Lo que nadie te contó sobre la muerte de Lady Di

Lo que nadie te contó sobre la muerte de Lady Di

NPG P716(3), Diana, Princess of Wales NPG P716(3), Diana, Princess of Wales

Un 31 de Agosto de 1997 a la edad de 36 años murió la que probablemente sea la princesa más famosa de la historia, en medio de trágicas y enigmáticas circunstancias. En su 20 aniversario luctuoso los llevaremos de la mano por un recorrido lleno de misterio, datos bizarros y teorías de conspiración a través de los aspectos más nebulosos y oscuros de la muerte de Diana Spencer, conocida en otro tiempo como la gran Diana, Princesa de Gales.

El Mercedes S280.

El auto en el que Diana y su novio, Dodi Al Fayed, viajaban juntos era propiedad del Hotel Ritz Paris, que a su vez le pertenecía al padre de Dodi, Mohamed Al-Fayed. Todas las investigaciones se centraron en los aspectos específicos del accidente en esa madrugada: el exceso de velocidad, los niveles de alcohol encontrados en la sangre del conductor y la falta de uso de cinturones de seguridad por los pasajeros. Sin embargo poco se dijo de la historia del automóvil en sí, que había tenía registrados extraños percances por sí solo.

Tres años antes del accidente de Spencer, el Mercedes había sido adquirido por Éric Bousquet, un ejecutivo de publicidad parisino que posteriormente fue notificado sobre a ubicación del vehículo en las inmediaciones del aeropuerto de Roissy; se determinó que el vehículo había sufrido un fuerte accidente que involucraba la volcadura del vehículo y fue vendido como chatarra. Sin embargo, dos años después en 1996, el vehículo ya “tuneado” fue nuevamente puesto en venta nada menos que por una concesionaria de la propia Mercedez Benz y posteriormente adquirido por Jean-Francois Musa, el dueño de Étoile Limousines, agencia que prestaba sus servicios al ya mencionado Hotel Ritz Paris.

De acuerdo al autor del libro Qui a tué Lady Di (¿Quién mató a Lady Di), publicado en 2017, Musa notó inmediatamente que andaba mal con el auto y tuvo que visitar en repetidas ocasiones el taller mecánico debido a los diversos problemas que ocasionaba. Para rematar, el autor John Morgan en su libro Diana Inquest: The French Cover-Up, aseguró en 2010 que logró entrevistarse con Musa y que éste le aseguro que en abril de 1997 (es decir 4 meses antes de la muerte de Diana) el auto le fue robado y desvalijado en circunstancias peculiares, pues el cuerpo del automóvil no fue tocado ni dañado ni tampoco sus partes mecánicas, sino que pequeñas piezas como los motores eléctricos, interruptores, circuitos los dispositivos que controlaban el manejo de las ventas, la dirección asistida y el sistema de freno antibloqueo (ABS) fueron extraídos, además de que las vestiduras fueron arrancadas junto con algunas partes del interior de las puertas, las llantas desaparecieron también. Posteriormente el auto fue llevado nuevamente a la agencia para ser completamente reparado. No es curioso que algunos creyentes de la teoría de que Diana fue víctima de un complot para asesinarla muestren un gran interés en dichos detalles de la historia del Mercedez, sobre todo en este último percance, ya que considerando los altos sistemas seguridad del automóvil -los más avanzados tecnológicamente en su tipo a nivel mundial para la época- estaban minuciosamente diseñados para proteger la vida de los tripulantes: las 8 bolsas de aire que equipaban el vehículo no se activaron para proteger a Diana ni a Doddi, las secciones delantera y trasera, llamadas “zonas de arrugamiento”, estaban especialmente construidas pare recibir la mayor cantidad del impacto, más o menos como lo haría un acordeón, lo que obviamente no pasó al ver las fotografías del auto completamente destrozado, el programa electrónico de estabilidad instalado estaba hecho para aplicar un freno de manera individual a cada una de las llantas para mantener el curso del coche estable en situaciones de exceso de velocidad, sin embargo ninguna de estas tecnologías pudo salvar la vida de Lady Di. Aquella madrugada, cuando la pareja solicitó el servicio de limousina no había ningún otro vehículo disponible en la agencia excepto por el Mercedes S280 que se encontraba convenientemente ya estacionado junto al lobby del hotel, ¿podría todo esto ser simplemente producto de la mala suerte o alguien quería asegurarse de que Diana estuviera en ese vehículo en particular para asegurar que el aparatoso accidente ocurriera? Continúen leyendo porque esto es solo la punta del iceberg.

