El primer acercamiento que tuve con los Beastie Boys fue en un compilado del Tibetan Freedom Concert. Ahí venía una canción de Rage Against the Machine que en 1997 me encantaba: “Bulls on Parade” en vivo. Yo era un mini-macizo de escuela fresa, disque metalero y disque alternativo: el hip-hop sólo me entraba si tenía guitarras. Luego vinieron Limp Bizkit y esas mamarrachadas, pero esa es historia de otra ocasión. Ese disco, propiedad de mi amigo El Enano, me abrió las puertas a muchas cosas que después marcarían mi vida. De entrada, a conocer superficialmente el conflicto en la región asiática, escuchar los versos de “Fake Plastic Trees” de Radiohead en vivo, la babosés de Beck en un track llamado “Asshole” y sobre todo, a pensar que el rock podía en cualquiera de todas sus formas (había rolas de Ben Harper y hasta Alanis Morrisette en ese compilado) cambiar al mundo. De la palabra a la acción, del verso al movimiento, Rage era sólo la punta del iceberg. Era 1997 y ese año “Sabotage” apareció en Beavis & Butthead, MTV pasaba música y yo cursaba primero de secundaria. El álbum del movimiento por el Tíbet había sido posible gracias a Adam “MCA” Yauch. Además de ser un ágil e irreverente emcee, Yauch era bajista. Me enteré de eso cuando escuché los primeros demos de los Beasties. Sus influencias no eran Afrika Bambaaata ni Red Alert, ¡eran los Bad Brains y Black Flag! Su álbum de demos pre Licensed To Ill, llamado Some Old Bullshit era hardcore público. Mientras el mundo entero bailaba “Body Movinʼ”, yo estaba obsesionado con otro compilado, llamado The In Sound From The Way Out!, un disco de funk instrumental, que mostraba ese otro lado de los Beasties, el que no sonaba en el Bull Dog Café. Las canciones de ese disco fueron durante mucho tiempo, los fondos del primer programa de radio que tuve: “Cinefonía”, un pasquín radiofónico en donde mi amigo Tizano y yo hablábamos más de las películas que nos gustaban. Los Beastie mueven algo muy grande dentro de mí, potencian mi lado hiphopero y hasta salsero.

Cuando escuché que Yauch tenía cáncer, no pude más que unirme a la oración (ecuménica, por eso del budismo) y esperar que su estado de salud mejorara. Él reía en el video que subieron a YouTube mientras Ad-Rock y Mike D se veían francamente consternados. Habían terminado un disco (hasta el momento inédito) y decidieron pausar su carrera. Las buenas noticias llegaron casi al año, cuando anunciaron la salida del Hot Sauce Committee Part 2, discazo del año pasado, que olvidó el hardcore rap con el que habían experimentado en el áspero tributo a su amada ciudad natal después de los ataques a las torres gemelas. Habían vuelto a los ritmos funk, a las rimas divertidas, a rapear porque uno “tiene que luchar por su derecho a enfiestarse”. Los Beasties lo habían hecho de nuevo, a modo de renacimiento.

La noticia me dejó helado. La prensa mundial confirmaba la muerte de MCA y, a diferencia de lo que sentí cuando me daban otras noticias, sentí algo triste en mi corazón. Los Beastie Boys han sido parte de mi vida desde hace casi 15 años.

Descansa en paz, Adam Yauch, alias MCA, alias Nathanial Hörnblowér: luchador por los derechos humanos, bajista, MC, director de videos y DVDs increíbles (chéquense por favor el Awesome, I Shot That, producido por su casa productora Oscilloscope y dirigido por él), enfant terrible del trío más poderoso de Brooklyn. Estoy seguro de que aún en el cielo (o en donde sea que esté) seguirás tirando huevos a las casas de los acaudalados y envidiosos; mientras tanto, acá le volvemos a dar play a la obra maestra de tu grupo: el siempre sorprendente y emocionantePaulʼs Boutique. Gracias por todo.

Acercamiento a la O del poema “Avestruz”

"Una de mis bandas favoritas ha dejado de existir"