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 Las ciénegas de Lorine Niedecker se dejan ver en North Central

Las ciénegas de Lorine Niedecker se dejan ver en North Central

Por Luciana Soto Maurer

Solemos pensar que Estados Unidos es un país sin cultura y sin tradiciones. Quizás esto se deba al alcance que han tenido las narrativas imperialistas impulsadas por Hollywood y los medios de comunicación masivos desde principios del siglo pasado. 

Pero, ¿qué tan seguido nos atrevemos a explorar lo que va más allá del cine, la TV y la música pop? Si indagamos un poco en la música de los Beatles eventualmente nos topamos con el movimiento poético del Beat. Si queremos saber más sobre las películas de piratas hay que consultar a Herman Melville.

Quiero decir que detrás de todas esas historias que nos sabemos de memoria, y que incluso replicamos, existe una herencia cultural y artística opacada por la cultura pop y el consumismo. 

En este país sucedió algo muy interesante, toda la comunidad y escuelas de arte europeas se exiliaron en gran parte en el territorio que prometía el sueño americano como consecuencia de la Segunda Guerra Mundial, al mismo tiempo que lxs artistas locales trabajaban con una herencia de la vastedad del territorio
–el Wild West–, el trabajo como valor fundacional, el habla cotidiana y las formas orgánicas. Esta mezcla de factores abrió paso a combinaciones interesantes de pensamiento, y en las generaciones que de allí salieron están varixs de mis poetas más queridxs.

En 1903, en un pequeño pueblo al sur de Wisconsin nació Lorine Niedecker, una poeta difícil de catalogar en un solo movimiento o escuela, pues en su escritura se nota el contacto que tuvo con una generación tan dinámica y experimental como la suya. Tiene poemas que se pueden localizar dentro del imagism y el surrealismo, pero la verdad es que después su época en el objetivismo su poesía se convirtió en un híbrido con estilo propio. 

En 1968, dos años antes de su muerte, publicó North Central, un poemario que me dejó sin palabras la primera vez que lo leí. Las imágenes vivas y directas de su poesía te transportan inmediatamente a esos territorios vastos e interminables que alguna vez fueron verdaderamente el lejano y desconocido oeste de Estados Unidos. 

North Central se puede leer como solamente poesía o también como un catálogo de botánica, zoología, historia, emociones y estaciones sintetizadas en apenas un puñado de palabras por estrofa. Ella dijo que "Las Brontë tenían sus páramos, yo tengo mis ciénagas", y además de tenerlas nos las da para que caminemos por ahí con los pies descalzos y escuchemos las ranas o la madera que cruje al caminar. 

Marcada por una vida cerca del inmenso Lake Superior y otra en Nueva York, Lorine dejó una colección de poemas íntimos que hablan de la muerte, la hierba, Winston Churchill, la soledad y la composta.

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