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Portada del disco WHO ASKED? -deDOMi & JD BECK.

La carne y la sangre

No sé qué tanto sea una tendencia general en la música de hoy, pero el regreso a la carne es un tema que late como un corazón caliente y palpitante en la mano, recién desconectado de un cuerpo que apenas apaga sus funciones vitales, listo para conectarse a un cable digital.

Eartheater hizo el disco más animal posible en términos temáticos, pero la música está siempre pasada por el sinte. Arca rebana la carne con fluidos digitales que arden a su paso y construyen otro cuerpo. Steve Lacy pone la carne en primer plano desde la sensualidad frente al universo de la producción electrónica y se antepone a los efectos de las redes sociales en su obra. Nia Archives le pone sentimientos a la música electrónica noventera, Kelela desmarca el color de la piel de la imagen digitalizada, y la voz de Tricky se desvanece cada vez más en el fondo oscuro de su música y la rasposidad en su garganta.

La identidad se ha intelectualizado tanto, que el regreso al cuerpo es inevitable. Sin mucha escolarización, la carne se expone como lo que es, un pedazo de tejidos vivos que existen, a pesar de la corrección política y el Ozempic.

Raquel


 

Heavenly Body: If I’m The Bottle You’re The Message – Eartheater
Andrés Ibarrola

 

Portada del disco HEAVENLY BODY IF IM THE BOTTLE YOURE THE MESSAGE de EARTHEATER.

 

El último mes estuvimos en blackout, así que para estas vacaciones me propuse escuchar maratonicamente la discografía completa de Eartheater. Tras un profundo clavado en su abstracto mundo, pude concluir que Heavenly Body: If I’m The Bottle You’re The Message se siente como el álbum más maduro e íntimo de la artista hasta ahora, explorando de manera visceral pero amorosa el proceso emocional y físico que atravesó durante su embarazo y nueva maternidad.

Así, Alexandra Drewchin continúa una narrativa que ha construido y desarrollado durante más de una década bajo el nombre artístico de Eartheater; la transformación. En RIP Chrysalis, el cuerpo atraviesa una metamorfosis, en Trinity, el cuerpo desea, en Phoenix: Flames Are Dew Upon My Skin, el cuerpo renace, y en Powders, el cuerpo se desintegra para volver a formarse. Pasando así de imaginar las posibilidades de transformarse a plantear en Heavenly Body: If I’m The Bottle You’re The Message una transformación trascendental que ya no es únicamente individual, sino que ahora evoluciona en relación a la de un nuevo ser, su hija Nova.

Musicalmente, el álbum atraviesa géneros como la electrónica ambiental, trip-hop, synth-pop y el art-pop, acompañados de cuerdas y vocales procesadas y etéreas, con letras que, a pesar de cargar un mayor peso emocional, son sedosas y ligeras. Sin dejar completamente de lado su sonido característico, más glitchoso e industrial, Eartheater nos propone sonidos que tienden a la suavidad sirviendo como un refugio cálido que poco a poco se va colando en lugares extrañamente familiares del subconsciente. 

Esta sensibilidad atraviesa todos los tracks de distintas maneras. Hay momentos de ternura y contemplación en “Malka Moma” y “Nova”; otros más oscuros en “Practical Amnesia” o “Crown Jewel”; y algunos donde la energía desborda como en “Favourite” y “Wasp In The Fig”. La colaboración con Oklou en el track “Fast Asleep podría pasar un poco desapercibida, tomando en cuenta que es la primera colaboración de Eartheater en uno de sus álbumes desde 2018. Sin embargo, termina destacando precisamente desde su sutileza, donde ambas voces construyen el relato de una experiencia compartida, dos perspectivas distintas atravesando una misma transformación.

Dejando de lado el romanticismo, Eartheater cambia la narrativa tradicional de la maternidad y la describe como una experiencia física brutal, creando una dualidad complementaria entre el dolor y el amor infinito que siente por su hija. De este modo, quedamos frente a una oda, una carta personal que expone todas las caras de su experiencia, desde la más tierna y poética hasta la más cruda y visceral, pasando también por una dimensión más esotérica. Así, la maternidad permea todas las capas del álbum, el cuerpo, la identidad, el amor, el dolor y, finalmente, la transformación.

