[EXTRACTO]: 'Cry Cry Cry', la ruidosa vuelta de Wolf Parade

[EXTRACTO]: 'Cry Cry Cry', la ruidosa vuelta de Wolf Parade

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Del 2000 al 2007, Canadá dominó las listas de popularidad de indie-rock. Desde nombres pequeños que se volverían leyendas (como Arcade Fire) hasta agrupaciones que el tiempo prácticamente borraría (¿Apostle of Hustle? ¿Qué es eso?) pertenecían increíblemente a la misma escena y hasta eran amigos. Stars, The Dears, The New Pornographers, Broken Social Scene, The Most Serene Republic, Feist… un sinfín de artistas eran parte de esta saludable comunidad cuyo eco no resuena igual.Wolf Parade pertenecía a ese mundo y desde el principio eran destacados. Amigos de Arcade Fire (su primer show fue abrirle al hoy masivo grupo), con integrantes de Hot Hot Heat y Handsome Furs e increíbles proyectos alternativos como Sunset Rubdown, Wolf Parade era destacado por ser el chico raro de la escena. La voz estruendosa y desafinada de Spencer Krug, así como sus letras que iban de lo romántico a lo ominoso y melancólico en un solo verso, demostraban no sólo una calidad y destreza de composición, sino una ambición diferente. Era una banda que emulaba lo mejor de The Velvet Underground, Stars y David Bowie combinado con el toque freak de Captain Beefheart y Frank Zappa.

Tras una separación fortuita de seis años, Wolf Parade vuelve con Cry Cry Cry (2017, Sub Pop) y pareciera que es pleno 2005, pues el sonido es muy similar (y eso no es algo malo). Sin miedo a sonar iguales, y con una portentosa e irrisoria furia melódica, Spencer Krug y Dan Broeckner (principales compositores de la banda) hicieron lo que mejor saben hacer: melodías complejas, ruido al por mayor, letras ambiguas y canciones que pueden ir del pop más satisfactorio a un malviaje de rock progresivo.

“Valley Boy”, el primer sencillo del disco, parece un homenaje a dos titanes musicales que partieron en 2016: Leonard Cohen y David Bowie. “The radio’s been playing all your songs / Talking about the way you slipped away up the stairs / Did you know that it was all gonna go wrong?” [La radio ha estado tocando tus canciones / Hablando de cómo te fuiste por las escaleras / ¿Sabías que todo iba a salir mal?] canta Krug con su histriónica y aguda voz. “Valley Boy” reafirma la capacidad sorpresiva de Wolf Parade: es una canción que pone la estructura pop de verso-coro-verso-coro de cabeza. A pesar de ser extremadamente melódica, los arreglos y estructura son atípicos para esta década, y más bien remiten al Diamond Dogs (1974, RCA), legendario disco de David Bowie.

Cry Cry Cry abre con “Lazarus Online”, de forma apropiada pues pareciera que Wolf Parade ha vuelto de entre los muertos como varios otros de sus coetáneos (tan solo este año Broken Social Scene y Feist lanzaron disco nuevo). “Lazarus Online” es una canción que combina arreglos de piano y guitarras (similar al corte “Modern World” de su clásico de 2005 Apologies to Queen Mary) y habla sobre la permanencia y lucha contra el olvido. “Baby Blue” y “Weaponized” son un par de malviajes post rock que trascienden los seis minutos de duración.

No obstante, no todo es seguro en Cry Cry Cry; hay aventuras un poco atípicas para la carrera de este cuarteto. Si bien el grupo canadiense se ha caracterizado por orientarse a las melodías con guitarra distorsionada, arreglos de piano y teclados estridentes, una canción como “You’re Dreaming”, tan abiertamente synth-pop, que parece “So Desu Ne” de FFS, o “Baby Blue”, que combina sus ruidosos coros con metales, resultan diferentes y una gustosa adición al ecléctico sonido de este conjunto.

Por último, habría que demostrar el tono más bien melancólico del álbum. 2016 fue un año complicado desde cualquier arista: social, política, artística. Pérdidas, ineptos líderes alrededor del mundo y una serie de injusticias mundiales marcaron a ese año como uno lleno de mala fortuna. “King of Piss and Paper”, canción que cierra el disco, está dedicada a los líderes falsos que oprimen a los que deben de representar. Aunque se trata de un disco no muy diferente a la costumbre, Cry Cry Cry es una dosis de lo que más nos gusta de Wolf Parade: estruendo, ambigüedad y una locura melancólica implacable.

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