#LiteraturaFuckArt recomienda 'Dímelo', el libro-bar de Kim Addonizio

Quien utilice la frase “No juzgues un libro por su portada”, posiblemente no esté muy al tanto del mundo editorial. Aunque con dicha cita se exhorta a evitar los prejuicios y la pronta arbitrariedad de opiniones entre personas, se debe recordar que la portada es una estrategia publicitaria que invita al contenido del libro. Mientras que algunas editoriales dejan abierta la interpretación con portadas ambiguas, otras mandan un mensaje claro y contundente al consumidor. Este último sería el caso del libro de poemas Tell Me (BOA Editions Limited, 2000) de Kim Addonizio, donde se puede ver una fotografía en blanco y negro de la autora en la barra de algún bar y con la mirada perdida en el horizonte, evocando un tipo de nostalgia, mientras el título suplica una interlocución con el lector.

 

Alcohol, sexo, amores frustrados, soledad, familia disfuncional y feminidad son algunos temas que Kim Addonizio aborda en sus poemas a partir de un lenguaje claro, narrativo y coloquial, con una increíble capacidad para transformar sentimientos complejos en empáticas estampas del ser humano víctima de sus fracasos. Gracias a la editorial Valparaíso Ediciones, se puede disfrutar de esta obra en español bajo el título de Dímelo, en una excelente traducción de la joven poeta mexicana Andrea Muriel, lo cual resulta respiro de todas las traducciones peninsulares para el lector mexicano.

 

A pesar de su contexto, Dímelo no es un libro “azotado”, condescendiente ni hedonista, pues la autora se encarga de interiorizar y explicar las situaciones, en una especie de zoom cinematográfico donde se enfocan las heridas y la basura de la existencia. Sobre este aspecto, la traductora, dentro de su prólogo, menciona el poema “Salmón” como una posible poética: el yo lírico visita un arroyo de salmones junto a otros turistas, y en lugar de observar, como el resto, el gran espectáculo de la naturaleza, esta persona se acerca a fotografiar a aquellos peces que no lograron sobrevivir y que ahora yacen muertos.

Pero tengo que bajar entre

las rocas que el glaciar dejó

y ponerme en cuchillas a la orilla del agua

en donde un apestoso montón de ellos yace,

en donde un cuervo se balancea y hunde

su pico en un ojo congelado.

Yo tengo que estudiar los pequeños agujeros

que excavaron en su piel, sus branquias inútiles,

sus trajes de moscas negras.

La poesía de Kim Addonizio expone estos agujeros putrefactos como un punto de choque entre nuestras insatisfacciones y deseos latentes, donde el alcohol y el sexo buscan ser una catarsis, aunque muchas veces representen el origen del descontento. Algunos poemas que sirven de ejemplo son “La divorciada y la ginebra” y “Romance”, donde la poeta personaliza las botellas de alcohol y su contenido al compararlas con un hombre que la posee y se introduce en su cuerpo de la misma forma en que lo haría un amante.

¡Dios!, amo

lo que me haces por la noche cuando estamos a solas,

cómo esperas a que yo te haga entrar en mí

hasta que estoy tan confundida que

ya no puedo levantarme. Yo sé que me deseas

indefensa, cada célula tuya gime, y yo

te doy lo que quieres, dejando que me tengas justo de la manera

en que te gusta.

El poeta Billy Collins calificó varios de estos poemas como canciones de bar. Ampliando esta idea, se podría pensar en Dímelo con un gran bar no sólo por ser el escenario donde la autora ubica las anécdotas de distintos textos, sino porque este es un punto de encuentro entre los bebedores y sus respectivas frustraciones, de la misma forma en que Addonizio las enfrenta en su poesía y en que el lector piensa en su propia vida al leer el libro. Un poema que sirve para demostrar esta hipótesis es “El vaso”, en cual una persona ebria abstrae su mundo en un vaso de alcohol.

Todo está ahí: los planes que fracasaron,

los amores estúpidos y los terribles, aquellos donde la felicidad actual

se abrió como un agujero debajo de sus pies y esta persona cayó, y permaneció ahí indefensa,

mientras la tierra caía poco a poco para enterrarla.

[…]

Ahora los miembros de la familia flotan por el aire

con sus fracasos, con cáncer, con vajillas de culpa que deben lavar,

con un poco de risa también, incluso de belleza.

[…]

Y finalmente,

el vaso que contiene y derrama estas cosas de modo continuo,

mientras quien bebe se inclina hacia él, mientras el cantinero junta

los vasos sucios, refleja la cara del bebedor.

Sin embargo, no habría que pensar en Tell Me completamente como una obra etílica, pues hay poemas en el que el tema ni siquiera es mencionado, como aquellos donde la autora escribe sobre su divorcio, su hija, su cotidianidad y su feminidad. Sobre este último punto, uno de los poemas más destacados es “¿Qué quieren las mujeres?”, un expreso deseo de ejercer la voluntad propia a partir de un vestido rojo “que confirme tus peores miedos sobre mí / que me muestre qué poco me importas tú”, una búsqueda del empoderamiento femenino.

En la obra de Kim Addonizio el alcohol no es la razón ni el fin último de su escritura, sino sólo un medio para expresar cosas tan abstractas como lo son la vida y el amor. La voz que habla en cada uno de sus poemas refleja las limitaciones de los seres humanos para relacionarnos con los demás y con nosotros mismos, en un mecanismo de autosabotaje inevitable. No hay poema dentro de Dímelo que pueda ser desechado, pues todos reflejan un punto de nuestra humanidad más terrenal.

https://www.youtube.com/watch?v=5AxYCouSVIY

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