Esta faceta de Eartheater requiere una escucha suave y paciente y, aunque a momentos puede sentirse lenta, no busca provocar desde los sonidos abstractos o arreglos hiper complicados, sino desde los susurros y la calma, sin miedo a tomarse su tiempo para desenvolver su narrativa sin prisa. Este álbum puede marcar un nuevo rumbo para el sonido de Eartheater que, fuera de sentirse extraño, se siente clave, como un punto de inflexión en su carrera. Un álbum totalmente recomendado.

 

 

Oh yeah? – Steve Lacy
Luisa

Portada del disco Oh yeah? de Steve Lacy.

 

Después de haber descartado más de 300 canciones, dos álbumes, y habernos hecho esperar cuatro años, Steve Lacy por fin eligió 10 tracks que formarían parte de su nuevo álbum.

Steve dejó la vara muy alta con su álbum anterior, Gemini Rights. Los arreglos musicales y sus letras fueron sentimentales y angelicales. En este álbum, es notoria su madurez. Ya no hay una historia narrativa, sino una recopilación donde la mayoría tiene un eco de melancolía que podría resumirse en que extraña a su ex, pero no dice exactamente por qué. También habla de cómo ahora no buscamos amor, sino validación, y en sus letras pareciera que nos quisiera decir algo más, pero él ya no se deja sentir tanto para no verse rogón.

Aun así, hay canciones como “pure colour”, “show you me” y “nothing”, donde construye una estética sonora muy clara. Las tres canciones comparten una suavidad casi palpable: no solo se escuchan, sino que se sienten. Su producción crea una textura envolvente que recuerda a distintas telas suaves, como si cada canción tuviera su propio tono entre el morado y el azul.

Hay algo aterciopelado en sus melodías y en la manera en que los sonidos se deslizan unos sobre otros, creando una atmósfera íntima y ligera. Más que canciones que buscan imponerse, estas piezas parecen envolverte poco a poco; su fuerza está en esa delicadeza que convierte el sonido en una experiencia casi táctil.

Es evidente que la fama de Gemini Rights en TikTok le afectó personalmente, ya que él mismo se molestaba en sus conciertos al darse cuenta de que su audiencia solo cantaba las estrofas que eran tendencia en las redes sociales, lo cual lo obligó a intentar escribir canciones que no fueran sencillas de utilizar en las plataformas.

Sin embargo, el Steve gracioso que se muestra en Instagram, logró hacerse presente en las letras de sus canciones, como en “show you me”, en la que maulla varias veces y dice cosas como “Hard to smile ’cause I had the coochie stuck in my teeth. Been a while since I had some coochie stuck in my teeth” o en “lovesexdrugbomb”, en la que hace pausas incómodas y graciosas “Kill your boyfriend…’Kay, maybe that’s excessive.” Esto le quita cierta seriedad al álbum, pero es un recordatorio de que no todo es tan serio.

Definitivamente, uno de los mejores elementos de este álbum es la voz. Esta vez se permitió jugar mucho más con su rango vocal, que se prolonga en los momentos indicados, para bendecir nuestros oídos y hacer la experiencia divertida de cantar junto a él.

Sin duda, con este álbum, Steve Lacy nos ha demostrado que ha crecido y cambiado. Ya no es aquel chavito que experimentaba con GarageBand; ahora graba cientos de canciones en un estudio y hasta colabora con la mismísima Erykah Badu

Sin embargo, la curiosidad de escuchar alguna de sus 300 canciones que no sacó, permanecerá posiblemente por el resto de nuestras vidas.

 




Emotional Junglist – Nia Archives
Danielo

 

Portada del disco Emotional Junglist de Nia Archives.

