"México es uno": Meade y el arribo de la alternancia en México

"México es uno": Meade y el arribo de la alternancia en México

 Foto: Rocko

Foto: Rocko

El primero de julio me levanté con el alma hecha un nudo. Apenas había tomado consciencia de mi cuerpo cuando recordé que ese día se decidirían los próximos seis años de mi vida. Y no sólo de la mía, sino la de todos los mexicanos, incluido aquellos fuera del país.

Las votaciones habían llegado y, contenta o no con los candidatos y sus propuestas, se acercaba la hora de ejercer mi derecho al voto. Aún no me sentía convencida de mi decisión cuando llegué a la casilla en punto de las nueve de la mañana, la cual llevaba —para ese momento— una hora de retraso en su apertura.

Me percaté inmediatamente de que el ánimo de las personas no era el mejor. Había mucha participación ciudadana, más de la que en mi corta vida había presenciado. Sin embargo, las personas estaban molestas por la demora. Una señora de cuarenta años le gritaba a un funcionario del INE y lo acusaba de corrupto e incompetente. Ahí me di cuenta de que lo que movilizó la acción de voto —no sólo de ella, sino de miles de mexicanos— fue el miedo.

México sentía miedo. El pueblo mexicano, por primera vez reconocía, ya fuera por conciencia propia o por el fatalismo promovido en los medios, su papel como actor social. Muchos sentían no sólo la obligación, sino también la necesidad y la convicción de elegir al candidato que mejor representara sus intereses.

 Foto: Fernanda Aguila

Foto: Fernanda Aguila

Llegó mi momento de actuar. Cuando finalmente recibí mis boletas, la ansiedad que había sentido al despertar regresó. Un agujero se formó desde el interior de mi estómago y movilizó mis extremidades superiores para tomar el marcador negro que se encontraba en la mampara del INE. En mi mente, pasaban una y otra vez los debates, las propuestas y mis ideales.

Después de releer cuidadosamente cada papeleta, plasmé mi elección en las boletas, doblé las hojas y las deposité en las urnas. En ese momento, tomé consciencia de que había elegido un plan a futuro que, con el apoyo de miles de mexicanos, podría convertirse en el de todos.

Ya con el pulgar pintado, me trasladé a 90.9 para contribuir en la cobertura del proceso electoral. Cuando llegué, todos estaban igual de nerviosos que yo. Adicional a la responsabilidad personal de decidir el futuro, sentíamos el compromiso de informar a los ciudadanos. Hubo muchísimas noticias falsas corriendo en los chats y en las redes sociales; también eso había que procurarlo y aprender a discernir. Como medio de comunicación, decidimos cambiar un poco el ánimo de las personas y nos encargamos de desmentir los rumores, a la vez que informábamos y entreteníamos a la audiencia.

A las cinco de la tarde, cuando la jornada electoral estaba a punto de concluir, me desplacé a la casa de campaña del CEN del Partido Revolucionario Institucional (PRI). Al llegar al enrejado verde bandera, me percaté de los miedos inconscientes que tenía de estar en aquel espacio. Sabía que estaba en la sede de un partido que, para muchos, es el gran culpable de todos los males del país. Me tomé unos segundos antes de ingresar. Con el gafete de acreditación en el cuello, entré al recinto que estaba sumamente custodiado por personal de seguridad. Al entrar nos proporcionaron unas hojas impresas con información relevante acerca de los cargos que estaban en juego. Claramente, el ánimo era todo menos festivo. La sobriedad de la prensa era notoria.

 Foto: Fernanda Aguila

Foto: Fernanda Aguila

Sin embargo, poco antes de las 20:00 horas aumentaron los ánimos. Coordinadores de campaña instalaron sillas adicionales cerca del escenario. Se rumoraba que el primero en brindar una declaración sería René Juárez Cisneros, presidente del partido tricolor. Apenas habían colocado los últimos asientos cuando se desplazaron alrededor de cuarenta personas hacía la parte frontal del escenario. Entre los presentes destacaban Claudia Ruiz Massieu Salinas ex Secretaria de Relaciones Exteriores, Aurelio Nuño, Secretario de Educación, y Javier Lozano Alarcón, ex Senador por el Partido Acción Nacional (PAN), quien ahora formaba parte de la campaña de José Antonio Meade

Brillaron por su ausencia los dinosaurios priístas que generalmente engalanan este tipo de eventos. Figuras como Osorio Chong, Beatriz Paredes, Videgaray o incluso, Manlio Fabio Beltrones, no estaban presentes. Fue ahí cuando recordé que Meade siempre se había proclamado como el candidato no militante del partido. "Quizá fue por eso que no se encontraban ahí", pensé.

Aplausos, gritos y vítores que proclamaban “Pepe, Pepe” dieron pie al discurso del candidato, quien se plantó firme, pero claramente desalentado, en el podio. Comenzó su discurso agradeciendo a todas aquellas personas que habían hecho posible la campaña. En ese momento, me percaté de que lo que ocurriría a continuación, nos daría un panorama mucho más claro de los resultados del PREP; un discurso que marcaría la pauta de los siguientes seis años.

La voz entrecortada y los rasgos faciales evidenciaban el lado más humano del candidato, quien, como cualquiera de nosotros en su situación, se sentía decepcionado de no haber alcanzado los resultados esperados. Tras agradecer a los presentes, se dirigió a la ciudadanía, a quienes les reconoció el interés y la enorme participación durante el periodo electoral. Segundos después aceptó que el panorama no era alentador para la coalición “Todos por México” y declaró que si bien todo favorecía al candidato Andrés Manuel López Obrador, él seguiría trabajando por el país.

Felicitó al candidato de la coalición “Juntos Haremos Historia” y cedió la palabra al presidente del partido, René Juárez. En ese momento, el ánimo entre los periodistas era feroz: todos querían obtener lo mejor de todas esas declaraciones sin precedentes. Ellos sabían —al igual que yo— que si el PRI estaba reconociendo la derrota, eso marcaría un parteaguas en la historia de nuestro país.

Tras pronunciar unas breves palabras y agradecer al candidato, rápidamente salieron los miembros del equipo de campaña de Meade y la carpa se tornó repentinamente vacía. Minutos después, en las pantallas colocadas alrededor del recinto, escuchamos el mensaje del candidato Ricardo Anaya Cortés, quien hizo lo propio y reconoció su derrota también (no sin antes acusar a los medios de haber dañado su imagen). Al igual que Meade, felicitó a Andrés Manuel, y se cortó la transmisión.

A partir de ese momento, ya no había nada más que hacer en el CEN del PRI. Caminé a la entrada para ver si habían ciudadanos curiosos —incluso molestos— ante las declaraciones del candidato. Sin embargo, la calle estaba prácticamente vacía, solamente acompañada por el tránsito cotidiano. En ese momento, me percaté de que al menos por ahora, el PRI había muerto; tan era así, que nadie estaba interesado en manifestarse en su contra, pues había motivos para celebrar en otros lugares.


Encuentra a Fernanda Aguila en Twitter como @fer_aguilav95

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