#Vintage909 ‘So’ – Peter Gabriel

#Vintage909 ‘So’ – Peter Gabriel

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1986, mayo 19.

El veterano rockero Peter Gabriel lanza su quinto álbum de estudio; las opiniones pueden variar, pero las diferencias saltan a la vista, y sus viejos seguidores se llevarán varias sorpresas.

Si comenzamos por el aspecto visual, el primer elemento que destaca es la tipografía del logotipo con el que está inscrito el nombre "Peter Gabriel", ya no es la clásica sans serif en minúsculas de sus primeros cuatro trabajos; del mismo modo, el arte de la portada deja atrás las enigmáticas imágenes creadas por el despacho de diseño Hipgnosis (The Lamb Lies down on Broadway, Lovedrive, Wish You Were Here) para mostrar un simple retrato en blanco y negro; finalmente, tal vez el elemento más desconcertante sea que el álbum ya no es homónimo y tiene un título: So. Tan sólo dos letras, pero que conllevan una gran variedad de interpretaciones.

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Una vez que los seguidores del músico de 36 años han traspasado la cubierta y colocado el vinilo sobre el tornamesa, sus cejas se levantarán con "Red Rain", para luego fruncir el entrecejo con "Sledgehammer"; la variedad de gestos y expresiones no cesará hasta que termine el álbum, y es aquí donde puede venir el primer "So…" ("¿y entonces…?"). Claro, el británico siempre ha sido genial como compositor y letrista, además de ser poseedor de un magnetismo escénico indiscutible, pero lo que en esta ocasión nos presenta es… muy diferente. El pop con gospel de "Sledgehammer", el ritmo funky de "Big Time" y la fusión con ritmos africanos de "In Your Eyes" abren un panorama inmenso de posibilidades, a él como músico y a sus seguidores como asistentes a un festival internacional. De igual notoriedad es su extensa lista de colaboraciones, entre las que destacan Kate Bush ("Don't Give Up"), Laurie Anderson ("This is the Picture") y Youssou N'Dour ("In Your Eyes"), además de una base rítmica que incluye a nombres que a nadie se le hubiera ocurrido reunir, como el excéntrico bajista Tony Levin (King Crimson) y el virtuoso ―pero hasta ahora desconocido― percusionista Manú Katché. Todo esto bajo la lupa de un nuevo productor: Daniel Lanois ―amigo y mano derecha del impredecible Brian Eno.

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Es un hecho que So llamará la atención, para bien y para mal. Los amantes de la experimentación hallarán en él un océano exótico por explorar, mientras que los aferrados a su época de Genesis dirán con cierto orgullo: "ya se vendió", y quienes vitoreaban sus himnos solistas "Solsbury Hill" y "Biko" moverán la cabeza en negativa. Al final hay que reconocer que varias de las canciones de esta producción son pegajosas y que, aún el más duro crítico, terminará cantándolas en un descuido (aunque después se recrimine por eso). Este aspecto pop sin duda ayudará a las ventas, aunque le impondrá un reto mayúsculo para sus trabajos futuros. Sólo el tiempo dirá. Solet's wait.

2016, octubre 8.

Han pasado 30 años desde el lanzamiento de So: ha vendido 7 millones de copias alrededor del planeta y ha sido reconocida como una obra importante, tanto en la discografía de Gabriel como en la música de la década de los 80. Ciertamente, su éxito no pudo ser repetido, y su novedad dejó de serlo para los trabajos posteriores del versátil pero ―según se dice― bipolar intérprete. Las generaciones actuales hallarán en él una curiosidad ochentera, de una época en la que la gente se vestía chistoso y se peinaba de manera horrenda, en la que los rockeros implacables de los setenta se suavizaron. Yes, David Bowie, Aerosmith, Grace Slick y los mismos Genesis, usaban el poder de la balada y los ritmos bailables para vender sencillos y encontrar espacios radiofónicos. Las críticas pudieron haber sido erróneas hace 30 años, y el público adolescente puede no entenderlo hoy en día, pero a pesar de su claro enfoque pop y su contexto social, So mantiene una dignidad y una elegancia que resultan inusualmente gratificantes a través de los años.

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Hay vocalistas con grandes facultades en el rock: Peter Gabriel no tiene un registro potente o un entrenamiento operístico, pero su voz ronquita es muy estética y, sobre todo, sumamente emotiva. Ahora podemos entender que esa complejidad en la producción de So favoreció la sencillez con la que el músico desnudó sus sentimientos. Basta ver nuevamente esa portada: en efecto, ya no presentaba un reto visual para el receptor: la simplicidad de su retrato nos habla de la honestidad lírica y la presentación de un músico humilde, dispuesto a aprender de otros. Más adelante, ese interés por la música exótica lo llevó a fundar en 1989 la disquera Real World, bajo la cual cobija a varios artistas de diferentes partes del globo (muchos de ellos con nombres impronunciables).

 

Hoy, el famoso ―y en su momento innovador― vídeo de "Sledgehammer" se ve rústico ante la tecnología CGI (imágenes generadas por computadora). Por su parte, los formatos musicales se han expandido: el vinilo original y su hermana menor, la cinta, cedieron el paso al disco compacto, y éste a su vez sucumbió ante el archivo digital, que espera inquieto su destino, ante la desconcertante creencia de quienes afirman que los elepés de vinilo regresarán. No importa, lo que nos alimenta no es el envase, sino el contenido nutricional. En algunos siglos ―para aludir a la letra de "Sledgehammer"― quizás tampoco existan los trenes de vapor, los aeroplanos, ni siquiera un cielo azul; pero el ritmo y las emociones creadas en este disco permanecerán intactas.

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Sazón, color, sabor