 

Nia Archives rescató sentimientos que creía perdidos, reconquistó el frenesí de los tambores que gritaban rebelión, la resistencia cultural, supervivencia espiritual y preservación de la memoria que su abuela le heredó. Hay algo significativo en elegir el movimiento cuando el cuerpo podría quedarse quieto, algo simbólico en reunirse alrededor de un Boiler Room el 8 de marzo, donde Nia Archives utilizó la cabina de DJ como una trinchera moderna y algo revolucionario; incluso, en el título de su segundo álbum, Emotional Junglist

Nia nació en Bradford, Reino Unido, dentro de una familia de raíces jamaicanas. Su abuela fue quien la acercó a sonidos como el reggae, el dancehall y el jungle. Las raíces del jungle se encuentran mucho antes de los años noventa y fuera de Reino Unido, en la cultura musical jamaiquina.

Desde los años cincuenta, los sound systems fueron parte esencial de la vida musical de Jamaica y, con la migración caribeña hacia Reino Unido, también de las comunidades afrocaribeñas. Allí se convirtieron en una forma de mantener los vínculos con el Caribe y construir espacios propios a través de la música.

Es a partir de ese legado que, a principios de los años noventa, el jungle se desarrolla en Reino Unido. El género surgió de la mezcla entre la cultura rave británica y las influencias musicales de la diáspora afrocaribeña.

En Jamaica, “jungle” o “junglist” se utilizaba de forma despectiva para referirse a personas de los barrios marginales de Kingston. En Reino Unido, “jungle music” también fue usado con tintes racistas para asociar sus ritmos con lo salvaje y lo primitivo. Los jóvenes negros británicos terminaron reapropiándose del término, convirtiendo junglist en una identidad y en una forma de resistencia.

Considero que Nia Archives es, hoy en día, la figura más importante del renacimiento global del jungle. Representa a la tercera generación de esa resistencia musical. Como ella misma dice, el emotional junglist no solo es un sonido, es una identidad, una forma de vivir. Musical y líricamente, explora la versatilidad del jungle.

Emotional Junglist combina la crudeza del jungle con la vulnerabilidad narrativa del indie pop y el R&B, incorporando también algunos elementos del punk y el rock alternativo. Hay una clara diferencia entre los temas más explosivos y aquellos más suaves, mostrando las distintas posibilidades del sonido de Nia, las contradicciones y los sube y baja que conlleva el acto de amar.

 El disco termina siendo también un llamado a despertar, un álbum que habla de los cambios y encontrar belleza en el caos. Nia Archives nos recuerda que el dolor también se puede bailar a 150 y 180 BPMs.

 

 

new avatar – Kelela
Tania 

 

Portada del disco new avatar de Kelela.

 

En la primaria me encantaba jugar Los Sims, obviamente descargado de manera ilegal, a través de un enlace de dudosa procedencia en los comentarios de un tutorial de YouTube que duraba una hora y seguramente le dio acceso a hackers rusos a toda la información de mi familia. 

Nunca aprendí a jugar. 

Sabía que en teoría tenía que conseguir trabajo, construir una casa, formar una familia y descargar de manera igualmente ilícita algún pack de expansión. Pero yo me quedaba creando Sims. Horas frente a la computadora de escritorio que mi papá dejó después del divorcio, escogiendo meticulosamente sus facciones, pelo, ropa, rasgos de personalidad  emparejados con un nombre sacado de la novela de Televisa del momento. Terminaba uno y empezaba otro.

Jugar debería ser una distracción del mundo real, pero quizás escoger una cara más bonita, una personalidad más interesante y una vida completamente distinta es una forma bastante eficiente de descubrir qué cosas del mundo real te están molestando. 

new avatar de Kelela no tiene nada que ver con Los Sims. En realidad, ella quería que estas canciones sirvieran como consuelo para enfrentar el caos de nuestra sociedad. Parte de ese caos era una contradicción que llevaba años experimentando: amar música y espacios en los que, al mismo tiempo, no terminaba de sentirse contemplada. A eso le llama “racismo sónico”.

La forma en que la industria terminó racializando los géneros hasta decidir qué sonidos corresponden a quién. Para una artista negra, eso significaba ser encapsulada dentro de ciertas expectativas y tener que demostrar el doble para salirse de ellas. Pero también significaba aprender a compartimentalizarse para poder disfrutar de espacios en los que no necesariamente sentía que podía existir completa.

