¿Qué pasa después de enamorarse?
Los productos mediáticos enseñan cómo se puede vivir una vida. Todas las series, películas, libros e incluso TikToks funcionan como pequeñas guías que el subconsciente resguarda y eventualmente utiliza cuando llega el momento adecuado (o incluso cuando no lo es). Así de fácil se nos instalan normas que parecen imposibles de romper.
El cuento del amor romántico es probablemente el más famoso de la lista de cosas que se supone debemos seguir. Muy dichoso el sueño con lentes color rosa y medias naranjas que se aman perfectamente, sin límites ni contradicciones.
Pero, ¿qué pasa después del tan esperado enamoramiento? ¿Es normal que, de un día para otro, esa personita especial se vuelva todo? Y, más importante aún, ¿se puede culpar a alguien cuando no funciona?
Laura Juliana Ramírez Ruiz (Perrito Feminista), en su libro La primera vez que me enamoré, deconstruye el amor desde una mirada feminista y racional. Sin tanto sentimiento de por medio, parece más fácil entender por qué muchas veces el amor romántico consiste en aguantar sufrimientos, tener gracia, paciencia, y esperar que con suficiente tiempo (y amor) la otra persona termine por convertirse en el ideal de una comedia romántica.
Con un prólogo de Julia Didriksson Muriedas, que encuentra el libro desde una teoría centrada en el cuidado propio y ajeno como fuerza movilizadora del amor, Laura Juliana ilustra en su cómic a un perrito hecho con tinta morada y problemas de apego. Dibujándolo en las condiciones cotidianas que atraviesan el amor actual, poco a poco quita, con mucho cuidado y un lenguaje accesible para todas las edades, la curita que representa el mito del amor romántico.
A lo largo de sus páginas se llega a la liberadora conclusión: querer encontrarnos por completo en otra persona es una tarea imposible. Después de todo, tampoco pasa nada si todavía no sabemos exactamente quiénes somos. En una época donde el amor suele presentarse como una solución mágica a todas las incertidumbres, el libro recuerda que ninguna relación puede responder preguntas que ni siquiera nos hemos permitido formular.
Siempre recordando que es bueno querer ser amado (y querer encontrar a alguien a quien amar), el problema comienza cuando la razón queda de lado y ese deseo se vuelve el centro absoluto de la existencia. Todo sin olvidar la importancia de distinguir entre estar solo y sentir soledad, de no permitir que los traumas tomen las decisiones por nosotros y de reconocer el valor de todas aquellas conexiones que no encajan en el molde de lo romántico.
Como menciona el prólogo,”pareciera inherente al amor ese sufrimiento que provocan las creencias románticas de salvación, destino y eternidad”. Sin embargo, La primera vez que me enamoré propone algo mucho más sencillo y, quizá por eso, más difícil: dejar de entender al amor como una promesa de rescate, sino verlo como una práctica consciente de cuidado. Un vínculo donde nadie llega a completar a nadie y donde las cosas no se acaban en un “felices para siempre”.
