Lo descarnado como material literario. Entrevista a  Fernanda Melchor y Susana Iglesias.

Lo descarnado como material literario. Entrevista a  Fernanda Melchor y Susana Iglesias.

Fernanda Melchor y Susana Iglesias en la Feria Nacional del Libro de León 2018

Fernanda Melchor y Susana Iglesias en la Feria Nacional del Libro de León 2018

En nuestras deambulaciones y búsquedas en la Feria Nacional del Libro de León (FENAL), uno de los encuentros más afortunados, fue con las autoras Fernanda Melchor y Susana Iglesias, autoras de Esto no es Miami y Señorita Vodka, respectivamente. Quiénes hacen emerger  su escritura de las mismas entrañas. Postulan a lo vomitivo de las acciones humanas como material literario. Inteligentemente llevado, no a una vulgar deshumanización, sino a la convulsa realidad que se vive, en una propuesta del crimen como cotidianidad.

El lenguaje revalorizado en su vastedad por Fernanda Melchor, quien postula que “ [...] los rezos, los cantos, la magia, las historias que nos contamos los unos a los otros, son elementos literarios para el cuidado de los otros” y merecen ser elementos nucleares en un relato literario. En cuanto al crudeza de sus escritos, no teme en decir, que son crueles, que son descarnados porque la realidad es así.

Busca describir la inminente y absurda violencia que implica el patriarcado en el mundo, donde se te pide emular a los hombres para no ser considerada una ciudadana de segunda clase. Así es como nos explica el proceso de su primera novela Falsa Liebre (2012), donde se propuso explicar el mundo de los hombres con los que pasó su adolescencia. Asimismo, contó que a las mujeres se les educa  para seguir el modelo masculino, pues se nos enseña a ver“la feminidad como una discapacidad”, entonces, una incluso se atreve a rechazar su feminidad y se inserta en una permanente  competencia contra otras mujeres para poder acceder a esta cadena de éxito. Sin embargo, Melchor retrata como este deseo aspiracional se corrompe en la más burda y extrema violencia.

Aquí, la entrevista, con la autora de Aquí  no es Miami (2013) :

Ibero 90.9: Me llamó mucho la atención, algo con lo que me identifiqué. Primero contaste tu historia, y dijiste “Yo creí que ser mujer era un tipo de discapacidad”. Creo que como mujeres, en grados más o menos de violencia. Desde estar en trozos en un río o ser juzgada físicamente en todo momento. ¿Cómo funcionó la escritura para romper con tus propios mecanismos, romper la historia de esta lógica?

Fernanda Melchor: Es que la escritura es una constante rectificación de ti mismo. Sobre todo si lo tomas como yo, si te lo tomas siempre personal. Aunque hablo de crónica, de cosas verdaderas siempre es personal. Siempre pasa por un tamiz.

Fingir que soy un ojo que todo lo ve, que estoy flotando y que no tiene un baraje, sentimientos y opiniones; para mí es imposible. Yo siempre desde mi cuerpo y desde mi experiencia de este mundo. Y mi experiencia en este mundo fue nacer mujer, ser mujer en México, ser mujer en Veracruz. Sufrir acoso a una edad muy temprana, a veces renunciar un poco a la feminidad pensando en términos de supervivencia, en términos de lo que era lo correcto.

Y después recuperarla también, es decir, esto de escribir es siempre rectificarse. No eres la misma persona que escribe un libro y después escribe el otro.

Intervención del espacio público por Lorena Wolffer, títulado Tu país está en guerra con sus mujeres

Intervención del espacio público por Lorena Wolffer, títulado Tu país está en guerra con sus mujeres

Ibero 90.9: Lo conectó con otra cosa que mencionaste. “Yo quería emular a los hombres” para poder liberarme de todas estas cosas que me atrapaban. Desde el feminismo, una de sus observaciones es que nos hacen emular a los hombres porque el hombre es lo digno a aspirar.  

Fernanda Melchor: Claro, te masculinizas a ti misma. Nadie te obliga, es decir, sí lo hacen; la sociedad, la estructura…

A mí en lo particular no me gusta usar el término patriarcado, y no porque no crea. Es algo que está y la palabra produce mucha alergia a veces, pero es una realidad. Podríamos decir un mil cosas. Yo no lo uso porque justamente la misma realidad lo confirma.

Esta masculinización es increíble, tú la asumes. Tú lo haces, interiorizas la misoginia. La competición con otras mujeres y el hombre se vuelve algo inalcanzable, algo supremo, algo que no acabas por comprender. A mí en lo particular escribir me ayudó como a conectarme.