Para new avatar decidió dejar de hacerlo. Regresó a la música de Metric, Deftones, Red Hot Chili Peppers e Incubus que había definido su adolescencia y la reunió, medio en broma, bajo una playlist que nombró White Bag: música que amaba pero que había aprendido a identificar como perteneciente a un mundo blanco. El disco busca romper precisamente esa asociación.

Kelela conserva el R&B que caracteriza su música, pero lo atraviesa con guitarras que funcionan como textura, distorsiones y capas electrónicas. No para demostrar que también puede hacer rock, sino para cuestionar por qué tendría que demostrarlo en primer lugar. 

Quizás por eso nunca jugaba con mis Sims. Me gustaba más ese momento anterior a entrar al mundo, cuando todavía podía crear a alguien que, al menos en mi cabeza de ocho años, estaba perfectamente equipado para vivir ahí. No tenía que averiguar qué iba a pasar cuando saliera de la pantalla de creación. 

new avatar hace algo parecido, pero al revés. Kelela vuelve a todas esas partes de sí misma que había aprendido a separar y las pone en el mismo personaje; se permite existir completa y obliga al espacio a hacerle lugar.

Tal vez crear un nuevo avatar no siempre significa convertirte en alguien distinto. A veces sirve para descubrir cuánto tiempo llevabas editándote para entrar a un mundo que ya había decidido cómo debía verse alguien que pertenecía ahí.

 

 

You’re Gonna Need A Little Music – Yard Act
Xavi

 

Portada del disco You’re Gonna Need A Little Music de Yard Act.

 

Han pasado ya cuatro años desde que Yard Act debutara con The Overload, y dos desde su último disco ¿Where is my utopia?. Este tercero es, sin lugar a dudas, su disco más compuesto.

En una entrevista, James Smith dijo que estuvieron durante 5 meses sin parar en dos estudios diferentes, tanto en Leeds como en Los Ángeles para terminarlo de la mano de Justin Medal Johnsen, productor que ha trabajado con Moby, Jamiroquai, Garbage, Pink, entre muchos etcéteras. Este proceso es inédito para la banda, no solo por el tiempo ininterrumpido, sino porque es el primer álbum que hacen completamente juntos. 

A pesar de los cambios en el proceso creativo, el álbum no deja de ser uno de Yard Act: bailable, pegajoso, con momentos oscuros y consciencia social,  como ya es costumbre. Cuando ellos hablaron de una vida ilusoria e ideal que se genera por una utopía aparentemente aspiracional en su disco anterior, ahora hablan de una sociedad que no ha apreciado los esfuerzos en “New Beginnings”. 

Yard Act cada vez suena más maduro, más consolidado en su estilo, variando entre el mismo universo musical y pudiendo hablar de lo que ellos quieren pero nadando entre muchos estilos musicales, inspirados por bandas como Gorillaz, Arctic Monkeys, The Strokes e incluso del Instituto Mexicano del Sonido.

 

 

XXXXX – Arca
Nerea

 

Portada del disco XXXXX de Arca.

 

A casi todo le exigimos que termine de decidir qué es. Una persona debe elegir una identidad; una canción debe entrar en un género y a un cuerpo se le debe asignar un sexo. Al mismo tiempo, vivimos en un mundo que acostumbra ordenar todo mediante binarios: público y privado, normal y raro, masculino o femenino, natural o artificial.

Frente a esta obsesión social por clasificarlo todo, el teórico Homi Bhabha propone un “tercer espacio”, donde categorías aparentemente opuestas pueden encontrarse sin que una tenga que imponerse sobre la otra. Las fronteras, entonces, dejan de ser tan rígidas y algo nuevo puede aparecer entre ellas: una identidad híbrida que no pertenece por completo a ninguno de los dos lados.

Arca parece habitar constantemente ese espacio, tanto en su cuerpo, como en su música. Desde sus inicios, sus obras proponen nuevas formas de entender la identidad no como algo fijo, sino como algo en constante evolución y devenir. La pregunta que plantea no es tanto “¿qué eres?”, sino “¿en qué te puedes convertir?”.

Incluso, al nombrarse, dejó abierta esa posibilidad de transformación. Arca es una antigua palabra en español para un recipiente donde se guardaban objetos valiosos y, para ella, “un espacio vacío que puede gestar cualquier música o significado que yo le otorgue”.

