El día en que muera la música, "Beyondless" de Iceage

El día en que muera la música, "Beyondless" de Iceage

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Cuando alguien habla de punk hay varias imágenes que son recurrentes en el imaginario colectivo: chamarras con estoperoles, mohawks, botas Dr. Marten, playeras con el logo de anarquía o con suásticas. Tristemente, este movimiento ha llegado a nuestros días más como un estilo o una marca que como lo que en realidad es: una ideología. La apariencia nunca ha sido lo importante, y por más que hoy en día muchas bandas nos quieran vender su actitud a través de la imagen, hay algo que no funciona. Las ideas son importantes, y siempre han sido el pilar detrás del punk. Por eso Iceage, a pesar de que se ven como niños bien con sus peinados y camisas fajadas, es una banda cumbre de este género hoy en día, con ideas frescas, tanto ideológicamente como la manera en que el punk se debería de escuchar.

Iceage se formó en el 2008 en Copenhague, como empieza casi todo: un grupo de morrillos de 17 años decide formar una banda de punk; clásico. Con Elias Bender Rønnenfelt en las vocales (hoy conocido en el medio como uno de los vocalistas más difíciles de entrevistar), Johan Surrballe Wieth en la guitarra, Jakob Tvilling Pless al bajo y Dan Kjær Nielsen en la batería, este cuarteto de punks firmó en Dinamarca con Tambourhinoceros, disquera independiente, mientras que en Estados Unidos firmaron con Dais Records. Su primer álbum, New Brigade, vio la luz del día en el 2011, y fue bien recibido tanto por la crítica como por los escuchas. New Brigade es una muestra temprana de la fuerza de Iceage, mezclando sonidos del punk, post punk y el hardcore; este álbum puso a Iceage desde temprano en un estandarte bastante alto. En el 2013, la banda sacó You’re Nothing, esta vez en Matador Records, material con el que se reafirma su postura como una de las bandas de punk actuales más relevantes, frescas y que más ruido hacen. Aquí Iceage resaltaba porque sus canciones eran sinceras, un punk violento y entucara que solo se puede lograr de manera honesta porque si no raya lo pose. Pero no fue hasta el 2014, con el lanzamiento de Plowing Into the Field of Love, que Iceage fue puesto a la vista de todos. Dicha producción sigue conteniendo ese enojo y violencia juvenil que sus primeros álbumes tenían, pero ahora reflejan una madurez, tanto en la composición y estructura de las canciones como en las influencias que se reflejan en estas. Rolas como “The Lord’s Favorite” nos muestran un Iceage que toma prestados sonidos del country, del punk y hasta de Nick Cave. Y es ahora, en el 2018, año de amenazas nucleares y arreglos coreanos, que Iceage nos bendice con su nuevo material Beyondless.

Podríamos tirarle a Beyondless y acusar a Iceage de dejar un poco atrás su sonido punk en una apuesta por una dirección mucho más pop. Sin embargo, esta cuarta entrega simplemente deja atrás el sonido punk pero nunca el espíritu ni la esencia de este. Detrás de los arreglos neogóticos que traen a la mente imágenes de flores marchitas, esa misma frustración y determinación juvenil se siguen asomando. “Hurrah”, el primer track del álbum, es un arrebato de guitarrazos y un ritmo rápido que sigue apelando al espíritu de la rebeldía. El coro de esta rola “'Cause we can't stop killing / And we'll never stop killing” habla sobre la constante sed del humano por propagar la violencia y abogar en nombre de esta, pero igualmente se puede leer como si Iceage nos estuviera advirtiendo “Nunca vamos a dejar de hacer esto” es lo que dice esta línea “Y nunca dejaremos de hacernos escuchar”.

La segunda canción “Pain Killer”, que cuenta con la colaboración de Sky Ferreira, se siente como algo que sonaría durante una persecución de coches, o por lo menos esas trompetas del principio son suficiente para hacer que alguien quiera estar en una persecución de coches. “The Day the Music Dies” es otra de las explosiones que escuchamos en la primera mitad del álbum, y de las que más contiene el alma punk de Iceage. En “Plead the Fifth” podemos escuchar la voz tensa de Elias que, cantando sobre la identidad y el ser, parece que en cualquier momento se va a quebrar. “Catch It” suena como un himno borracho que comienza con una embriagada lentitud para concluir en un espiral de destrucción y nihilismo (casi como siempre acaban las borracheras). “Thieves Like Us” es un popurrí entre country, folk y un poquito de bluegrass. “Take It All” bien podría ser la balada de Beyondless, la voz cantando “Take it all away from me” junto con la instrumentación que suena bastante shoegaze, hace que todo parezca que procede de un ambiente onírico. La siguiente rola, “Showtime”, también transporta en un ambiente bastante fantástico a la Twin Peaks con los saxofones que se escuchan durante la canción. Esta es bastante repetitiva y en ella se nota la influencia de artistas como The Velvet Underground y su capacidad de mezclar géneros como el noise y el pop. “Beyondless”, la rola con la que cierra el álbum, es el final que se espera después de haber escuchado las demás canciones. En esta la voz ya no es forzada, si no suena cansada:, de la vida, de los problemas, de todo; y los instrumentos funcionan como una especie de colchón o contraparte que sostiene a la voz. A pesar de sonar pesado, la canción se escucha como una brisa, o un momento que pasa.

Más allá de hacer un cambio en la música simplemente para innovarse o encontrar un nuevo público, Beyondless suena como el camino natural que Iceage tuvo que, a fuerzas, tomar. Un álbum agridulce, con las mismas partes de dolor y enojo como de amor y sueño. Alguna vez Iggy Pop dijo que Iceage era de las pocas bandas actuales de punk que siguen siendo peligrosas, y no puedo pensar en un cumplido más grande para un artista que alguien diga que eres peligroso. Y es justo lo que Beyondless es, un peligro: hacia la música y hacia el arte, hacia la cultura y la política, el conservadurismo y la ignorancia. El punk siempre debería de innovarse y de ser peligroso, y esto es algo que Iceage entiende desde un principio.


Encuentra a Santiago Gómez en Twitter como @x666nox

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