Henri Paul.

Como lo comentamos antes, gran parte de las investigaciones tanto francesas como británicas, le atribuyeron un relevancia central al estado de ebriedad del conductor del automóvil, Henri Paul, cuyas pruebas de sangre mostraban un límite de alcohol superior al mínimo permitido por la ley francesa para conducir, así como a su consumo de Prozac, un conocido anti depresivo que le fue prescrito por su médico meses atrás ya que Henri se encontraba atravesando por un fuerte periodo de depresión derivado del reciente distanciamiento de su pareja sentimental.

Estos elementos, aunados al exceso de velocidad y la huida de los “paparazzi”, se presentaron como la combinación perfecta para el desastre y el caso fue declarado como homicidio imprudencial en 2008 por la Policía Metropolitana Británica. Sin embargo existen datos sumamente llamativos sobre la vida personal de este hombre que parecen no encajar con lo ocurrido en ese puente parisino.

Henri era un piloto privado experimentado, que se sometía a exámenes anuales para conservar su licencia entre los cuáles se incluían revisiones de condición física y pruebas de sangre e hígado para detectar problemas de alcoholismo, los cuáles aprobó sin ningún problema tan solo tres días antes de ocurrido el accidente, sus padres aludieron a estas pruebas repetidamente durante las investigaciones para probar que su hijo no era ningún enfermo, así mismo los amigos, y el mismo doctor de cabecera de Henri, testificaron que el susodicho bebía como cualquier otra persona en situaciones sociales pero nunca en exceso y que nadie jamás lo consideró un borracho.

La autopsia reveló que su hígado tenía condiciones normales y no mostraban ningún signo de deterioro propias del abuso del alcohol. Probablemente lo más perturbador es que en 2008, durante el cierre la llamada “Operation Paget”, nombre de la investigación llevada a cabo por la Policía Británica, el entonces Comisionado al frente de la investigación, John Stevens – quien por cierto fue nombrado Lord Stevens de Kirkwhelpington en 2002- se entrevistó con los padres del occiso y declarado homicida, y éstos aseguraron que Stevens les dijo que Paul “no se encontraba ebrio cuando ocurrió el accidente”; posteriormente el comisionado negó que hubiera tratado de confundir a la pareja y que lo que dijo en realidad fue que su hijo “no presentaba el comportamiento físico observable” de una persona ebria, pero que sin duda alguna se encontraba bajo la influencia del alcohol y no estaba en condiciones de manejar cuando todo aquello ocurrió...

Otro aspecto interesante de la vida de Henri era la amplia experiencia que tenía como conductor de alto nivel, su destreza era conocida en la agencia para la que trabajaba y fue enviado en dos ocasiones distintas a Stuttgart, Alemania, para tomar cursos especializados impartidos por la propia Mercedez-Benz para aprender técnicas de manejo de sus vehículos en situaciones extremas tales como ataques terroristas e intentos de secuestro, lo que hace aún más difícil entender la forma en la que perdió control del vehículo por completo.

Algunos de los datos más sorpresivos fueron encontrados posteriormente a su muerte, su autopsia reveló la presencia de una droga llamada Zentel en su organismo, dicha sustancia es comúnmente prescrita a gente en situación de calle ya que se usa para contratacar las infestaciones por gusanos en el organismo, el doctor de Paul negó haberle recetado dicho medicamente a su paciente; así mismo se descubrió que mantenía quince cuentas bancarias distintas a su nombre que sumaban en conjunto una cantidad de dinero que “superaba el ingreso esperable para una persona con su cargo y sueldo”; otro misterio sin resolver apareció finalmente al revisar grabaciones de minutos antes de la partida de la limousina del Ritz donde se observó claramente que Henri realizó una señal hacía el lugar donde se encontraban los paparazzi esperando afuera de las inmediaciones del hotel, pero jamás fue revelado si se descubrió la intención o la persona a la que iba dirigidos dichos gestos.

¿Es posible que una personalidad completamente distinta y contradictoria a las capacidades y comportamientos normales de un individuo se presente azarosamente un fatídico día? ¿Suerte o incongruencia? Ustedes decidan.

El Fiat blanco.

