‘Daydream Nation’ de Sonic Youth: 30 años de iluminación

‘Daydream Nation’ de Sonic Youth: 30 años de iluminación

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I´m gonna get drunk while listening to this album tonight... just sneaked some cheap red wine in my room, my mom never notices... Oh well, what else is there to do?

paranoid hippie 2 years ago

El éxito del primer disco, la consagración del segundo, la experimentación fallida del tercero, la necedad del cuarto, el querer repetir el primero en el quinto, la despedida del sexto, y un reencuentro 10 años después con un séptimo álbum que pasa sin pena ni gloria.

Para este momento, el lector seguramente ha pensado en más de una agrupación que sigue viviendo de sus primeras producciones, y que trató de evitar a toda costa un Juan Rulfo, es decir, retirarse con dos obras magistrales porque “ya se dijo todo lo que se tenía que decir”.  En este contexto, ¿no sería un milagro que una banda encontrara, después de muchos años, la base de lo que será su sonido por más de una década?

La historia de Sonic Youth es un caso particular y extraordinario en el rock, pues sin el radicalismo cambiante de David Bowie, cada álbum significaba renovación, pero conservando cierto elementos inherentes a la banda. Cuando se escucha su discografía en orden cronológico, iniciando por Confusion Is Sex (1983, Neutral Records) y finalizando con The Eternal (2009, Matador Records), se notará que hubo un proceso de depuración sonora, donde se inició con una saturación de distorsiones guitarreras que son más cercanas al ruido que a la música,  hasta llegar a una armonía donde el orden y el caos pueden convivir pacíficamente en una misma canción.

Si hay un punto medio entre ambos extremos, que sirve como puente para explicar dicho proceso, definitivamente se encuentra en su quinta producción, Daydream Nation (1988, Enigma Records). En 1988, Sonic Youth sabía que estaba en SU momento. La escena del indie y el college rock ya tenía cimientos firmes, los años de giras arriba de una combi destartalada y cuya mínima paga se iba a la producción de nuevo material empezaba a terminarse. Hüsker Dü y The Replacements ya habían firmado con disqueras trasnacionales, también conocidas como majors, porque el mercado empezaba a ser rentable. Como banda precursora de ello, todo mundo esperaba cuál sería la posición de los neoyorkinos con respecto a los valores con los que habían empezado su carrera: independencia creativa a pesar de la carencia económica, seguir dentro del nicho para no complacer a la radio comercial, etcétera.

Sus dos álbumes previos habían sido lanzados por SST Records, discográfica de Greg Ginn, también fundador de Black Flag y líder del movimiento hard core. En ese trato, a quien mejor le iba era a SST, pues el grupo originario de Nueva York vendía muy bien, aunque no se veía reflejado en sus bolsillos. Eran realmente pocas las bandas que sostenían al sello, como las reimpresiones de los desaparecidos The Minutemen; por si fuera poco, a Ginn le había dado “la loquera” de firmar a cuanta banda se encontrara en el camino, sin importarle que llevaran dos meses como agrupación o sonaran asquerosamente mal. Ahí se iba todo el dinero de las bandas que realmente importaban.

Sonic Youth entró en una disyuntiva entre ser fiel a la escena independiente y seguir con SST, o hacer caso a los cantos de sirena de las majors. La decisión no fue tan complicada, pues el fin último de un artista es que su obra llegue a un mayor público y esa fue su justificación durante esos años. Tuvieron que llegar a la vía legal con Ginn para recuperar sus masters y decidieron que Daydream Nation saliera con una disquera “independiente”, sí, entre comillas, pues al final del día sus discos eran distribuidos por EMI Records.  Supieron negociar su libertad creativa, lo cual fue un precedente para otras bandas que estaban bajo su cobijo, como Dinosaur Jr. y Nirvana.

Sería injusto decir que el sonido del todo el álbum está contenido en la primera canción, “Teen Age Riot”, pero sin lugar a dudas es el himno. La letra es una fantasía de cómo sería el mundo si J Macis, guitarrista de Dinosaur Jr., fuera presidente. Y si podían soñar con eso, con que el mundo podía ser de ellos, es porque era posible a pesar del desencanto. Ese mismo espíritu es el que ha reunido a adolescentes de diferentes épocas alrededor de este doble LP.

my doctor prescribed Teenage Riot everyday for a lifetime, 5 times a day in case of anxiety.

Nuno Leal 2 years ago

En discos anteriores, la desquiciada improvisación instrumental parecía no tener objetivo más que el ruido mismo; Daydream Nation sorprende al escucha porque el ruido tiene orden, tiene un momento para irrumpir y regresar para conectar con la armonía del track, como en "'Cross the Breeze". Sabían que su pausada entrada al mundo comercial tenía que complacer otro tipo de oído además del fanático ya conquistado. Lo hicieron sin saber que habían descubierto la fórmula para el resto de su carrera, un sonido que sólo ellos podían producir. De hecho, distintas bandas sólo mencionan a Sonic Youth como inspiración ideológica, mas no musical.

Y aunque Daydream Nation sigue vigente a pesar del tiempo, no deja de sonar a 1988, a un tiempo en el que la música no estaba al alcance de un click, en el que los adolescentes tenían un empleo después de clases y cuya paga se iba en conseguir un disco que oirían solitariamente, que se mezaclara con su frustración y querer golpear las paredes; después desafiarían a sus padres y gastarían sus ahorros de meses en un estúpido instrumento que nunca aprenderían a tocar bien.

This album reminds me of earth-toned flannels and tattered jeans.

Kelvin A 1 year ago

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Dos años después de Daydream Nation vendrían los noventa, el salto mediático con Goo  (DGC Records), el endiosamiento de Nirvana y Nevermind y… el resto es historia. La fama llegaría al punto de ser invitados en el capítulo “Homerpalooza” de Los Simpson, que fue emitido por primera vez en 1997, nueve años y cuatro álbumes después de Daydream Nation. Y a pesar de ello, cuando Homero entra a la tienda de discos Suicide Notes, el póster que aparece en una de sus paredes es la portada de la vela. No es la imagen de Goo choteada en playeras, no es el muñeco de estambre de Dirty, o el espantapájaros del Bad Moon Rising, ni siquiera la lavadora del Washing Machine. ¡Es la vela!

Dicha portada es un cuadro titulado Kerze ("Candle") del pintor fotorrealista Gerhard Richter . También hay una canción dentro del disco llamada “Candle”, que habla de una noche nevada en la que hay una vela: tal vez como símbolo de esperanza. Thurston Moore canta que ve a una chica bajo la nieve dar la vuelta en la esquina de la calle 14, aunque ya no hay camino por ahí; dice: “It's alright, it's a lighted candle /  And I'll know she'll be okay by someday”. No puede hacer nada en ese momento, pero sabe que algún día, lejano o cercano, la chica estará bien y las cosas mejorarán, como en la vida todas las personas que han crecido escuchando este álbum. “It's safe to say candle”, es seguro decir vela, y a treinta años es seguro decir Sonic Youth.



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