Mi primera novela que se llama Falsa liebre, trata de la vida de cuatro chicos. Entonces es la historia de cómo yo viví, no, más de cómo yo viví era de entender a mis amigos; los vagos, los drogos, los skatos, los chambeadores o los que ya estaban casados a los 18 años, también los que se prostituían. Siempre intentando de entender y después cuando acababa Falsa liebre, empezaba el feminismo en redes sociales y  a hacerse mucho más constante, yo dije: -chin, mi novela no pasa el test de mujeres-. En mi novela son puros vatos y las mujeres son siempre periféricas. Y me sentí muy mal y después dije -No, chingao. Para ser feminista también es escribir de lo que te dé tu chingada gana- Y yo en ese momento necesitaba escribir de vatos, necesitaba tener ciertas cosas. Que al final eres tú.

Una vez me preguntaron: -¿Por qué escribes de chavos gays?- Y pensé: porque durante mucho tiempo yo me identificaba con los hombres pero al mismo tiempo también los deseaba. Era como eso, el personaje de un chavo gay era eso.

Ibero 90.9: Tu haces visible está necedad de que lo masculino es lo mejor. Es lo que debemos aspirar…

Fernanda Melchor: Sí, por ejemplo en Temporada de Huracanes, descubrí que uno de mis fallos es que no escribí una versión femenina de todo ese mundo. Me sigue gustando mucho los personajes de esa novela (Falsa liebre) y tengo planes a futuro con ella.

Sin embargo con Temporada de Huracanes, era otra cosa. Eran las voces de mi mamá y de mis tías en la cocina, o cuando nos dormíamos cantando susurros, siendo solidarias u oponiéndose entre ellas. Para contar su versión fuera del mundo de los hombres, una versión de la vida y de otras mujeres.

A mí eso fue lo que me impresionó mucho. Fue algo que paso, no fue algo que yo busqué. Tal vez, si lo hubiera buscado, no lo hubiera encontrado.

Ibero 90.9: Tanto en ti como en Susana, decían que buscaban hablar de las microhistorias. La mamá, la tía…

Fernanda Melchor: Sí que parece que a nadie le importan, pero, sí importan. Todas esas voces importan, porque todas esas voces son únicas. Y se parecen a muchas, y a la vez, son únicas.

Fíjate en mis novelas casi nunca tengo citas memorables o de un personaje que tira un gran choro. De eso que puedes hacer un meme todo bonito, nunca tengo eso. Tanto en mis ficciones como en mis crónicas hablo de personajes que no son noticiosos. Que parecería que no le importaría a nadie, pero a mí sí. Y creo que sí han gustado mis libros es por eso. Porque hablan de cosas que no se están hablando en otros lados.

Ibero 90.9: ¿Cuál es el valor de hablar de los “desposeídos de la palabra”?

Fernanda Melchor: Igual como dice Susana (Iglesias), no creo en eso de “dar voz”. No son ellos los que hablan, soy yo. Pero es algo que habla dentro de mí, tampoco soy yo, es algo.

Es extraño, tal vez la que hable es la desposeída en mí.  Y esa niña que sintió que era menos por ser niña, esa mujer que creció teniendo miedo de que le pasará algo en la calle, ese niño que yo quería ser y que tal vez en algún momento quizás fui. Que nos obligan a ser, por supervivencia, lo hacemos por supervivencia. Porque queremos ser personas en este mundo, y no seres de segunda categoría. Como todavía nos hacen pensar mucha gente que somos.

Ibero 90.9: En ese sentido, hablabas de la recuperación de otros ámbitos de la oralidad. Como los rezos…

Fernanda Melchor: Si, los conjuros, los ensalmos, las quejas, el chisme, la letanía, la música de reggaetón que escuchas al fondo… Todo eso a mí me interesa. El registro vulgar.

Alguna vez he recibido malas reseñas, soy esa autora horrible que lee a veces sus reseñas, porque me interesa saber qué piensan los lectores y ha habido gente que dice: -Es demasiado vulgar, no pude acabar leyéndolo-. Y bueno, pienso: -Que lástima, que no pudiste soportar una groserías-

Porque el material es crudo, pero esta novela tenía que tener este tipo de material. Y con esta materia tenía que hacer algo, como esta escultura con cactus con madera áspera que te astillas cuando la tocas, pero, así tenía que hacer. Y me interesa ver estos discursos machistas, misóginos incluso en boca de mujeres siendo expresados en toda su crudeza. Que me parece que el efecto que logra es justo que nos horroricemos y nos demos cuenta de la mierda que somos.

