France Gall: Adiós a la chica Yé-yé más icónica de toda Francia

France Gall: Adiós a la chica Yé-yé más icónica de toda Francia

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Una profunda mirada color avellana, flequillo rubio que cae sobre una par de oscuras cejas y una tímida sonrisa a juego con las pecas que la enmarcan: esa es probablemente la imagen tatuada en la memoria de toda Europa en la época de los sesentas, una década en la que el fenómeno de la música Yé-yé se diseminaba por el viejo continente. El pasado 7 de enero de 2018 se nos fue France Gall. Le Temps de l'amour.

Las minifaldas hacían su entrada triunfal de la mano –o mejor dicho, sobre las piernas- de las baby-boomers, esa generación nacida después de la post-guerra, para la que quedaban muy atrás las preocupaciones con las que cargaron las generaciones predecesoras: hambre, pobreza, ciudades devastadas. “Mirar hacia adelante es vivir sin temor” recitaba una de las canciones más conocidas en Latinoamérica en aquella época, interpretada por otra memorable chica Yé-yé española, Karina. El renacimiento de Europa y el sentimiento general de esperanza en el futuro y la vida moderna permitía que las ocupaciones principales de los jóvenes europeos se centraran en la moda, el arte, la música, la liberación sexual y los movimientos de protesta anti-nucleares.

Fue esta la época que vio florecer a la quinceañera France Gall, nacida en el seno de una familia de músicos –su padre incluso escribía canciones para la mismísima Edith Piaf–. Seguramente, ella supo desde muy niña a lo que se dedicaría, pero probablemente nunca se imaginó la relevancia que su talento, imagen y belleza tendrían en la historia de la música francesa. Si bien es cierto que por la escena Yé-yé desfilaron inolvidables figuras como Françoise Hardy, Sylvie Vartan o la ya mencionada diva española, Karina, muy pocas de estas personalidades lograron lo que France, es decir, experimentar con estilos diferentes y lograr adaptarse exitosamente a las nuevas corrientes musicales, prolongando su presencia en los escenarios y explotando su talento tanto como le fue posible, además de haber tenido una vida personal extraordinaria.

Chante, danse Baby pop.

La primer década de la carrera de France estuvo marcada sin duda por sus colaboraciones con Serge Gainsbourg, el polémico cantante, compositor, director y actor francés –padre de nuestra querida Charlotte Gainsbourg– cuya genialidad solo puede ser equiparable al nivel de escándalo del que se rodeó toda su vida. Dicha personalidad controversial en combinación con el evidente carisma de France catapultó al dueto a la fama. Todo comenzó con su colaboración en 1965 para el prestigioso Grand Prix Eurovision de la Chanson Européenne, algo similar al famoso Festival OTI celebrado en Latinoamérica; en dicho festival, Gall, de tan solo 17 años, se llevó el máximo galardón con su interpretación de “Poupee De Cire, Poupee De Son”, canción escrita por Gainsbourg. El tono, la letra y el estilo de France Gall y la canción fueron severamente criticados por expertos y grandes figuras de la música, quienes consideraban que dicha pieza no estaba a la altura de los estándares históricos del festival, al otorgarle el máximo premio a una joven representante de la nueva era artística francesa. El festival marcó un momento histórico para la industria musical francesa.

Sobre esta misma época se lanzó “Laisse tomber les filles”, quizá algunos la reconozcan por el cover en inglés que April March hizo de esta canción para el soundtrack de la película Death Proof (2007) de Quentin Tarantino.

Con la fama comenzó el asedio a la nueva estrella juvenil, quien era el centro de rumores y burlas en el medio del espectáculo, pues viniendo de una familia acomodada y asociarse con una figura como la de Serge Gainsbourg era constantemente retratada por la prensa como una “Lolita”, una niña rica y tonta de mediano talento y grandes aspiraciones de fama que bailaba y cantaba bajo las órdenes de lujuriosos lobos de mar de la industria, así como de su propia familia, quienes explotaban sin escrúpulos la sexualización de su imagen, como lo podemos ver en esta escena del biopic “Gainsbourg, vie héroïque".

Dicha imagen no mejoró cuando 1966 France lanzó el hit “Les sucettes”, canción escrita por Gainsbourg con un claro doble sentido que hacía referencia al sexo oral, en el video musical la dulce cantante de 18 años entonces camina rodeada de botargas gigantes y dulces con formas fálicas.

En 2001 la misma France Gall contó en una entrevista la historia de dicha canción y afirmó que ella no comprendía en aquel momento el significado sexual de la misma, al descubrirlo se sintió “traicionada por los adultos a su alrededor” pues tomaron ventaja de su ignorancia y lucraron con su inocencia. En algunas entrevistas en las que Gall apareció junto a Gainsbourg se aprecia al compositor haciéndole preguntas a la joven sobre dicha canción, aparentemente a modo de burla pues ella no da ninguna señal de entender lo que pasaba. Esta historia provocó el distanciamiento del dueto, hasta el punto de que la cantante se negó a volver a cantar el tema durante el resto de su carrera pues aseguró que después de esa experiencia jamás volvió a ver a los hombres ni a relacionarse con ellos de la misma forma, aunque también aceptó que aprendió a tomar ventaja del éxito con el tiempo.

Ja, ich singe!

Al concluir sus asociación con Gainsbourg a finales de los sesenta, quien para entonces ya era una estrella por sí mismo, la carrera de Gall comenzó su descenso en su país natal, por lo que buscó reavivar su carrera aprovechando su dominio del idioma alemán. Este fue un movimiento inteligente de su parte, logró su objetivo con mucho éxito, pues en Francia ya no era bien recibida por el público juvenil, y tampoco tenía popularidad entre los adultos, por lo que tenía frente a ella la oportunidad de redefinirse nuevamente como cantante lejos del escándalo de antaño.

Fue a mediados de los setenta que gracias a su nuevo mejor amigo y colaborador Michel (Miguel) Berger fue que France encontró un nuevo estilo con el que se sintió  cómoda. La estrecha relación entre Miguel y France fue un factor determinante durante el resto de su carrera, pues de ahí en adelante ella decidió cantar piezas escritas únicamente por Berger, quien se convertiría años después en su marido.

El cambio de estilo de France Gall hacia el género de La Chanson le abrió nuevamente las puertas del mercado francés y le permitió continuar experimentando en diversos géneros musicales. Participó en la ópera rock Starmania a finales de los setenta y en el musical Made in France, puestas en escena que fueron un rotundo éxito en Francia y la colocaron en la cúpula de la escena europea nuevamente, donde siguió cosechando éxitos durante la década de los ochenta, principalmente colaborando en los proyectos musicales de su marido y lanzando ocasionalmente singles propios, como su conocido tributo a Ella Fitzegerald, "Ella, elle l'a".

A inicios de los noventa, France tomó un descanso de su carrera, pues la muerte de su marido y el cáncer que le fue diagnosticado le impidieron continuar sobre los escenarios. En 2004 France sorprendió nuevamente a su público con el lanzamiento del video musical “La Seule Chose Qui Compte”, su última producción antes de que las complicaciones del cáncer la vencieran. Dicho trabajo es especialmente distintivo de esta gran cantante, pues es una muestra de que hasta el final de su carrera siempre le interesó romper sus propios límites y explorar los nuevos horizontes que el mundo a su alrededor le deparaba. Sin duda una entrañable cantante que será siempre recordada como un ícono de la música francesa y europea a lo largo de su historia.

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