Chernóbil: A 31 años de la mayor catástrofe nuclear del Siglo XX

Primero fue una serie de explosiones, un estruendo… Luego, el fuego consumió el reactor y el cuarto bloque de la Central Eléctrica Atómica: Vladimir Ilich Lenin de Chernóbil. Ubicada a unos tres kilómetros de Prípiat, una ciudad futurista de la Unión Soviética, donde 43 mil habitantes vivían.

26 de abril de 1986,  1:23 de la madrugada. La orden era probar un sistema de autoalimentación del reactor, el objetivo ahorrar energía. El primer paso: desactivar los sistemas de seguridad. Mientras la ciudad de Prípiat duerme, un temblor sacude el piso de la central… Se detiene y explota. La tapa del reactor de mil 200 toneladas sale catapultada por los aires, seguida de una corriente de vapor radioactivo el cual libera uranio y grafito ardiente. Una llamarada de mil metros de altura iluminó el territorio con colores llamativos: naranja, rojo, azul… Una aurora boreal de partículas radiactivas.

Los bomberos fueron los primeros en atender el incendio, sin el equipo adecuado, sin información. Vertieron miles de litros de agua sobre el fuego radiactivo que no cedió. La dosis letal de radiación los condenó a la muerte. Convirtiéndose en los primeros héroes de la guerra contra el átomo.

Durante los meses posteriores 500 mil hombres lucharon contra un enemigo invisible, se encargaron de evitar lo peor: una segunda explosión 10 veces mayor a Hiroshima, la cual habría acabado con la mitad de Europa.

  Horas después de la explosión, Prípiat quedó custodiada por militares enmascarados, quienes midián la radiación, la cual se elevó de manera exponencial. Con esos niveles en cuatro días hubiera sido letal. En el reactor solo bastaban minutos. El éxodo de 135 mil personas fue inevitable. Abandonar la ciudad, detenerla en el tiempo. Un lugar donde nadie debería vivir por milenios.

Según diversas fuentes, el mismo día de la catástrofe se registraron niveles elevados de radiación en Polonia, Alemania y Rumania. Cuatro días después en Suiza y el norte de Italia… Bastó menos de una semana para que Chernóbil se convirtiera en un problema para todo el mundo.

La Unión Soviética mandó al lugar 800 mil soldados y liquidadores. Todos ellos entre los 33 años. Su recompensa: un diploma, 100 rublos y la muerte.

En 2016 se instaló un nuevo sarcófago que tiene como objetivo evitar la fuga de radiación del reactor número 4 de Chernóbil. La obra en forma de arco, conocida como Nuevo Sarcófago Seguro, mide 110 metros de alto, 165 de largo y pesa cinco veces más que la Torre Eiffel de París, es decir, más de 36.000 toneladas. Chernóbil visto desde un dron: 

https://www.youtube.com/watch?v=UeZtlFeEcNg

 

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