Juan Rulfo en la fotografía

"...el fotógrafo más importante que he conocido en Latinoamérica"

Susan Sontag

 

Tras la  notoriedad que desencadenó Juan Rulfo con su obra literaria, gracias a los libros El Llano en llamas (1953) y Pedro Páramo (1955), su trabajo fotográfico fue eclipsado hasta 1980 cuando se realizó una exposición integral del jalisciense en el Palacio de Bellas Artes.

El acervo de Rulfo, que en la actualidad cuenta con cerca de seis mil negativos que confirman su prolífica labor fotográfica, tiene fotografías que fueron tomadas en los últimos años de la década de los treinta del siglo pasado, casi a la par el inicio de su incursión en la escritura y su gusto por la fotografía. Dos perspectivas que si bien provenían de la misma persona, no estaban relacionadas en todo momento necesariamente.

En 1960, se realizó una exposición fotográfica de Juan Rulfo en la Casa de Cultura de Guadalajara, que no tuvo tanta notoriedad como el homenaje  organizado por el Instituto Nacional de Bellas Artes en 1980, del cual se desprendió la muestra El mundo de Juan Rulfo, que incluía 100 imágenes de su autoría.

Gracias a los diversos viajes que realizó, el artista plasmó retratos de los pobladores de México en diversas regiones, sus costumbres y su idiosincrasia, además de paisajes que muestran la riqueza natural a manera de remanso, como un envolvente andar que refleja una realidad ecléctica.

Una de las pasiones del autor fue la arquitectura, disciplina en la que profundizó y logró plasmar en su fotografía. La cámara de Juan Rulfo captó diferentes épocas de la historia nacional, que van desde las pirámides prehispánicas, edificaciones coloniales y construcciones modernas.

Su legado también fue parte del contenido de diversas publicaciones como la revista América, y analizado por muchos como en el libro Tríptico para Juan Rulfo: Poesía; Fotografía; Crítica (Editorial RM, 2006), coordinado por Víctor Jiménez, y 100 Fotografías de Juan Rulfo (Editorial RM, 2010) curado por Andrew Dempsey.

El lado fotográfico de Juan Rulfo ha evidenciado que, además de escribir grandes líneas ataviando al blanco del papel y el negro de la tinta, tomó estos colores para escribir también con la luz.

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