La culpa como campaña política

La culpa como campaña política

Basílica Colegiata de Nuestra Señora de Guanajuato y Plaza de la Paz. Foto: Turiméxico

Basílica Colegiata de Nuestra Señora de Guanajuato y Plaza de la Paz. Foto: Turiméxico

De entre los vaivenes y las correderas por las calles de Guanajuato, Capital en el Festival Cervantino, las iglesias disparan inmediatamente un atractivo visual. Sus fachadas de cantera tallada nos dibujan el Guanajuato colonial que es considerado Patrimonio de la Humanidad. Con ellas, los flashes de turistas y los feligreses se conjugan en torbellinos de rezos y miradas curiosas.

Cuando entre todos los anuncios promocionales de Guanajuato, una imagen constante aparece como referente emblemático del estado: la Basílica Colegiata de Nuestra Señora de Guanajuato, que con su color amarillo y la fachada gariboleada nos provoca admirarla. Pensarla así, desde un punto de vista histórico y sobre todo con la cómoda mirada turista que sólo observa, nos hace decir: ¡Qué bello!

Olvidamos algo: es un espacio público y vivo. Es decir, en ella conviven la comunidad local con los distraídos y, en ocaciones, demasiados intrusivos turistas que buscan la foto perfecta, aún si tienen que encimarse al fiel que está rezando.

Como espacio público, las Iglesias se convierten en un articulador social que se proclama desde la fe y la creencia. Dicha fe se vincula a una institución, la Iglesia Católica, y por tanto, a una agenda política.

De manera histórica, la Iglesia Católica ha condenado el aborto, como parte de sus ideales y directrices para con sus fieles. De hecho, el Papa Francisco ha reiterado la postura en contra del aborto, citando a la Exhortación Apostólica Gaudete et exsultate: "La defensa del inocente que no nació, por ejemplo, debe ser clara, firme y apasionada, porque allí está en juego la dignidad de la vida humana, siempre sagrada, y lo exige el amor por cada persona más allá de su desarrollo".

Lado lateral izquierdo de Basílica Colegiata de Nuestra Señora de Guanajuato Capital . 24 de Octubre del 2018

Lado lateral izquierdo de Basílica Colegiata de Nuestra Señora de Guanajuato Capital. 24 de Octubre del 2018

Siguiendo con la política devenida desde el Vaticano, en Guanajuato han decidido optar por la defensa de la causa antiaborto, o como ellos se autoproclaman, “Provida!”, manteniendo afuera de la Basílica una comitiva que se dedica a rezar, una cuarentena al año, en contra del derecho al aborto.  Dicha postura está acompañada por una campaña gráfica en la que un feto en desarrollo de al menos 6 meses, le pide a su “futura madre” que no lo asesine, o la de un vientre de embarazo hecho de cemento que le dice a las mujeres: “No hagas de tu vientre un cementerio”.

La fe en sí misma no es contraria a los derechos progresistas contemporáneos. Tenemos asociaciones que son de carácter cristiano y están a favor del derecho al aborto, como Católicas por el Derecho a Decidir. Esto nos indica que la majestuosidad de la iglesia, de la escultura o de la pintura, no tiene en sí mismo una postura política, sino son los intereses y la agenda política de quiénes sustentan la institución quienes toman los símbolos y les imprimen un mensaje.

Foto Iglesia Oratorio de San Felipe Neri, Guanajuato, Capital. 28 de Octubre del 2018

Foto Iglesia Oratorio de San Felipe Neri, Guanajuato, Capital. 28 de Octubre del 2018

Así, la gráfica en la Iglesia se articula, no como un adorno que hace más pintoresca la vista a los visitantes, sino como un discurso de poder que tiene sus propias intenciones. Dibuja al aborto como un asesinato, donde la culpable es la mujer, que basado en dicha gráfica, es una madre. Por tanto, a la vieja usanza, la culpa es el mejor recurso que sigue encontrando la institución eclesiástica para persuadir. Al menos así se denota en Guanajuato. Nos dicen: el aborto es un asesinato de una madre a su hijo.

Esto se problematiza aún más si tomamos en cuenta que el pasado 28 de septiembre se realizó en Guanajuato Capital, la primera marcha a favor del aborto en su historia, que llegó justo a la Plaza de la Paz, precisamente frente de la Basílica. Durante la cobertura del Festival Internacional Cervantino 2018, Ibero 90.9 tuvo oportunidad de platicar con tres de las activistas participantes en la manifestación que congregó a más de 300 personas en los corredores de Guanajuato, misma que recibió amenazas en redes sociales y la nula protección de las autoridades. Del lado contrario, el pasado fin de semana la Ola Celeste, como ellos se nombran, marchó también en contra del aborto. El mismo espacio articulándose para una postura contraria.

Como seres simbólicos, creamos mensajes que se inscriben en esculturas, pinturas, cárteles o un tweet. Los elementos existen con un propósito siempre de legitimación, que defienden agendas y motivaciones políticas, es decir, que pretenden ordenar la forma en cómo vivimos y pensamos la vida diaria.

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A la vieja usanza, la culpa es el mejor recurso que sigue encontrando la institución eclesiástica para persuadir

Así, la lucha por el derecho al aborto tendrá su validación oficial en la ley. Sin embargo, su primer lugar de lucha es en las calles, en el espacio público y en la comunidad misma. En esos lugares es donde tiene su peso el debate.

Los espacios son complejos porque nosotros somos heterogéneos. Un cúmulo de distintas circunstancias que se conjugan con ideales en ambientes contradictorios. Para convencer a otros, tenemos nuestros recursos: la gráfica, por ejemplo. Pero también el rezo, las marchas, el diálogo y, lamentablemente, aún la violencia se hace presente.

Las maquinarias institucionales utilizarán sus propios recursos para proclamar como legítima su agenda política. Por ejemplo, la imagen de un vientre hecho cemento. Los sentimientos de culpa terminan por convertirse en autoconvencimiento. Nos toca crear nuestros propios símbolos, y sobre todo, pelear con las maquinarias institucionales bien aceitadas que están decididas a seguir ordenando nuestra manera de vivir.  

Los derechos se pelean en la calle y se encumbran en las instituciones, para después hacerse regla de vida. Nos toca siempre ser críticos en la manera en que construimos nuestros propios símbolos y las instituciones para que los hagan garante.

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