[EXTRACTO] 'Hunter' de Anna Calvi, un himno de libertad

[EXTRACTO] 'Hunter' de Anna Calvi, un himno de libertad

Anna Calvi - Hunter

“Todo es según del color del cristal con que se mira”, dice aquella frase del poema Las Dos Linternas, de Ramón Campoamor, el cual refiere a las múltiples interpretaciones que puede tener un individuo sobre una situación: bien o mal, blanco o negro, el vaso medio lleno o medio vacío. Y es que vivimos en un mundo lleno de supuestos relativos, encausados hacia una visión obtusa impuesta por la sociedad misma, llena de etiquetas donde todo está sujeto a juicio y la diferencia entre géneros es significativa.

De ello habla Anna Calvi en su nuevo material titulado Hunter (Domino, 2018), una visión pragmática de una realidad basada en puntos medios y que busca romper con los paradigmas sociales.

Han pasado cinco años desde que Calvi nos entregó su última producción bajo el nombre de One Breath (Domino, 2013) y un par más desde su homónimo debut que le mereció la nominación al Mercury Price. Anna reflejó su intimidad en ambos títulos, como una adolescente que vive momentos de aprendizaje: primero, con un disco en el cual busca canalizar su historia por el medio mismo de la música, pretendiendo que ésta hable por sí misma; el segundo, un material que significó el momento previo a abrirse como persona y enfrentar la realidad, una que resulta aterradora pero excitante a la vez, dada la incertidumbre del no saber qué va a pasar.

Así, como una catarsis, la cantautora inglesa de 37 años llega con su tercer material para continuar el proceso de revelación y crecimiento personal, esta vez para hablar de sí misma como un individuo más y no como una persona que representa un género en particular. Ella misma lo describe como “un álbum que intenta ser original y hermoso, vulnerable y fuerte, ser el cazador y el cazado”.

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Si algo es característico en la música de Calvi, y lo hace notar en su más reciente producción, es la textura sonora y la gama de matices que acompañan su potente voz, adornada con reverberaciones. El melodrama —muy al estilo de David Bowie y Édith Piaf, dos de sus grandes referencias— funge como base de la construcción musical de Hunter, la cual ofrece un sinfín de contrastes que van desde lo lúgubre hasta lo luminoso, de lo sutil hasta lo visceral. Elegantes arreglos que asemejan al vaivén de un mar sonoro con tambores que repican en olas gigantescas y guitarras que navegan en lo sublime.

Tras separarse de su novia de muchos años, Hunter significa un despertar para Anna, en el cual busca mostrarse en contra de la forma “habitual” de encasillar la convivencia entre los géneros, marcada por el patrón sociocultural donde, entre otras cosas, la mujer es acechada por el hombre.

Abre el disco con “As A Man”, donde se cuestiona “¿si fuera un hombre en todo menos en mi cuerpo, podría comprenderte mejor?” y, a manera de reclamo, propone un entendimiento más humano entre individuos que respiran de un mismo aire.

“Yo creo que el género es un espectro. Creo que si nos permitieran estar en algún lugar en el medio, no empujados a los extremos de masculinidad y feminidad realizadas, todos seríamos más libres”.

Anna Calvi

Hunter se editó bajo el sello Domino con la producción de Nick Launay, a quien también conocemos por trabajar con los Yeah Yeah Yeahs, Arcade Fire y Nick Cave (otra fuerte influencia de la cantautora). También cuenta con la colaboración de Adrian Utley, de Portishead, en los teclados y Martyn Casey de Nick Cave and The Bad Seeds. Previo a su lanzamiento, la cantante ofreció una probadita con el primer sencillo “Don't Beat the Girl out of My Boy”, un himno a la igualdad envuelta dentro de una cadencia musical con percusiones muy marcadas.

Como en una ópera dramática llena de sucesos trágicos y alentadores acompañados de instrumentación, dividida en diferentes actos, Hunter ofrece la misma experiencia con múltiples sonoridades: momentos álgidos, donde la inglesa alza la voz y recrimina, pero también momentos de susceptibilidad donde se muestra vulnerable y expresa el deseo de libertad. Tal es el caso de “Alpha” y la misma que le da nombre al disco, “Hunter”, que invita a vivir la vida tal y como es, sin prejuicios y haciendo un llamado a aceptarnos. Cortes que resultan inspiradores, que enchinan la piel e invitan a explorar un nuevo mundo onírico.

El clímax llega con “Swimming Pool”, un momento épico en el disco en el cual queda manifiesto que sólo en lo más profundo, se puede ser igual. El corte se sitúa en múltiples atmósferas sonoras que danzan de dulzura a la oscuridad. Bien podría vestir una cinta de thriller psicológico basado en una best seller novelístico, porque se siente la belleza del personaje principal con un trastorno socioemocional que lo dirige hacia un depresivo desenlace.

Nuevamente, citando la "Ley Campoamor" cuya previa línea indica que “[...] en el mundo traicionero donde nada es verdad y nada es mentira”, “Chain” aclama el intercambio de  papeles; es decir, ponerse en los zapatos del otro para buscar ese punto intermedio. La guitarra toma el rol protagónico sobre la percusión, pero no así en “Wish”, donde nuevamente la cadencia de la batería acapara el momento tenso de Hunter y donde la mano de Utley se hace notar.

La sensualidad en el sonido de Calvi, en combinación con aquellos estridentes y sutiles matices, habla mucho sobre los sentimientos del tercer material de estudio de la inglesa, donde a momentos se muestra desesperada y enfadada, pero también vulnerable y susceptible.

Hunter es un grito de esperanza y de deseo por ver un mundo cuya equidad se viva desde un verdadero punto central. Un mundo visto desde el espectro del individuo y no por su inclinación hacia los extremos del género.

“Quiero sentirme protegida y quiero encontrar algo hermoso en todo el caos”.

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