Foto de la instalación de Teresa Margolles, títulada El Testigo (2010). La cual mostraba las portadas de un diario de Ciudad Juárez durante todo un año.

Foto de la instalación de Teresa Margolles, títulada El Testigo (2010). La cual mostraba las portadas de un diario de Ciudad Juárez durante todo un año.

Ibero 90.9: Sin pretender ser una mirada totalizadora, estos textos, estos libros serán lo que permanecerán para que sea estudiado, leído, visto por los del futuro… Siendo una oportunidad de entender lo que somos. Así, que en vez de darle la voz a un personaje solemne, al darles a nuestra tía, tu madre, al skato; se abre un panorama mucho más amplio de lo que somos y porqué lo somos…

Fernanda Melchor: Ojalá. Pues sí, igual no es algo consciente. Es algo que brota de uno…  No sé, yo siempre he pensado que el lenguaje popular está muy desdeñado, decir cosas como groserías en una presentación o en ciertos ámbitos se ven mal; pero, a mí me gustan, siento que tienen una intención. Todo lenguaje tiene una función. Incluso, a veces, las groserías pueden ser hermosas.

Y de alguna manera, lo que intentaba hacer en Temporada de Huracanes. Un amigo que es artista sonoro, me dijo: -Wey, es que tu libro es como una sinfonía. De voces que son súper bastas. Es como tratar de hacer música con sonidos ásperos. No en lo acústico, sino en el significado-. Todo esta cuidadosamente planeado, yo realmente quería hacer música, algo que tuviera sentido e incluso, que fuera disfrutable, aunque fuera de manera masoquista. Un poco sádico…

Como es el arte, todos los elementos de la realidad y los mezclas con tu subjetividad. Y se lo ofreces al lector…

Fernada Melchor y Susana Iglesias en la Feria Nacional del Libro de León (FENAL) 2018 

Fernada Melchor y Susana Iglesias en la Feria Nacional del Libro de León (FENAL) 2018 

Sentada junto a ella en el conversatorio, Susana Iglesias, contaba sobre su luto. Para ella la Susana de Señorita Vodka (2013) había muerto apuñalada en algún lugar del Centro Histórico, y esa Susana era ella misma. El escritor como una especie de fantasma, que no le da voz a otros, pues nos dice la autora que tal idea es absurda y sólo la plantean los escritores que “quieren ser los héroes de su propia mierda”. El creador literario, para Iglesias, simplemente funciona como una oreja donde se vacían las historias y las imágenes que recolecta, siendo transformadas por una subjetividad que las aterriza en palabras y en una propuesta. Su intención es hablar de las historia de los “desheredados”, como ella los llama.

¿Quiénes son los desheredados?, los que no entran en esta cadena de la búsqueda de éxito. “En estos personajes yo encuentro dignidad”. Ésta entendida, como la satisfacción con la inmediatez, sin la insatisfacción permanente, “Un millonario en un lamborghini que se siente solo, a eso yo le llamo fracaso”, postula Susana Iglesias.

La violencia también es un tema central en la producción de la autora, donde el ánimo por el poder sobre el otro que se traduce en la destrucción del vulnerable es la muestra máxima del deterioro del animal humano. “Un aparador de una tienda Cartier y afuera un vagabundo todo miado en el Eje Central, para mí eso es violencia”. Con una determinación admirable  y a ratos que asusta, nos llevó a todos por un camino hacia la autocrítica, donde uno no puede escaparse de la responsabilidad.

Los elementos literarios son un transformador de la realidad, para la autora Susana Iglesias hablar de una realidad objetiva es una más de nuestras ficciones, a lo que ella responde con la escritura como forma de crear una propia realidad. De hecho, sus personajes, “los desheredados”, simplemente juegan en otro ámbito de la realidad con otros fines. “Para mí el hombre tirado en Eje Central simplemente es un Orfeo buscando a Eurídice” dijo al término de la presentación.

Ésta fue la entrevista con Susana Iglesias:

Ibero 90.9: El dominio sobre el vulnerable. Los niños, los viejos y los perros, dices que son las figuras que tú buscas cuidar. ¿Podrías ahondar en ese tema?

