Fusión alma-cuerpo en la danza de Daniel Abreu

Fusión alma-cuerpo en la danza de Daniel Abreu

Daniel Abreu ejecutando Cabeza. Pieza de su propia autoría en el Festival Internacional Cervantino.

Daniel Abreu ejecutando Cabeza. Pieza de su propia autoría en el Festival Internacional Cervantino.

Platón nos vendió el Topus Uranos (mundo de las ideas) como la verdadera realidad, desde ahí el pensamiento de Occidente le ha jugado en contra a la materia, dibujándola como algo menor a lo intelectual. El Cristianismo se ha dedicado a enfurecernos con nuestro cuerpo culpándolo de los males de la concupiscencia. Sin embargo, el cuerpo parece la  única instancia para existir en este mundo, nuestra desconexión es ilusoria. ¿En verdad hay una distinción entre materia y pensamiento?...

Daniel Abreu, utiliza su cuerpo en un escenario para convocar la posibilidad del lenguaje corporal como mecanismo para hablar acerca del shock. El Premio Nacional de Danza en España, se retuerce en movimientos con fuerza para abordar lo terrible de un suceso inesperado y el trauma que éste puede ocasionar en un ser humano.

La puesta en escena Cabeza, es una obra que lleva seis años en gira. Y ayer fue presentada en el Teatro Cervantes en el marco del Festival Internacional Cervantino. Llenando de dudas a algunos espectadores y en presencia de algunos comentarios imprudentes durante la función. Debe ser, porque el danzante renuncia a la narración lineal y opta por la de sugerir historias que se traduce a una ruptura con la producción habitual donde nos dan un final irrefutable.

Abreu no busca dar una narrativa lineal que contenga una conclusión en específico, sino plantea que “sugerir” le otorga la posibilidad al espectador de apropiarse del contenido y llevarlo hacia sí.

Tomando como referencia los estudios de psicología que posee, el danzante va de un lado a otro en el escenario en búsqueda de respuestas sobre cómo superar una crisis. No hay una receta que seguir, sino más bien la muestra de un proceso. El viaje comienza en la confusión y el desánimo primero, para después continuar por una exploración que va de la melancolía hasta la euforia.

En una pieza en solitario, el artista nos refiere a la terrible soledad que implica el crecimiento humano al superar una crisis, de ese modo, se plantea que nuestros procesos mentales y emocionales se trasladan a nuestros cuerpos. La materia jamás es independiente de la mente.

En las múltiples presentaciones de la pieza Cabeza, se entretejen cambios pues el artista piensa que el trabajo en el escenario debe reflejar sus indagaciones propias y nuevos descubrimientos. Más allá de una pieza mecanizada por la técnica purista, se busca conectar con un mensaje hacia quién observa; aceptar la complejidad que no es ordenada sino que da saltos entre posibles resoluciones.

Habría que debatir que un mundo donde se discute la biopolítica, la revisión crítica de género y una ética que discuta las posibilidades de la tecnología sobre nuestros cuerpos; pensarnos fuera de nuestra materia corpórea ya no tiene sentido. Por tanto, las manifestaciones artísticas son un reflejo de estas nuevas propuestas sobre los cuerpos, donde no sólo la perfectibilidad del canon merece ser centro de atención, sino es en la multiplicidad y el paso del tiempo, donde se halla la certeza de que ese cuerpo está vivo.

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Yo creo en la formación de la danza a cualquier nivel porque significa que uno aprende a controlar sus impulsos y el mensaje.

Daniel Abreu ejecutando Cabeza. Pieza de su propia autoría en el Festival Internacional Cervantino.

Al menos la danza contemporánea de Abreu, proclama una revisión que parta desde una técnica en la danza sin que ésta sea su objetivo final, para intentar que arriba del escenario se activen diálogos de contenido y despierte en el espectador más que una admiración de técnica, un desprendimiento de emociones y reflexiones.

La danza al implicar una activación consciente de nuestra corporalidad puede ser el mecanismo para corromper una de las tradiciones más largas en el pensamiento, la separación alma-cuerpo, y nos llevé a lo que Merlau Ponty proponía: “Todo cuanto sé del mundo, incluso lo sabido por ciencia, lo sé a partir de una visión más o de una experiencia del mundo sin la cual nada significarían los símbolos de la ciencia”. La experiencia de vida, sólo me es posible a través del cuerpo.

Daniel Abreu ejecutando Cabeza. Pieza de su propia autoría en el Festival Internacional Cervantino.

Daniel Abreu ejecutando Cabeza. Pieza de su propia autoría en el Festival Internacional Cervantino.

De manera afortunada, Abreu nos platicó un poco de su propuesta. Dejando entre ver, que no sólo basta con establecerse en un escenario sino también la reflexión continúa sobre lo que se ejerce a través de la pedagogía de su escuela.

Acá la entrevista:

Ibero 90.9: Conjuntas la psicología con tu trabajo en danza. ¿Cómo logras este encuentro?

