeres que detonan en enfermedades psíquicas, emocionales o baja autoestima.

"Esta inestabilidad de la autoestima se debe a la formación tradicional de género que hace de las mujeres una parte de los otros, y hace que tengan una experiencia satelital en torno a los otros, por ser definidas seres-para-otros", como lo sostiene por su parte la antropóloga y feminista Marcela Lagarde.

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En palabras de Alejandra Buggs, la enfermedad emocional depende de las relaciones y experiencias socioculturales que las mujeres sostenemos en nuestro entorno social a partir de los mandatos de género impuestos por cuatro figuras cardinales: Estado-Escuela, Familia, Medios de comunicación y las diferentes instituciones religiosas. Pero sobre todo, el bienestar o malestar emocional depende de nuestras relaciones afectivas, amorosas y sexuales, influenciadas por los prototipos impuestos que sin duda dan lugar a la discriminación, el sometimiento y subordinación de las mujeres y por tanto, su invisibilización. Como dicen Buggs y Lagarde, las mujeres somos consideradas seres para los otros, al servicio y cuidado de los demás. Sin proyecto de vida independiente, libre y autónomo.

Después de la presentación de Mujeres, salud mental y autonomía emocional, una estudiante se me acercó y me dijo: "Me queda claro lo que dijo Alejandra Buggs de que la mayoría de las mujeres, independientemente de su manifestación de género y orientación sexual, son discriminadas y violentadas. ¿Pero qué pasa con las mujeres lesbianas? Creo que somos las más invisibilizadas, rechazadas, marginadas y estigmatizadas aún por las mismas mujeres".

Y me mostró un testimonio:

"Me encontraba dormida en el auto mientras mi papá conducía. Abrí mis ojos y vi un letrero con la leyenda 'Juan N. Navarro'. En ese momento lo intuí. Traté de negociar con mi papá y fue imposible. Acepté ingresar para demostrar que no tenía nada malo. ¿Qué más podía hacer? ¿A quién podía acudir? Tenía que obedecer… estuve internada 6 semanas. Mis padres me visitaron hasta la tercera semana de ingreso. Cuando me regresaron a casa, estuve más de un mes encerrada. Tuve que obligarme a de-construir quien era yo para construir a la hija que querían".

Le recordé a la alumna que el sistema patriarcal basa sus estrategias de control con el decreto de la heterosexualidad normativa (patología, discriminación y criminalización), la maternidad obligatoria (reproducción contra el placer y el aborto), la división sexual del trabajo (esfera pública-esfera privada) y la represión de la sexualidad femenina (monogamia, fidelidad, asexualidad). Estos y más sirven como mecanismos de vigilancia para ser acatados por hombres y mujeres, por lo que las personas que no se sometan o subordinen a estos designios, serán discriminados y violentados por su disidencia sexo-genérica y/u orientación sexual.

Le expliqué que la violencia y la discriminación por tener una identidad u orientación sexual distinta son factores que afectan todos los aspectos de la vida de las mujeres y en consecuencia repercuten y provocan obstáculos en su participación laboral, política y personal. Dichos factores se exacerban cuando las mismas mujeres somos cómplices de actos discriminatorios, al legitimar los mandatos de género. Le recomendé leer el capítulo 2, “La travesía interna de ser mujer”, del libro de Alejandra Buggs.

Sin embargo, la chica no quedó satisfecha con mi respuesta. Ella quería saber más sobre la violencia entre parejas lésbicas por el contexto del evento, por lo que me di a la tarea de buscar una entrevista que le hicieron a Alejandra Buggs: “Cuando las parejas van a terapia”, publicada en la revista Las Amantes de la Luna (número 2, México 2000, pp. 40-44).

  El sofá  (1894-95), Toulouse Lautrec

El sofá (1894-95), Toulouse Lautrec

"Uno de los problemas que más he visto es la mala comunicación (entre las parejas de lesbianas) aunque te puedo decir que a veces se presentan problemas de poder, cuando alguna de ellas adopta un papel masculino (…); esto es natural porque tenemos como punto de referencia la pareja heterosexual y tratamos de imitarla (…) A veces hay problemas en la pareja porque una de ellas no se asume como lesbiana y está más inhibida en su sexualidad, por tanto en sus emociones y sentimientos.

La orientación sexual y el “enclosetamiento” traen consigo la clandestinidad cuando una de ellas se percata de que no tiene tan asumido su lesbianismo como dice; es lesbiana en el bar y en la fiesta, pero cuando llega al edificio le dice a su compañera o pareja 'Suéltame, que no nos vean los vecinos', mientras que la otra ya salió del clóset; por lo que entran en conflicto la clandestinidad y la complicidad. Luego entonces se genera un sentimiento mutuo de traición (…)

Llega un momento en que la comunicación es tan deficiente que empieza a haber agresión, se faltan al respeto, a lastimarse físicamente, o dañándose con actitudes y sentimientos de posesividad o celos exagerados. Pero cada quien tiene su proceso y puede decidir hasta dónde puede resolver por sí misma y en qué momento necesita ayuda".

Espero que la duda de mi educanda haya sido aclarada.

“Atrevámonos mujeres y hombres a transformar los estereotipos de género”, nos conminó Alejandra Bugss y nos invitó a ver la película Maléfica (2014), para conocernos y reconocernos en su villana/protagonista a quien le cortan las alas (literalmente) y así descubrir nuestras potencias, debilidades y fortalezas. Hay que reforzar nuestras capacidades emocionales e intelectuales para lograr una salud integral con autonomía emocional. Y por supuesto, hay que leer el capítulo tres "Los retos compartidos" que aborda temas relacionados con las dinámicas en las relaciones sexo-afectivas y las diferentes manifestaciones de maternidad.

Y es por lo anterior que admiro y respeto la perseverancia, la sed de conocer y aprender, la tenacidad, la necesidad de transformar desde la inclusión, la tolerancia y la pluralidad como ideales demostrados por Plural Ibero, quienes finalmente pudieron realizar su quinta semana anual de la diversidad humana. Asimismo, reconocer y agradecer desde el corazón a quienes somos parte de nuestra Universidad Iberoamericana, institución que apuesta por la transformación social. Retomo las palabras del padre Luis Ugalde de la Comisión Venezolana de Educación Jesuita, en el marco del 75 aniversario de la Ibero:

"La formación universitaria consciente, competente, compasiva y comprometida se orienta hacia la acción transformadora y humanizadora; por lo mismo, la práctica social debe estar incluida a lo largo de las etapas de estudio. Práctica que lleva a encontrarse con las víctimas o con quienes están en desventaja y marginados en la sociedad".

 David Fernández Dávalos, rector de la Universidad Iberoamericana

David Fernández Dávalos, rector de la Universidad Iberoamericana

Finalmente, remato con las palabras de nuestro rector, el padre David Fernández  Dávalos: "Nuestra casa de estudios (…) tiene mucho por hacer todavía, ya que debe enfocarse en buscar una realidad justa, solidaria, libre, incluyente, productiva y racional".

 

 

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