Susana Iglesias: Para mí eso es la violencia. No encuentro mayor violencia que la del poder. El poder es esa violencia podrida, son esas manos invisibles que lo ahorcan todo. Esa violencia contra los más vulnerables, es un horror que nos ha acompañado desde el inicio de la humanidad, tal vez…

Bueno, más bien desde que los seres humanos empezaron a hacer clanes y juntarse, porque no creo que ese hombre solo frente al fuego al lado de su perro pensara en matar al otro. Las relaciones humanas son muy complejas, y la violencia es un esquema muy complejo, casi invisible.

Violencia sería que tú  y yo estamos aquí y alguien nos quita la silla, eso es violencia. Nos dicen -claro que no, sólo quito la silla-. El excluir a alguien, señalar a alguien es violencia. Hace poco me enfrasqué en una conversación con personas que señalaban a “alguien raro”, y yo les encaré, les dije –Defíneme raro, dime ¿qué es ser raro?, ¿Con qué derecho te sientes de señalar alguien raro?-

.¿Qué es lo raro?, ¿Qué demonios es lo raro?, ¿Con qué derecho excluimos al que consideramos anormal? Foucault decía, y yo estoy de acuerdo con él y de hecho llegué a esa conclusión antes de leer a Foucault; que parece que la sociedad está enferma y obsesionada por excluir a aquellos que considera raros, anormales… Tal parece que aquellos son los que quisieras aniquilar, pisar y exprimirlos hasta que se los lleve el carajo. Enaltecemos las “cosas normales”, como vivir con tarjetas de crédito, usar un carro lujoso mientras personas están muriendo debajo de puentes, embotarnos en la televisión, ver si el vecino que es un viejo ni siquiera comió. Todas esas cosas como especie nos han llevado a una soledad destructiva.

Escena de Los olvidados, dirigida por Luis Buñuel

Escena de Los olvidados, dirigida por Luis Buñuel

 

Ibero 90.9: Escuchándote, parece que la solución o al menos una forma distinta, sería girar la cabeza no hacia arriba sino hacia abajo…

Susana Iglesias: Por supuesto. Y también hacia arriba de vez en cuando, también en el cielo pueden estar tus muertos. Cada quien tiene sus creencias.

Ibero 90.9: Justo me refiero a emular esto que consideramos como “éxito”… Como la tarjeta de crédito, incluso el capital cultural, en este mundo es un lujo. Y no sé si es una responsabilidad con el otro, es un privilegio. Me parece que cuando te escuchaba, decías que hay que mirar al señor tirado miado en eje central. Lo haces un personaje literario, lo representas en la palabra.

Susana Iglesias: Por supuesto hay que mirarlo, hay que respetarlo. Para mí ese hombre tirado en el Eje Central, para algunos, para los hombres vulgares sería un teporocho. Para mí, es Orfeo buscando a Eurídice. –Tú, estás mal. Es sólo un teporocho- me dice. Bueno, eso es en su realidad, la construcción social te hace verlo como un teporocho, mi construcción literaria me hace verlo como Orfeo buscando Eurídice.

En esos desheredados encuentro nobleza, encuentro dignidad. Encuentro valentía, honor.Yo en las calles veo mucha solidaridad y honor. Lamento no decir eso de muchos círculos intelectuales, por ejemplo.

Ibero 90.9: Los elementos literarios y de la oralidad. ¿Nos pueden ayudar a reconstruir la mirada?, no sólo en la literatura sino en la praxis

Susana Iglesias: Yo creo que sí. Como hablábamos hace rato “la gran oreja”. Lo que vas escuchando, lo que escribes de lo que escuchas. Todas esas historias, las historias que no le importan a nadie a mí me interesan.

Los personajes que no le interesan a nadie a mí me interesan. Yo podría escribir un personaje que se va a París, a hacer grandes cosas y que esa sea la novela. No me interesa, prefiero hacer la novela del hombre que está tirado, ese universo para mi es fascinante. ¿Por qué?, ¿Quién decide renunciar al poder?, y volvemos al inicio de nuestra conversación, ese hombre. Entonces ese hombre me interesa. Porque decidió renunciar a una de las concepciones más podridas, el poder.

Y me interesa ese tema. El poder como forma de violencia, como forma de exclusión, como forma de intentar aniquilar  alguien. Yo tuve un gran maestro que podría ser Hemingway. Yo podré ser destruida, pero nunca derrotada. Y esa gran enseñanza la vi en las calles, por ejemplo.