Daniel Abreu: La psicología te enseña distintos puntos de vista. Las distintas formas de ver la realidad, y esto ha permitido que en mi trabajo, yo pueda afrontar una escena desde muchos puntos de vista.

Me refiero a que trato de sugerir y no de narrar. Un cuerpo frustrado es un cuerpo que golpea el aire y al mismo tiempo es un cuerpo abatido. Entonces, poder transmitir esto con simbología, como en Cabeza, este cuerpo que baila… Yo me presento en una posición muy frágil y muy de equilibrio donde estoy golpeando el aire. Es una manera de trascribir y de contar qué es eso de la frustración.

A partir de ahí, el cuerpo no se queda en la frustración, se mueve y se desarrolla hacia un lugar de esperanza y de camino. No nos vamos a quedar en el mismo estado. Todos esos caminos que yo veía, fui cambiando el cuerpo y presentándolo al espectador. Para eso, uso luz y efectos, no soy sólo yo.

Ibero 90.9: Parece que la tradición nos dicta que hay una dicotomía entre mente y cuerpo, pero pareciera que tú estás discutiendo este postulado…

Abreu: Desde mi punto de vista no estamos tan separados mente y cuerpo. Entiendo que a nivel social y cultural todavía podamos hablar de “Ay me duele la rodilla”, como si no fuera mía. Eso está muy metido en el lenguaje, pero la realidad es otra. Somos mucho más, estamos conectados. Y no sólo como individuo, sino también con sistemas familiares, sociales. Al final, somos el resultado de muchas cosas que pasan a la vez.

Esto es muy rico para la danza, porque cuando se trata de hablar de un individuo en la escena, hay que hablar de un individuo en relación con lo que piensa, siente y le duele. Entonces, es muy interesante para la creación porque es muy complejo poder transmitir ese mensaje sin que sea confuso.

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La danza contemporánea abre otros caminos, otros cuerpos y otra capacidad de expresión

Daniel Abreu ejecutando Cabeza. Pieza de su propia autoría en el Festival Internacional Cervantino.

Ibero 90.9: ¿Cuál es tu postura de que haya distintas corporalidades el escenario?

Abreu: Bueno, es un reflejo de la sociedad y de lo humano. Evidentemente, la danza clásica (quizás nuestro legado más cercano) hablaba de la perfección y hoy todavía también, de que hay que llegar a unos cánones perfectos para poder representar un gran ballet.

La danza contemporánea abre otros caminos, otros cuerpos y otra capacidad de expresión. Se acerca más a lo humano. Por eso, también la narrativa se aleja un poco del príncipe y la princesa, se aproxima más a una realidad de personas a la que le pasan cosas y no todo el mundo, quiere tener pareja y ser modelo, no todo el mundo quiere ser delgado e ir al gimnasio. Somos muchas más cosas… Y la danza, puede permitirse contemplar eso.

Entonces, en ese recorrido de los bailarines cuando van cumpliendo edad, también van viviendo esa experiencia y observan como su cuerpo puede expresar cosas estupendas y maravillosas sin tener el cuerpo perfecto de niño de veinte años; ni siquiera se pueden realizar las acrobacias. Aceptar que hay otra manera de contar y otros mensajes.

Ibero 90.9: Para dar esta otra visión de la danza, ¿Cuál es la importancia de la enseñanza, de crear una pedagogía de la danza?

Abreu: Es importante porque en el pasado se enseñaba que todo el mundo se tenía que ajustar a la imágenes del libro. Nos decía (el libro) “ésto hay que hacer” y todo el mundo se ajustaba.

Hoy el camino puede ser al revés, desde el propio cuerpo podemos acercarnos al libro. Lo que intenta la danza es contar, es comunicar con el espectador. Entonces, es aprovechar todas las herramientas que tenemos desde lo físico y lo corporal para que todo mundo pueda contarlo.

Es verdad que cuando se sube a un escenario se nota la diferencia entre un bailarín y alguien que no lo es. Pero la diferencia es que uno sabe utilizar sus recursos y el otro no lo tiene tan en cuenta. El talento es importante, pero también es importante saber cómo manejarlo.

Yo creo en la formación de la danza a cualquier nivel porque significa que uno aprende a controlar sus impulsos y el mensaje.

 

Daniel Abreu ejecutando Cabeza. Pieza de su propia autoría en el Festival Internacional Cervantino.

Daniel Abreu ejecutando Cabeza. Pieza de su propia autoría en el Festival Internacional Cervantino.

Abreu tiene unos ojos alegres de grandes pestañas. En el escenario es un punto inesperado. No puedes anteceder cuál será el siguiente movimiento y en eso tiene un poco más de relación con la vida, que como dice Monterroso: la vida es movimiento perpetúo.

Daniel Abreu ejecutando Cabeza. Pieza de su propia autoría en el Festival Internacional Cervantino.

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