Aphex Twin: éxtasis y pesadilla por fin en México

Aphex Twin: éxtasis y pesadilla por fin en México

Sucedió. Algunos decían que en Mutek, otros decían que lo mejor sería un toquín en un sótano del “peor” barrio de la CDMX. Unos inclusive aventuraban que nunca iba a pasar. Pero hoy podemos decir ya con toda certeza y desechando carteles falsos, que Richard D. James aka Aphex Twin aka AFX aka The Tuss aka Bradley Strider aka Caustic Window tocará en México en 2019.

El festival Ceremonia no es de tamaño portentoso ni de inmensos escenarios. Es una fiesta de mediano alcance que desde hace un par de años tiene un cartel apabullante y súbito, porque no cualquiera combina en territorio nacional a artistas como Björk, M.I.A, Vince Staples y James Blake en una sola noche. No obstante, la confirmación está en otro nivel: ningún proyecto de Richard D. James se ha presentado en territorio nacional. µ-ziq lo hizo en 2016 y Squarepusher en 2017, así que solamente faltaba que James completara la triada tech-freak británica de los 90.

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Creador de Rephlex Records, artista insignia de Warp, figura consentida de Chris Cunningham y probablemente el personaje más icónico en la música electrónica popular (junto tal vez con Daft Punk), la visita de Aphex Twin a nuestro país se esperó y rumoró durante varios años. La triada antes mencionada no viene de forma gratuita. Durante los 90, Richard D. James y compañía revolucionaron la forma de aproximarse a escenas como la de house o techno, creando sonidos diversos, psicópatas y completamente fuera de sí, sonidos que no envejecen ni padecen anacronismo. Inclusive actos de culto como The Chemical Brothers o Frankie Knuckles llevan tatuados en la frente su año de producción. No así con la música de Richard D. James, cuyo disco debut Selected Ambient Works 85-92 (1992, Warp Records) es una cápsula de un tiempo irreconocible: de no ser por los años que lleva su onomástico, sería imposible reconocer su año de producción. Bien puede ser del futuro lejano o del pasado inmediato.

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Pero así como su obra musical es, para una gran mayoría, indiscutiblemente genial, su aporte visual a la música es portentoso y único. Desde las ya conocidas colaboraciones con Chris Cunningham o su parodia de videos de pop noventero —Windowlicker es uno de los videos más absurdamente perturbadores que existen—, Aphex le debe muchísimo al mito que lentamente ha esculpido sobre sí mismo. Conocido ampliamente como un bufón o un troll, Richard D. James no busca los aplausos de una muchedumbre extática, él más bien les echaría una granada y vería que sucede después. Tan sólo un clavado por sus últimos setlists lo revela: no hay canciones conocidas ni guiños al público, es pura difusión de sonidos malvibrosos y artistas apenas conocidos.

 James es reconocido hoy como un clásico, un excelente manipulador y destructor de su propia fama. Una figura corrosiva y estúpidamente creativa. Un artista imposible de clasificar gracias a su sonido en constante evolución. Ni sus discos ni presentaciones siguen una fórmula o esquema claro, son acontecimientos sorpresivos y escalofriantes, una inesperada ola entre el éxtasis y la pesadilla. Qué gusto ver esos sueños aterradores llegar a este país.

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