Jean-Baptiste-Camille Corot Orfeo conduciendo a Eurídice fuera del infierno (1861, óleo sobre lienzo, 112 x 137 cm, The Museum of Fine Arts, Houston)

Jean-Baptiste-Camille Corot Orfeo conduciendo a Eurídice fuera del infierno (1861, óleo sobre lienzo, 112 x 137 cm, The Museum of Fine Arts, Houston)

Ibero 90.9: Cuanto te escuchaba, veía a Chéjov reflejado. Donde los personajes literarios provenían de la vida real…

Susana Iglesias: Chéjov me encanta y justo mis personajes reflejan lo que veo. Por ejemplo, ¿Por qué visto de negro?, por el luto de mi vida. Y fue algo que desde los 90´s repito. Los rusos fueron mis maestros, mis cuentos de infancia fueron lo rusos.

Ibero 90.9: ¿Cómo llegaron a ti?

Susana Iglesias: A por mis padres. Mis padres atascaron los libreros de rusos, alemanes, ingleses y norteamericanos. Yo tenía menos de 10 años y ya había leído 5 libros de Dostoievski. Y tenía menos de 12 y ya había leído a Camus, a Sartre. Muchos escritores que llegaron a mi vida de esa forma.

Me gustaban las bibliotecas. Las bibliotecas me salvaron de mí. Cuando yo estaba desempleada fue un gran lugar donde podía robar agua gratis, dormir, descansar un rato y trabajar. Era mi pequeña Disneylandia, todas esas bibliotecas públicas, como la México y la Vasconcelos. A veces debo volver para recordar quién era yo.

Ibero 90.9: Y no sabemos a cuántos han salvado. De ahí la importancia de los espacios públicos y de poder acceder a los libros de forma libre…

Susana Iglesias: La Iberoamericana por ejemplo tiene programa muy interesantes.

Ibero 90.9: Dijiste – yo no creo en la felicidad-

Susana Iglesias: No creo en ella. Creo en la alegría, porque de pronto me tachan de amargada. Que no crea en la felicidad, no significa que esté amargada. –Críticas todo- me dice. El hecho de que sea crítica no significa que sea una amargada. Para mí ser amargado es tener 50 años y ser un escritor fracasado, tener un puesto administrativo. Eso para mí sí sería muy triste y amargado. Como nunca quise eso, decidí jugármelo todo y apostar por mi escritura. Jamás creí vivir de esto, esa es la verdad. Lo digo con toda la sinceridad posible.

Si yo regresará en el tiempo y tú me preguntarás –Susana, ¿vas a vivir de tu escritura?- Yo te diría –No creo- Y fue difícil, es muy complejo y verme a la distancia. Verme atrás, ver quien ya no soy. Y volviendo a tu pregunta que no puedo contestar, sólo le doy vueltas. Creo en la alegría, yo no creo en la felicidad, yo no creo en esa mierda. La alegría es un sentimiento tan noble, que yo todas las mañanas escucho la marcha de Radetzky, en mi aparato de vinil, y me siento muy alegre de tener un día más de escritura. Así como los alcohólicos piden “sólo por hoy”, mi “sólo por hoy” es la escritura. Pido “déjenme escribir esta cuartilla”.

Ibero 90.9: ¿La voluntad como resistencia?

Susana Iglesias: Y la rabia, querida. A mí la rabia no me va a abandonar nunca. Muerta la perra, ésta perra cuando se muera no se acabó la rabia, quedan sus libros.

 

Al terminar la entrevista, Susana me miró con un sonrisa grande. Yo, me sentí contenta. Como cuando descubres que la palabra enciende destellos en tus ideas. Nos dirigimos a tomarles unas fotos, y se marcharon a su presentación.

¿Basta de historias solemnes y cuentos felices? No lo sé. Lo que sé, es que en un mundo descarnado la literatura no puede sólo jugar al manual de la simulación. También sé que en mujeres como Fernanda y Susana, está la carne viva de la cual la creación se alimenta de algo más que sueños rosas para convertirse en un espacio de reflexión sobre el mundo que vivimos.

En ellas encuentro que el mito de la competencia se difumina en el absurdo, postulan desde la visibilidad de la cruenta realidad, la urgente necesidad de abandonar el dominio sobre el otro. Y bueno, sus libros no son un refugio complaciente pero si son una exposición de motivos para amar lo que nos han dicho que debe esconderse y despreciarse. Básicamente, como dice Melchor: "[...] el efecto que logra es justo que nos horroricemos y nos demos cuenta de la mierda que somos"

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