María Paz Rodríguez habla sobre la reedición del libro Mala Madre, donde la sangre pesa
¿Cuánto tiempo un libro puede ser tu favorito? Tal vez cambia cada vez que lees uno nuevo, o puede que esa lectura obligada de preparatoria sigue siendo la respuesta default. En cualquiera de los dos casos, hay algo que la literatura demuestra una y otra vez: un libro no termina de escribirse cuando se publica.
En 2026, María Paz Rodríguez reedita Mala Madre, una novela que aborda la maternidad, la identidad femenina, el deber y el deseo. Temas que vuelven a cobrar fuerza en medio de las discusiones actuales sobre el papel de las mujeres y el cuestionamiento de algunas de las libertades que parecían conquistadas.
Once años después de su publicación original, la autora encuentra que la discusión sigue abierta:
“ A nivel temático, me parece que como está el mundo hoy: que va y viene, que va y viene, respecto al lugar de las mujeres. Pareciera ser que este libro, por mucho que se haya publicado hace 11 años, sigue en una batalla que pareciera ser que no ganamos nunca. Verdad que siempre tenemos que estar ahí. Un poco atentas, ¿verdad?”
Mala Madre cuenta la historia de María Claro, una artista española-chilena de 76 años que vive una vida tranquila y cotidiana en Iowa, Estados Unidos, donde la llegada de una nieta “perdida” la obliga a regresar a un pasado que había dejado enterrado. A enfrentarse con los secretos detrás de la instalación que construyó su reputación artística; La Mala Madre.
Pero volver al pasado de María no significa reconstruirlo de manera lineal. La novela se mueve entre el tiempo-espacio. Hay voces a través de cartas, recuerdos y cambios entre la segunda y la tercera persona.
Para Rodríguez, la segunda persona es particularmente importante porque le permite entrar en la mente de María.
“Es la libertad de poder investigar de forma interna qué es lo que ocurre en la mente de un personaje sin un orden, sin una racionalidad, sin una explicación. Más bien la pureza del pensamiento, la pureza de la proyección, la conexión, el inconsciente. Las voces de otros que se cuelan y en un “tú” que además es muy falso, porque en el fondo es un yo transformado”.
Esta estructura fragmentada permite que María sea un personaje que puede observarse, cuestionarse y reconstruirse a través de distintas formas de narrar.
“Me gusta trabajar con registros porque a veces en un registro no da; no da el tono, no da la profundidad, no da el estilo. Entonces, a veces cuando uno cambia el registro, eso te abre un abanico de posibilidades para poder decir eso que tú quieres decir”.
Al hacer una exploración desde diferentes generaciones, una temática central es la herencia y las cosas que se saben por sangre, pues la historia de María no termina en ella. A través de Adela, su nieta, la novela explora cómo las ausencias, los silencios y las heridas familiares pueden atravesar generaciones, incluso cuando quienes las cargan no conocen completamente su origen.
Esta transmisión es uno de los misterios centrales de la historia. ¿Cómo puede una persona repetir o cargar con una historia que nunca conoció?
“Para mí es súperinteresante […] lo que ocurre en las ramas familiares cuando existe un personaje desaparecido, cuando existe una madre que no está, cuando existe un padre que murió o se suicidó. Es que ese vacío, de alguna forma, siempre termina rebotando en el hijo, en los hijos o en los nietos o en las nietas.
Para mí lo importante, y me parece misterioso -no lo tengo resuelto—, es esta idea de por qué una historia que esta misma nieta no conoce de verdad le pesa tanto. ¿Por qué ella podría repetir, si de alguna forma no tiene esa información?
Es algo inconsciente y que se hereda, que se hereda desde la sangre, que sería desde los genes.Yo creo mucho en la familia escogida, pero también creo que la familia y la sangre tiran”.
Siempre vigente, la maternidad es un sustantivo que persigue a la feminidad, desde la propia hasta la ajena. Es una estructura atravesada por muchas otras: el dinero, el tiempo, la clase. También hay un mandato cultural que se resiste a desaparecer: el destino seguro de una mujer es ser madre.
Sin embargo, para María Paz Rodriguez el problema no está necesariamente en la maternidad misma. De hecho, su reflexión parte también de su propia experiencia:
“Es complicado, y lo digo no de una manera solamente crítica. Lo digo desde un lugar muy misterioso como mujer, porque yo soy madre, soy muy feliz, me encanta mi vida como madre. Pero sé lo difícil que debe ser para algunas mujeres la maternidad.
No está resuelto. No sé si es solo culpa del patriarcado. Que sí hay una gran responsabilidad desde la configuración del rol. Pero también hay algo: que una mujer es más que una madre.
Una mujer es una muñeca rusa. Y eso es lo que ocurre con ese rol, que el resto de las muñecas rusas quedan dispersas. Y ahí es donde creo que empieza el problema. Y ahí creo que puedo hablar de María Claro con mayor propiedad”.
