Las butacas más incómodas de la Liga MX

El ”Coloso de Las Maravillas ”, bautizado así por la colonia en la que se encuentra, es hogar de los Camoteros del Puebla equipo que actualmente pende de un hilo para seguir en Primera División. No es desconocido que este estadio es una de las reliquias del futbol mexicano; a pesar de haber sido sede de dos Mundiales hoy día es olvidado por completo por el gobierno de la ciudad: se encuentra descuidado de pies a cabeza, desde los accesos al mismo, hasta las butacas que son, sin dudarlo, las más incómodas de la Liga MX, además de contar con innumerables goteras que hacen una experiencia digna de olvidar. Ver un partido en el Estadio Cuauhtémoc es una hazaña meritoria de condecoración: soportar el tedio, vencer al sueño, sobrevivir a las butacas destroza-espaldas y aún tener la suficiente entereza para escribir la crónica.

Además de la mala infraestructura con la que cuenta el estadio, el equipo no da para mucho más. Hundido por Rubén Omar Romano, el equipo se encuentra, de nuevo, en peligro de descender, pero como ya es un clásico en estos dramas, José Luis Sánchez Solá aparece en el guión para una vez más salvar al equipo poblano del descenso. Es curioso cómo en esta ecuación aparece el factor Cuauhtémoc Blanco, quien a sus 41 años se siente con la capacidad de cargarse el equipo a la espalda -literalmente- y correr -o tratar de hacerlo- como un joven de 19; el compromiso, profesionalismo y las ganas de demostrar que aún sigue vigente hacen que valga la pena pagar el boleto y soportar las butacas y la incomodidad.

La chuchería de Noriega neutralizó el tanto inicial de Matías Vuoso. Con ello, los ‘camoteros’ del Chelis suman otro punto vital por su lucha contra el averno. El equipo poblano se salvará del descenso por el liderazgo y profesionalidad de Cuauhtémoc y por el amor a la camiseta y el “sentimiento poblano” que corre por las venas de su director técnico, quien, como apuntó en conferencia de prensa, tratará de transmitirlo a sus jugadores, hambrientos de triunfos pero sin una brújula clara en el horizonte. Sólo salvarse. Y, de paso, que su gallardía y entregan hagan valer la pena las horas de engorro sentado en las butacas más incómodas de México.

 

Rodrigo Salvador // @rodrigosa90

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