Un torbellino llamado Glenn Close

Un torbellino llamado Glenn Close

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“Soy una forjadora de reyes…”

Enuncia Joan Castleman, la escritora con temple de roble encarnada por Glenn Close en The Wife y cuya interpretación le acaba de valer su primer Globo de Oro a Mejor Actriz de Drama en una categoría de cine (tiene tres por papeles para la televisión) en la 76 edición de la célebre y, generalmente, antipática premiación. Su papel de “escritora fantasma” sometida a vivir a la sombra de los logros fraudulentos de su marido ha sido recibida con estruendosos aplausos, algo nada inusual para Glenn, quien este año en septiembre cumplirá, según sus propias palabras, 45 años incansables como actriz.

Más de cuatro décadas de trayectoria no son cosa menor, mucho menos en una industria que relega a sus actrices veteranas al olvido o sesga sus posibilidades laborales a temprana edad. Pero en este tiempo, Glenn Close ha conseguido posicionarse contra todo pronóstico y subestimación. No que alguien la menosprecie, pero es la actriz más nominada con ningún premio recibido en la historia de los Oscar, aún cuando su repertorio está colmado de magnéticas y altísimas interpretaciones.

Glenn Close, Globos de Oro 2019

Glenn Close, Globos de Oro 2019

Curioso que sea hoy su rol en The Wife, uno que se siente más como una versión alterna de sí misma, como un avatar de su propia historia y sus propias confrontaciones en un mundo “dominado por hombres”, el que le valga hoy su primer Globo de Oro a nivel fílmico y posiblemente su primer Oscar. Su actuación como Joan Castleman encuentra a Glenn Close en un punto elevadísimo de su agudeza y astucia histriónica, como una heroína atrapada en las urdimbres de su matrimonio y su frustración vocacional, hecho paradójico considerando que han sido sus papeles de villana los que más aclamaciones le han merecido.

Glenn Close en  Fatal Attraction

Glenn Close en Fatal Attraction

Desde aquel frenético y aparatoso papel como Alex Forrest a finales de los ochenta en Fatal Attraction —uno que terminaría por convertirse en su rol más emblemático pese a su construcción unidimensional—, Glenn Close ha demostrado una irrefrenable dedicación en la manera en la que se decanta en los moldes de los seres que manifiesta. Ya fuera como la amante obsesiva y psicótica de Michael Douglas o en su exquisita rendición como “virtuosa del engaño” en Dangerous Liaisons, su estatus como villana magistral le abrió las puertas a otros roles de piel áspera y carácter gélido, pero sin tomarse demasiado en serio como para no coquetear de vez en cuando con comedias inofensivas o simplonas.

Su mimetismo se ha perfeccionado con los años. Desde una de las antagonistas más glamurosas y renombradas de Disney, Cruella De Vil, hasta su adición al universo cinemático de Marvel como Nova Prime en Guardianes de la Galaxia, Glenn Close no ha permitido que su rol pantomímico de mujer psicópata en Atracción Fatal, con todo y su nominación al Oscar de ese año, la ciñera al estereotípico rol de femme fatale. Sus posteriores interpretaciones para la televisión como en The Lion In Winter y Damages probaron la amplitud de su espectro dramático y su figura como una de las mejores actrices vivas de nuestra era.

Incluso más demandante y sensacional que su rol en The Wife fue su papel en Albert Nobbs del 2012, año en el que se batió a duelo con la “Dama de Hierro” de Meryl Streep. Ambas fueron nominadas por encarnaciones que las vieron diluirse tras densos prostéticos y capas de maquillaje que sólo acentuaron su formidable habilidad de tomar el rol más insólito, sin opacar su talento. Streep terminaría por llevarse ese año su segundo Oscar a Mejor Actriz principal gracias a su revival biográfico de Margaret Thatcher, mientras la conmovedora e impecable actuación de Glenn como una mujer viviendo tras el disfraz de un hombre en el siglo XIX le valió su sexta omisión de la Academia.

Glenn Close y Mia Wasikowska en  Albert Nobbs

Glenn Close y Mia Wasikowska en Albert Nobbs

Su reciente galardón por The Wife la acerca determinante y casi imbatible al Oscar. Y quién mejor que ella para transformar una sosa y desangelada ceremonia de los Globos de Oro en una plataforma de esperanza y emotividad. Después de recorrer el largo tramo de su mesa al escenario, envuelta en una ovación de pie y con un gesto de franca incredulidad en el rostro, Glenn se aferró a su trofeo entre lágrimas frente al micrófono y enunció el mensaje más poderoso y resonante de la noche, dejando entrever que las vicisitudes de su personaje tocan también fibras dolorosas de su vida:

En estos momentos pienso en mi madre, quien se entregó a mi padre toda su vida y a sus ochenta años me dijo ‘siento que no he logrado nada’. Y hay algo terriblemente malo en eso y sentí que lo que había aprendido de esa experiencia es que las mujeres somos quienes nutrimos, eso es lo que se espera de nosotras. Tenemos a nuestros hijos y a nuestros esposos, nuestros compañeros, a quien sea. Pero tenemos que encontrar nuestra propia realización como personas. Tenemos que perseguir nuestros sueños. Tenemos que decir ‘puedo hacer eso y debería tener la oportunidad de hacerlo’”.

Entre el llanto y las palmas de sus compañeras, Glenn se despidió diciendo: “cuando era pequeña me sentía como Muhammad Alli, que estaba destinado a ser boxeador. Yo me sentía destinada a ser actriz”.

Glenn Close, forjadora de reyes y triunfos.


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