[EXTRACTO]: Althaea, el misterioso destello verde azulado de los Trailer Trash Tracys

[EXTRACTO]: Althaea, el misterioso destello verde azulado de los Trailer Trash Tracys

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Son las 3 de la mañana en Manila, Filipinas y una fiesta acaba de terminar. Calyx llega a su casa, un poco mareado por la cervezas y ese último trago de algún destilado cuyo nombre no recordará por la mañana. De todas maneras, para su trabajo, siempre venían bien algunos estupefacientes… aunque no tantos, pues hacer acrobacias que otros actores no quieren, consumir cosas y trabajar con un director de cine no es una buena combinación. Es momento de dormir. Los audífonos puestos. Y la música que comienza a sonar… Son las 4 de la tarde en Berlín, Alemania y una niña descubre un libro escrito por un tal Jean Paul. Habla cosas que ni ella entiende. Cosas de leyes, de amor. Cosas de adultos. Entre las líneas, lee una palabra que hasta el momento desconocía. Doppelgänger, dice el texto. ¿Qué querrían decir esas letras? ¿Estaba leyendo bien? En las bocinas de su padre, suenan los tamborazos...Son las 9 pm en la CDMX y un adulto que todavía se cree niño le da play a un álbum nuevo en Spotify. Es su momento favorito del día. Cuando por fin los demás duermen y tiene el silencio como aliado para la apreciación. Se da cuenta de que en la pantalla de su celular aparece un nombre que, de tan lejano, ya se vislumbra como en un sueño: Trailer Trash Tracys. ¿Serían los mismos del 2010? ¿Los mismos que tenían en su álbum debut —Ester, una portada firmada por el mismísimo Kurt Ralske aka Ultra Vivid Scene? Pues sí. Al parecer no estaban liquidados. Así, entre cobijas y páginas, el niño-adulto —o viceversa— se deja llevar hasta donde la melatonina le deje recordar…

Se necesitaba algo sustancial para sacar a los Trailer Trash Tracys del letargo. Algo así como un soundtrack. Por eso, cuando el director filipino Raya Martin les dijo que necesitaba una banda sonora para su película Althaea, los TTTs se alzaron de nuevo. Ahora comandados por dos cabezas —Suzanne Aztoria y Jimmy Lee—, los de Londres parecen haber estado perdidos en horizontes perdidos. Se respira lo selvático, pero también lo costero. Lo urbano, lo bucólico y lo mundano. ¿De qué se trata Althaea (Domino, 2017)?

La respuesta es difícil… ¿pero, si nos ponemos exigentes, qué pregunta no lo es? Por supuesto que hay algo de los carnavales de Filipinas. Hay algo de poesía, de páginas leídas, pues la literatura siempre ha sido un punto fundamental en el imaginario de los ingleses. Esas percusiones que parecen estar entre el limbo de lo tangible y lo inasequible y que irremediablemente cambian el entorno. Se vuelve verde azulado, como la portada del álbum. Un verde azulado penetrante, herbal y, extrañamente, musical.

 

Althaea es un diálogo que hay que interpretar. Y aunque a veces la interpretación se preste a que los mismos artistas entren en un juego de misterio y mentira, es la emoción por descubrir hipervínculos, lo que le da un plus a lo que suena. Por supuesto que hay referencias a la novela romántica Siebenkäs de J.P. Richter en la canción que toma su nombre prestado. También por ahí aparece el nombre de Oscar Wilde perdido entre referencias que los integrantes guardan celosamente, una guitarra sin trastes utilizada en la canción “Casadora”, música de cruceros que se vuelve ominosa con la debida distorsión, percusiones tropicales, baladas, dobles de películas filipinos, pasajes dedicados a la Luna, un vals y hasta riffs inspirados en un tema compuesto para James “Sonny” Crocket de Miami Vice. Es cuestión de buscar para encontrar.

 

Tal vez no haya un tema más “pop” que “Eden Machine”, que ya funcionó como sencillo; pero tampoco hace falta. Es un disco más de textura que de impregnado. Para muchos, hacen falta los ganchos para que las obras no se pierdan en la mediocridad; para otros, los ganchos hacen a la mediocridad. Estoy casi seguro que a los TTTs les da igual si tienen un -7 en Pitchfork, y una actitud así, en nuestros tiempos (sin importar si se está en Berlín o en Filipinas) es digna de admiración.

Son las 12 am en la CDMX y el adulto-niño —o viceversa—, recuerda que dejó prendido el farol artificial que alumbra su patio. El hechizo de Althaea todavía flota en el aire. Ya va por la cuarta o quinta vuelta ininterrumpida en su reproductor. Con el dedo sobre el interruptor, y justo antes de apagar la luz, ve —o cree ver— un destello verde azulado que arrasa con el patio en penumbras. En las bocinas de su cuarto, suenan los tamborazos...

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