Vacaciones en el paraíso feminista

Vacaciones en el paraíso feminista

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No cabe duda que unos días de descanso y salir de la ciudad son vitales y renovadores, además de que nos dan la oportunidad de reflexionar sobre algunas experiencias vividas.

Conocí a Reyna Pérez hace 33 años, en 1985, justo después de los sismos. Coincidimos en Cuarto Creciente, una comuna feminista que desde años atrás había abierto sus puertas como espacio lúdico-cultural que dio cabida a la manifestación sexo-genérica de un puñado de mujeres feministas, en su mayoría universitarias. Un grupo de auto-conciencia que a partir de nuestros cuerpos y nuestras vidas, ideó un proyecto de vida donde lo personal fuera político.

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En “Cuarto”, como le decíamos, confluimos militantes de varios grupos, entre ellos el Centro de Apoyo para Mujeres Violadas. El objetivo de Maricarmen Sánchez Ruiz (QEPD) y el mío, fue vincularnos con los  grupos feministas. Trascender de ser una mera militante de un grupo de apoyo, a una activista comprometida donde la reflexión sobre la sexualidad y la identidad nos ofrecieran las claves para entender el poder, dominio y subordinación que se ejercían —y se sigue ejerciendo— en contra de las mujeres a través de la violencia sexual, que para entonces, ya alcazaba gran número de víctimas.

Unos meses después me reencontré con Reina, ahora apoyando a las costureras, pero ya como sindicalista del magisterio. Nuestra amistad se fortaleció aún más durante el IV Encuentro Feminista Latinoamericano y del Caribe, celebrado en Taxco, Guerrero en 1987. En dicho evento tuvimos la oportunidad de conocer a otras feministas: dominicanas, argentinas, chilenas, colombianas, peruanas, en fin, un crisol de diversos feminismos. Con el tiempo, muchas de ellas decidieron quedarse y hacer proyecto de vida en tierras mexicanas.

La organización de colectivos feministas se incrementó considerablemente  desde diversas problemáticas. Salud, violencia, trabajo, sindicalismo, participación política en partidos de izquierda, sexualidad, derechos humanos, lesbofeminismo,  arte, cultura, un verdadero abanico feminista. Del mismo modo, se publicaron diversos impresos como  suplementos periodísticos, revistas, folletos, de entre los que destacaban Doble Jornada y Fem. Las feministas también estuvieron presentes en las radiodifusoras como Radio UNAM y Radio Educación; mismos que muestran la copiosa participación de centenas de mujeres organizadas en torno a tres consignas fundamentales: en contra de la violencia sexual, maternidad libre y voluntaria, y libre autodeterminación sexual.

Se sucedieron encuentros, foros, formación de grupos en varios lugares de la república mexicana, creación de escuelas y talleres de formación feministas, con miras a sensibilizar y concientizar a muchas otras más mujeres, sobre todo las mujeres de los sectores populares que estuvieron presentes con sus demandas de servicios y de justicia ante la debacle causada por los desastrosos sismos.

Fue entonces que Reina llegó a Comunicación Intercambio y Desarrollo Humano en América Latina (CIDHAL) un espacio conformado por feministas académicas, cuyo objetivo era capacitar a mujeres con base en sus experiencias de vida, conjunta a una práctica de educación popular desde una perspectiva feminista. Esto es, la formación y capacitación para un cambio individual, en el que las experiencias, sentimientos e ideas de cada mujer se hicieran explícitos para analizarse  a la luz de esquemas alternativos. Aprendizaje reforzado con la perspectiva de género, donde lo privado se colectiviza y se hace  público, para que dichos proyectos de vida se convirtieran en demandas sociales y de organización amplia de mujeres.

Reinita, fue entonces formada como un cuadro del entonces feminismo militante de los años ochenta y noventa. Meses después se integró al partido político México Posible, dirigido por Patricia Mercado, que participó en las elecciones legislativas de 2003. Debido a que el partido obtuvo tan solo el 2.0% del voto nacional, perdió su registro frente al entonces Instituto Electoral Federal

Los intentos por obtener una presencia política y pública por parte de varias feministas no cesaron. En 2007 nace Alternativa Socialdemócrata y Campesina que participó por primera vez en las elecciones federales de ese año con Patricia Mercado como Candidata a la Presidencia de la República Mexicana. Reina Pérez fue propuesta a un  cargo de elección popular pues cumplía con el perfil y objetivos de dicho partido, conocido entonces como Nueva Izquierda: defensores de una política de libre mercado con sentido social dentro de la globalización y en contra del neoliberalismo, concesión de derechos a los homosexuales y otras minorías sociales, la legalización de la muerte asistida, el aborto y de la marihuana, así como energías limpias y renovables, medidas para la protección del medio ambiente entre otros pronunciamientos políticos.

La campaña fue agotadora para Reinita. Mucho trabajo, esfuerzo, mucha lucha y perseverancia infructuosa que de alguna manera repercutió en su estado de salud. Tiempo después fue diagnosticada con cáncer. No obstante, la solidaridad y sororidad de muchas mujeres, feministas de todos los niveles, académicas, políticas, de organizaciones, independientes y autónomas, lesbianas, artistas, escritoras, periodistas, de sectores populares, no se hicieron esperar. Reinita le ganó la batalla a la enfermedad.

Jubilada del magisterio, alejada del ruido mundanal y vida política,  Reina vive ahora en Rancho Nuevo, en el municipio de Cazones, Veracruz. Se dedica a cultivar el campo. Su casa está ubicada entre el río y el mar, rodeada de todo tipo de plantas y árboles. Confieso que aún desconozco sus nombres, pero ella no. La casa está llena de ventanas y usa paneles solares para su iluminación por las noches. Desde el amanecer entran todo tipo de olores, de limón, de miel, de guayaba sin faltar la visita de pájaros multicolores desde cardenales, hasta un  singular petirrojo, y otros más. A lo lejos, me percaté con cámara en mano del vuelo de aguiluchos, pelicanos, garzas, tordos y gaviotas.

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La “maestra”, como todos le llaman con cariño y respeto, se levanta con el canto de las aves, se prepara su desayuno, un jugo verde, café y fruta, todo fresco sembrado y cosechado por sus propias manos. A medio día, el almuerzo, unas embarraditas, tortilla hechas a mano y al comal, con salsa de jitomate y chile piquín, frijoles, col y aguacate. Por supuesto el menú cambia, pues hay caldo de cazón o diferentes modos de preparar el recién pescado bagre, o pámpano, robalo o camarones y ostiones.

La comunidad de Rancho Nuevo se dedica en su mayoría a la siembra y de cosecha de frijol, maíz y principalmente de chile piquín. Hombres, mujeres de varias edades e incluso niños cumplen largas y extenuantes jornadas de trabajo bajo un inclemente sol. Algunas mujeres se organizan y tienen comedores comunitarios que sirven para alimentar y dar de beber a las y los campesinos alrededor de las 6 de la tarde, que es cuando terminan su jornada, para comenzar de nuevo al siguiente día.

A pesar de estar jubilada, Reina sigue apoyando a la comunidad. Dentro de sus planes a futuro está construir la casa de retiro para las feministas, para sus amigas, cómplices y hermanas de lucha. Gracias Reina por haberme compartido tu paraíso, el nuevo paraíso feminista, donde sin duda muchas de nosotras encontraremos la paz y la tranquilidad para escribir y compartir tantas experiencias de vida.

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