'Rest', el abismo íntimo de Charlotte Gainsbourg

'Rest', el abismo íntimo de Charlotte Gainsbourg

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Ser hija del gran Serge Gainsbourg y la icónica Jane Birkin genera expectativas aplastantes; sin embargo, para alguien como Charlotte Gainsbourg, estas expectativas siempre se ven arrasadas por su sensibilidad y enorme talento artístico; el lanzamiento de su quinto álbum: Rest (2017, Because Music), es una clara muestra de ello.Este álbum, escrito prácticamente en su totalidad por ella, es un proyecto dinámico que pasa por sintetizadores disco, pianos melancólicos, guitarras acústicas, melodías francesas ingenuas, sonidos eclesiásticos y murmullos orquestales. Sin embargo, mantiene la línea temática que se conoce de Gainsbourg: el sufrimiento. Rest es un proyecto sombrío que explora dolores íntimos, infiernos personales que avasallan. Transita temas como el dolor del abandono, los cambios del amor en tiempo, la incertidumbre y la nostalgia.

La mayoría de las canciones del disco se encuentran en la lengua nativa de Gainsbourg: el francés, idioma que ayuda a generar sonidos suaves, susurrantes, que apelan al secreto, así como a la dulzura y la ingenuidad. Sin embargo, canciones como “Lying with You” o “Rest” juegan mezclando el inglés con el francés para crear un ciclo cardiaco; como si Gainsbourg quisiera exponer su intimidad en la lengua que le resulta más propia, más transparente, y luego volviera a contraerse en busca de otras maneras de expresar el dolor y las tinieblas que la sobrepasan: un ciclo que pasa de la sístole liberadora a la diástole aprehensiva.

Incluso el título del álbum podría jugar con esta tensión. “Rest” significa en inglés ‘descansar’ mientras que el francés “reste” significa ‘permanecer’. En el álbum hay un jaloneo entre expresar la intimidad hasta quedar vulnerable –una expresión que lleve a la liberación–, y el de mantenerse inmerso en el dolor y sólo susurrarlo. Mucho se ha especulado sobre esta doble significación, algunos, como Olivia Horn de Pitchfork, han atribuido esta interpretación a la muerte de su hermana Kate Berry en 2013. Esta suposición se sostiene también en la canción que lleva su nombre: “Kate”. En este track, Gainsbourg explota sus agudos hasta simular un llanto que culmina en profundos respiros; en él, expresa una súplica que implora por el descanso de su difunta hermana y al mismo tiempo pide su regreso.

 

Mientras se escucha el disco, en especial “I’m A Lie” o “Ring A Ring O’ Roses” es fácil recordar el soundtrack de Melancholia (2011), película de Lars Von Trier protagonizada por Kirsten Dunst y la misma Charlotte Gainsbourg. Ambas canciones tienen una carga eclesiástica inspirada por pianos tenebrosos.

Aunque Rest es un álbum en el que Charlotte Gainsbourg explora su intimidad y deja fluir la pluma para mostrar sus infiernos, está construido por colaboraciones con personajes como su productor, SebastiAn, Guy-Manuel de Homem-Christo de Daft Punk, Owen Pallett y Connan Mockasin, entre otros. De hecho, de todo el álbum, “Songbird in a Cage” es la única canción que no escribió Charlotte Gainsbourg. Ésta le fue regalada por Paul McCartney, quien por cierto toca la guitarra, la batería y el piano en ella.

 

Tal como en “Songbird in a Cage”, Gainsbourg también expresa la devastación, la duda del matrimonio y la muerte desde ritmos menos tormentosos, como es el caso de “Deadly Valentine”, el primer sencillo que lanzó, y “Les oxalis”, track que cierra el disco. Algo similar ocurre en “Sylvia Says”, canción que parte de una colaboración interesante. En ella, mientras percibimos melodías enérgicas, escuchamos "I shut my eyes and all the world drops dead / I lift my lids and all is born again”, versos pertenecientes al poema“Mad Girl’s Love Song” de la poeta estadounidense Sylvia Plath, poeta con una vida y obra altamente trágica.

Rest de Charlotte Gainsbourg es un disco de abismos, un proyecto que no teme sumergirse en las fascinantes tinieblas para sacar algo, una melodía, un ritmo más armónico que la vida, una canción tal vez. Quizás, la música es para Gainsbourg el espacio en el infierno del que hablaba Italo Calvino en Las ciudades invisibles: "El infierno de los vivos no es algo por venir; hay uno, el que ya existe aquí, el infierno que habitamos todos los días, que formamos estando juntos. Hay dos maneras de no sufrirlo. La primera es fácil para muchos: aceptar el infierno y volverse parte de él hasta el punto de dejar de verlo. La segunda es riesgosa y exige atención y aprendizaje continuos: buscar y saber quién y qué, en medio del infierno, no es infierno, y hacer que dure, y dejarle espacio".

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