El Festival Vaivén nos hizo justicia

El Festival Vaivén nos hizo justicia

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Fotografías de Misael Garrido

Muchos festivales a lo largo y ancho de nuestro país han sido celebrados principalmente en la última década, desde aquellos de escala masiva, hasta los festivales pequeños dirigidos a un grupo específico de fanáticos.

Lo cierto es que dentro de todos ellos encontramos varios ejemplos de proyectos, cuyo éxito limitado y problemas de logística provocaron su temprana desaparición sin que pudieran pasar de su segunda o tercera edición.

Pocos festivales organizados fuera de las más grandes ciudades del país superan la prueba del tiempo y logran convertirse en eventos imperdibles, experiencias que verdaderamente ningún asistente querría perderse en el futuro una vez que ya las han vivido. Este es el caso del Festival Vaivén.

El paraíso musical

En su tercera edición, este festival que tuvo lugar el pasado sábado 28 de abril, demostró una vez más porqué cada año acapara más seguidores y porqué al día de hoy es muy sencillo darse cuenta que su oferta es absolutamente irresistible, pues cuenta con elementos difíciles de encontrar en otros festivales, nos atrevemos a decir que no sólo en comparación con aquellos organizados en México, incluso alrededor del mundo.

El intenso calor del Sol de Cuernavaca Morelos, provoca que los asistentes opten por lucir sus mejores y más livianos outfits al estilo californiano, pero en vez de estar rodeados de toneladas de arena del desierto, los asistentes del Vaivén se encuentran rodeados de radiantes espacios llenos de  flores y húmedo pasto para recostarse cuando el cuerpo lo pida.

Al caer el Sol por la noche, el ambiente no hace más que mejorar: el olor a la tierra mojada mezclada con las esencias naturales de los árboles de naranjo y los jazmines se mezclan de manera casi perfecta con los beats que provienen de una tornamesa en la lejanía y el agua de chía con menta que refresca la garganta, irritada de tanto cantar en voz alta.

Desplazarse de un escenario a otro, no es el camino tormentoso al que ya estamos acostumbrados, enfrentando empujones durante cientos de metros de distancia, corriendo sobre el frío concreto para llegar a ver a nuestra próxima banda favorita,los caminos del Vaivén llenos de luces, vegetación y pasillos adornados con intrincadas esculturas, nos hacen desear recorrerlos una y otra vez para admirar su belleza.

Los escenarios

Rey Pila

 Claptone

Claptone

Como era de esperarse, un lugar tan espléndido y robusto como los Jardines de Morelos ofrece un agasajo visual en cada rincón, lo que concedía a cada escenario una magia única y una vibra particular. Al mirar a una banda diferente en cada uno de ellos la atmósfera es completamente distinta.

El Escenario Aurea, situado en un pequeño valle rodeado de flores, permitía que las bandas pudieran ser observadas desde las alturas sin que nadie bloqueara la visión al escenario. Clubz, Claptone y Zhu marcaron la pauta más electrónica en este espacio, los asistentes acudían a relajarse, la vibra era extremadamente tranquila, aunado por la intensidad del sol que difícilmente podía ser evadida.
Rey Pila trajo las guitarras a colación en la sección más rockera de todo el festival, Youngr, verdaderamente hizo que todos nos sintiéramos atemporales, la manera en la que mezcla sin miramientos a Michael Jackson y Daft Punk, o The Temper Trap y Galantis, provocó que los conceptos de género y generación musical se diluyeron, haciéndonos sentir parte de una nueva era musical. 

 CLUBZ

CLUBZ

Lemaitre nos cautivó con su sonido eléctrico y acústico al mismo tiempo cuando cayó la noche, justo a tiempo para que los vestuarios más extravagantes hicieran su aparición triunfal entre los asistentes.

 Lemaitre

Lemaitre

El Escenario Warehouse, simulaba una suerte de club nocturno, Teen Flirt, Lemarroy, Saint Wknd, Goldroom y Bakermat acompañados de sus consolas dirigieron exclusivamente el sector musical House, las mesas VIP y el intenso calor, contribuían a la ilusión de estar en algún glamoroso antro en Cancún o Miami, resguardando un baile frenético que no dio tregua en ningún momento del festival.

El Escenario Vaivén, donde los actos musicales principales tuvieron lugar. En el momento en el que el calor era más álgido, Sabino salió a darnos batalla con su deleitoso hip hop que se burla constantemente y relata de manera elocuente y anecdótica las experiencias vividas por cualquier millenial mexicano.

Hello Seahorse hizo su aparición más tarde y los fans se permitieron expresar su lado más vulnerable con el pop electrónico y dulzón de la banda, chicas bailando con el hula hula junto a otros chicos ataviados con tocados de pluma se dejaron conquistar por la melodiosa voz de Denisse Gutierrez. 

 Hello Seahorse

Hello Seahorse

Caloncho puso el toque tropical cuando la tibia oscuridad nos atrapó, la zona de foodtrucks comenzó a abarrotarse y conseguir una cerveza era la prioridad número uno de todos. Neon Indian y Bob Moses comenzaron a abrir boca para la sesión electrónica que estaba por venir.


El acto más esperado de la noche, indudablemente, fue la presentación de Justice. Para todos aquellos presentes en su presentación en el Festival Vaivén ha quedado claro el porqué del meteórico ascenso de esta banda al nivel legendario de otras agrupaciones francesas íconicas, como Air y Daft Punk, a pesar de haber llegado a los escenarios una década después y con apenas tres álbumes de estudio.

El nivel de energía de Gaspar Augé y Xavier de Rosné es envidiable, contagioso y verdaderamente sublime, su entrega hacia el público era evidente, el magnífico juego de luces que los acompañaba nos transportó a un lugar fuera de esta galaxia, hacia un universo donde lo único que realmente importaba era seguir las órdenes del cuerpo, que no podía hacer más que bailar.

El Festival Vaiven es una experiencia única, que cautiva por su oferta musical y conquista los sentidos con su asombrosa energía proveniente del contacto con la naturaleza, esperamos muchas ediciones por venir.


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