1985: Sacudidas, derrumbes y despertares

Antes de 1985, la Ciudad de México había padecido unos cuantos terremotos que habían logrado permanecer en la memoria de la gente: el de 1957, que derribó a la Victoria alada del Monumento a la Independencia (conocida entre el vulgo como "El Ángel"), o el de 1979, cuando se cayó la Ibero, causa de que nos tuviéramos que mudar a Santa Fe. Si nos vamos más atrás ―antes de que todos nosotros naciéramos― también hubo uno muy famoso en 1911, que ocurrió el día en que Madero entró a la Ciudad de México y que dio lugar a toda clase de asociaciones (que acabaron de derrumbarse en la infame Decena Trágica). Así podríamos ir en retroceso, hasta las épocas de nuestros ancestros prehispánicos cuando, muy probablemente, Acamapichtli veía con frustración cómo se derrumbaba su primera versión del Templo Mayor. Pero, de regreso al Siglo XX, llama la atención que los objetivos de la Madre Tierra se hayan centrado en símbolos relacionados con la Independencia, la Revolución y la educación. En 1985, una vez que hubimos visto el tiradero que dejó tras de sí el terrible sismo, pudimos contemplar con sorpresa que lo que se había tambaleado en esa ocasión era el mismo gobierno.

El país se encontraba en una especie de sueño profundo: diecisiete años antes, la generación del '68 había sido sosegada ―no por las buenas―; al igual que con los Juegos Olímpicos de aquel año, México se preparaba para llevar a cabo una justa deportiva de talla internacional: la décimo tercera Copa del Mundo, México ‘86, evento que se promovía alrededor del orbe como "El Mundial de la Paz" (por una moción de la ONU), y el país tenía que aparentar ser el modelo pacífico perfecto. Hoy, en retrospectiva, parece que el pueblo mexicano no era pacífico, sino apático. Esto puede comprenderse, ya que después de haber vivido todo el Siglo XIX y principios del XX en pie de guerra, nos estábamos tomando un merecido descanso de tanto catorrazo. Pero, ¿se justificaba que permaneciéramos calmados?

El peso caía ante el dólar como nunca: si ahora se quejan que el dólar está a "17 pesos", deben saber que en realidad son 17,000, pues se devaluó tanto durante el gobierno de Miguel de la Madrid, que Salinas tuvo que quitarle "tres ceros" a nuestra moneda. Pero en 1985, simplemente dejábamos que las cosas sucedieran a nuestro alrededor. Aun así, las autoridades pensaban que los jóvenes debían mantenerse alejados de cualquier aglomeración: no había conciertos en la Ciudad de México, la recién nacida Rock 101 había promovido la visita de Blue Öyster Cult en ese 1985, pero el evento fue cancelado a última hora, con el grupo ya presente en el Palacio de los Deportes. Nosotros no hicimos nada, simplemente ir a la tienda de discos Super Sound a que nos devolvieran nuestro dinero.

Entonces vino la sacudida.

La ciudadanía despertó del letargo: ante los destrozos, las masas se pusieron en movimiento y consiguieron reaccionar antes que el gobierno, que sumergido en su papeleo burocrático, entró primero en confusión, y luego, al ver la movilización, en pánico. Tuvieron que acordonar las zonas, prohibir que la gente se reuniera, disminuir el número de muertos para aparentar que no era necesaria tanta actividad. Y no era para menos: el pueblo nunca había estado tan comunicado y, sobre todo, tan organizado.

La negligencia y falta de responsabilidad del gobierno no la dejaron pasar por alto nuestros compatriotas. Podían estar en la miseria, e incluso ser arrollados por el ejército, pero sentirse abandonados e ignorados era imperdonable. Por supuesto, una de las estrategias del partido oficial para voltear la situación a su favor fue usar el término "Solidaridad" para la campaña de Salinas en su camino a la presidencia, en alusión a la palabra que tanto se manejó en los medios durante esos días de conmoción. De nada sirvió. La gente estaba dolida y su castigo fue votar por el llamado "Frente Democrático Nacional" en las elecciones de 1988. ¡Ah, claro! Se cayó el sistema. También debió de haber quedado resentido por el sismo de ocho grados. Pero esa es otra historia. En su paso de muerte, el terremoto de 1985 nos había hecho mostrar signos de vida.

Hoy se dice que hay indicativos de que la llamada "Brecha de Guerrero" nos hará pasar un mal rato en un futuro; estas placas, que no se han movido desde el mencionado terremoto de 1911, pueden generar un movimiento telúrico de mínimo ocho grados. Si a esto sumamos los movimientos sociales ocurridos desde hace un año ―también en septiembre―, a causa de la desaparición de estudiantes en Ayotzinapa, podemos decir que ese estado al sur de la República aún nos va a sacudir bastante. Hay que prepararnos. Tal vez necesitemos despertar de nuevo.

 
 (Gracias a la socióloga María Eugenia Márquez por sus valiosas contribuciones)

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