Yo no me llamo Rubén Blades

Yo no me llamo Rubén Blades

Por Carolina M. Payán

Yo no me llamo Rubén Blades, del director panameño Abner Benaim, es un documental muy personal en el que se nos permite echar un vistazo a la vida privada de un personaje muy público como es el salsero intelectual Rubén Blades.

Como todo buen abogado, el panameño decidió dejar todo bien arreglado para las próximas generaciones, su objetivo es inspirar a otros, así como los grandes del género hicieron con él, Tito Puente, Celia Cruz, Ralph Mercado, Ray Barretto, entre otros.

En su visión, fruto de sus raíces latinas, la muerte nos sorprende a todos, a veces más temprano a unos que a otros, pero invariablemente ella llegará fiel a la cita con nosotros y en ese afán de no ser devorado en el mero arrobo, Benaim, realizador del documental, se encargó de persuadir a Blades para que accediera a compartirnos detalles ocultos de su biografía, el salsero nos permite asomarnos a sus creencias y experiencias como parte de su herencia, que cabe mencionar todavía no es definitiva, ni total debido a sus naturaleza siempre creativa.

Durante la filmación del documental, el cantante habla de manera muy sincera sobre su relación con Estados Unidos, desde que era un jovencito en un país caribeño, hasta hoy en día considerado hijo adoptivo de Nueva York, gran conocedor de su historia, lugares y rinconcitos; a la par se nos presenta un hombre ordinario que tiene una vida conyugal muy placentera a lado de Luba Mason. También, podemos apreciar una faceta poco conocida de él, la de coleccionista de cómics, de su fascinación por tales viñetas surge su canción más famosa: “Pedro Navaja”, un tributo a los malandrines y héroes que deambulan por la ciudad igualmente bien vestidos, enfundados en un gabán, ocultando sus intenciones cuál armas al disparar.

Por último, tenemos la figura del ciudadano, un hombre responsable de su lugar de origen, que tiene gran interés en las causas sociales y la vida política dentro y fuera de su nación, misma que se ve reflejada en sus composiciones como “Pablo Pueblo” ,“Plástico”  y “Buscando América”.

Su formación como abogado en Harvard, así como su instintiva curiosidad lo han llevado a poner particular atención en los temores y pasiones de la gente, expresando las aflicciones de éstos de una manera sencilla y real, haciendo clic con el sentir de sus oyentes. Su genuino interés y dedicación lo erigen como uno de los máximos exponentes de la salsa con vida, al mezclar no sólo ritmos alegres con letras crudas, sino al plasmar la cotidianidad de la época con gran soltura y veracidad.

Más allá del óleo, más allá del lienzo

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