'The Piper at the Gates of Dawn' el amanecer de Pink Floyd

'The Piper at the Gates of Dawn' el amanecer de Pink Floyd

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Los sesenta. La psicodelia se apodera de los corazones británicos: sale el Sgt. Pepper's Lonely Hearts Club Band de los Beatles, es el comienzo de una nueva historia en el rock. La Invasión Inglesa muta, se adapta y se reproduce. Bandas como Cream, Traffic, King Crimson, Yes, Deep Purple, Jethro Tull, Supertramp, Hawkwind, Vanilla Fudge, Soft Machine, toman elementos de la corriente de moda y los asimilan para desarrollar nuevos estilos: rock progresivo, heavy metal, art rock… y rock espacial, un subgénero que de inmediato nos trae a la mente al cuarteto más famoso de Londres: Pink Floyd, quienes en 1967 se encuentran en pleno revuelo por su álbum debut: The Piper at the Gates of Dawn (El Flautista ante las Puertas del Amanecer).

Desde el título y la portada con efecto caleidoscópico, sabemos que se trata de una obra psicodélica. Éste fue un terreno que Pink Floyd exploró con un estilo muy personal y excéntrico. En aquella época, fueron acusados de ser adictos al LSD, aunque de hecho, solo el guitarrista Syd Barrett lo consumía, situación que lo llevó, en opinión de gente allegada a él, a volverse esquizofrénico. Este álbum representa la época en la que Syd Barrett era el líder de Pink Floyd. Después, el cuarteto bajo el comando de Roger Waters tuvo una carrera por demás exitosa; pero mientras Waters retrató en las letras de sus canciones una infancia horrible, en la que los maestros abusivos, una madre sobreprotectora y el padre muerto en la Segunda Guerra Mundial lo hicieron colocar un muro a su alrededor, Syd Barret canta a una infancia divertida y colorida.

"Matilda Mother" trata sobre un hijo que le pide a su madre que le lea cuentos; "Flaming" es la recreación de un juego infantil; "The Gnome" narra las aventuras de un gnomo entusiasta llamado Grimble Crumble; el mismo título del álbum, El flautista a las puertas del amanecer, hace alusión a un personaje del cuento El viento en los sauces, de Kenneth Grahame ―historia llevada al cine en múltiples ocasiones, desde la versión de Walt Disney hasta la realizada con los integrantes de Monty Python. En este contexto, incluso la percepción del álbum puede cambiar: la psicodelia floydiana ya no se desarrolla dentro de un marco de drogas ácidas, sino dentro de la despierta imaginación infantil… una imaginación que puede incluso elevarse hasta el espacio exterior.

 

Las estrellas del álbum son sin duda "Astronomy Domine" y su secuela de facto "Interstellar Overdrive". Ambas comienzan cada uno de los lados del LP y conforman el referente más popular del llamado space rock, el hijo errante de la psicodelia que consta de extensos pasajes instrumentales con temática sideral. En entrevistas posteriores, los integrantes de Pink Floyd han negado que ellos tuvieran la intención de crear algo así como rock espacial… pero lo hicieron. Ya sabemos que el resto de las letras de The Piper at the Gates of Dawn no tiene nada que ver con space rock, pero tampoco es que Pink Floyd estuviera peleado con la idea; en grabaciones posteriores aparecieron títulos como "Let There Be More Light", "Set the Controls for the Heart of the Sun" y "Cirrus Minor", muestras del interés de Roger Waters por la ciencia ficción (que culminaría en su álbum de 1992, Amused to Death). Intencional o no, Pink Floyd es ampliamente asociado al space rock. Para cerrar el tema, en este álbum hay otro par de piezas que ―sin ostentar títulos espaciales― tienen un sonido compatible con su estética: "Pow R. Toc H." y "Lucifer Sam". Algunas sugerencias representativas de este estilo: UFO "Flying", Hawkwind "Space Is Deep" y "Lord of Light" (con Lemmy en el bajo), y Spacemen 3 "Starship".

A 50 años de su lanzamiento, The Piper at the Gates of Dawn mantiene una fuerza y un encanto irresistibles. Varias han sido las bandas que han realizado sus propias versiones a temas de este disco: Voivod, Love and Rockets, Mars Volta. En su momento, recibió buenos comentarios por parte de la crítica, y fue el primer paso para desarrollar una base de fanáticos incondicionales y un legado respetable. Para el segundo álbum, la relación entre Syd Barrett y el resto de la banda ya estaba destrozada; pero aún tras su salida, el perfil de Pink Floyd siempre tuvo un matiz psicodélico: mientras las bandas contemporáneas de los años sesenta desaparecían o cambiaban de estilo, Waters, Gilmour, Wright y Mason aún conocerían el corazón del Sol y el lado oscuro de la Luna, jugarían con ecos y harían brillar diamantes locos, creando colores nuevos y despertando conciencias. Los especialistas musicales de la época lo llamaron rock progresivo, pero Pink Floyd estaba en una categoría propia. 50 años después, nadie lo puede negar.

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