Al examinar el Mercedes después del accidente se encontraron restos de pintura blanca en el costado del automóvil negro en el que viajaba Diana, se determinó que éstos pertenecían a un Fiat Uno que habría hecho contacto con la limousina segundos antes de precipitarse hacia una de las paredes del puente. El padre de Doddi, Mohamed Al-Fayed, estaba convencido de que el accidente fue un asesinato orquestado meticulosamente por la familia real británica y sostuvo durante el curso de todas las investigaciones que había obtenido información de que dicho auto era conducido por un agente del MI6 (el Servicio Secreto del Reino Unido), encargado de provocar el fatal choque, y que la identidad de dicho agente era Jean-Paul James Anderson, un periodista francés que había conseguido fotos exclusivas de Diana un mes atrás durante sus vacaciones en Saint Tropez.

La llamada “Operación Paget” determinó que James efectivamente poseía un vehículo que coincidía con la descripción, sin embargo aseguraron que se encontraba en pésimas condiciones, con un alto kilometraje al momento del accidente y que no había recibido mantenimiento durante varios de sus nueve años de vida, los vecinos del periodista confirmaron esta afirmación y la esposa de Anderson testificó que su marido estuvo con ella la noche del accidente, kilómetros lejos de París, por lo que James finalmente decidió vender el vehículo en octubre de 1997.

Después de dicha conclusión la policía continuó en la búsqueda de un vehículo con características similares, examinando aproximadamente cuatro mil Fiat blancos por toda Francia, hasta que finalmente después de tantos años de investigación se decidió en 2002 que debido a todo el tiempo que había pasado era inútil continuar buscando pistas al respecto del misterioso automóvil. En este punto todo parecía indicar que el tema del Fiat había muerto, sin embargo en mayo de 2000 ocurrió un acontecimiento que volvería a despertar las sospechas de quiénes aseguraban que todo había sido un plan perfectamente calculado para acabar con la vida de Diana: el repentino suicidio de James Anderson. Su cuerpo fue encontrado en un bosque en Millau, dentro de un vehículo calcinado en el asiento del conductor con un agujero en la sien, sin las llaves del vehículo, que jamás fueron encontradas. La explicación de la policía francesa fue que el agujero en el cráneo se debía al intenso calor al que el cuerpo estuvo expuesto y que no estaban relacionadas de ninguna forma al disparo de un arma de fuego.

Los amigos de James aseguraron que el reportero había estado teniendo serios problemas personales y que había mencionado el tema del suicidio en algún momento, sin embargo tanto la viuda como el hijo de Anderson rechazaron la versión del suicidio, sobre todo después de que un mes después de su muerte, Junio del 2000, la oficina del último trabajo de James fuera irrumpida a la fuerza durante la madrugada por personas desconocidas, sin que ninguna de sus pertenencias fuera robada, por lo que la familia demandó a las autoridades una investigación más a profundidad, pues aseguraron que James se encontraba en perfecto estado emocional e ilusionado con su nuevo trabajo para una agencia periodística de gran renombre, por lo que no tenía ningún sentido que se suicidara de esa forma a más de 600 kilómetros de su hogar. ¿Cabos sueltos sin explicación y una serie de escalofriantes coincidencias simplemente?

Después de veinte años, a pesar de las largas y extenuantes investigaciones y reportes policiacos, la pregunta sigue en el aire ¿Quién querría hacerle daño a Diana y por qué? ¿A caso ella guardaba secretos que incomodaba a alguien con los recursos para hacerla callar para siempre? ¿Representaba su vida una amenaza para los intereses de alguien con mucho que perder?

Lo más seguro es que nunca sabremos la respuesta a esas interrogantes y siempre podremos elegir creer las versiones oficiales, sin embargo siempre recordaremos a Diana Spencer como la princesa rebelde, la que usó su voz en los medios de comunicación para contarnos a los simples plebeyos que la vida de las princesas de la vida real está muy lejos de parecerse a los cuentos de hadas a los que estamos acostumbrados y estaba más cerca del vacío que provoca vivir de las apariencias, la soledad, la manipulación y la difamación pública sin escrúpulos.

Esa misma mujer que aseguró sin temor frente a las cámaras, en una sorprendente y franca entrevista en 1995; “esta princesa no se irá calladamente, pelearé hasta el final porque creo que tengo un destino que cumplir y tengo dos hijos a los cuales criar”, un personaje sorprendente, igual que el suceso que le arrancó la vida 20 años atrás.

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