XXXXX probablemente sea uno de los recipientes más saturados que ha construido hasta ahora.

El disco llega, además, tras una pausa considerable. Entre 2020 y 2021, Arca lanzó los cinco discos de la serie KiCk, una explosión de música que parecía querer sacar todas sus versiones posibles de golpe. Y después, nada. Durante varios años se alejó de la idea de hacer otro álbum y empezó a concentrarse en la pintura.

Le interesaba especialmente una diferencia entre ambos medios: mientras en la producción musical puedes regresar infinitamente a una sesión para corregir, borrar o modificar algo, pintar exige convivir mucho más con las decisiones que ya tomaste. Hay algo de eso en XXXXX. Cierta falta de orden, o más bien, una falta de interés por ordenar y seguir las reglas.

La portada lo representa: Arca aparece convertida en una criatura biomecánica, con una anatomía que mezcla carne y tecnología que vuelve difícil distinguir dónde acaba una y dónde empieza la otra. No parece solo una persona utilizando una máquina: ambas cosas forman ya un solo organismo. El cyborg sirve para imaginar un cuerpo que ya no tiene que obedecer las categorías que vienen “determinadas” por la biología. Una posibilidad radical: si puedes modificar un cuerpo, también puedes modificar las reglas que dicen qué debería significar ese cuerpo.

En este disco, Arca lleva esa misma operación a las canciones. Si el cuerpo puede desmontarse y recomponerse, ¿por qué una canción tendría que permanecer intacta? Por eso, XXXXX puede sentirse tan saturado; hay muchas cosas ocurriendo: los sonidos chocan, se apilan, se contaminan y se transforman entre sí; encontrar ritmo no parece ser el objetivo.

Pensando en el título, ¿por qué XXXXX? Una X puede ser una incógnita, una censura o una variable todavía sin resolver. Cinco de ellas pueden significar cualquier cosa, y quizá no haga falta decidir cuál. Si el disco entero se mueve entre categorías sin terminar de pertenecer a ninguna, ponerle una palabra concreta sería casi obligarlo a decidir qué es.

Tal vez XXXXX sea simplemente otra forma de habitar el tercer espacio.

 

 

Music, Fashion, Film – Charli xcx
Bibi

 

Portada del disco Music, Fashion, Film de Charli xcx.

 

La peor persona que conozco es esa que compra lo que vio en TikTok, que cambia de opinión porque internet decidió que ahora tenemos que pensar diferente, que quiere que la entiendan pero solo si la entienden como ella quiere ser entendida. Yo soy esa persona.

Quizá todos, hasta cierto punto, lo somos. Music, Fashion, Film se siente como un espejo en el que, después de verte durante demasiado tiempo, empiezas a preguntarte si todavía estás viendo tu reflejo o una versión de ti que aprendiste a construir.

Charli no mira la moda desde afuera, se sabe parte de ella: de las tendencias, de lo que se vende, de lo que dejamos de querer en cuanto deja de estar de moda. Nunca termina de decidir si quiere escapar de todo eso o simplemente entender qué hace ella ahí. El disco explora eso mismo a través de la música y los estilos, se mete en el grunge, el post-punk y el shoegaze muy a su estilo, con guitarras saturadas, procesadas y llenas de capas.

Charli lleva años haciendo música y, sin embargo, hay algo en este disco que se siente como volver a preguntarse quién eres cuando ya llevas demasiado tiempo siendo alguien. Alguien que acaba de casarse, que quiere seguir creando, que tiene miedo de arruinar lo que ama por querer hacer algo más. Yo no soy una it girl, nadie me conoce, pero conozco esa sensación. La de estar cambiando de opinión, de gustos, de planes, y preguntarte en qué momento dejaste de saber qué querías tú.

 

 

Different When It’s Silent – Tricky
Malau

 

Portada del disco Different When It’s Silent de Tricky.

 

En 1968, nació el hijo de un padre jamaiquino y una madre ghanesa. El padre se ausentó antes de que su hijo naciera, y la madre lo dejó huérfano cuando él tenía tan solo 4 años. Su abuela, sus tíos y la calle se volvieron su casa y sus maestros. El futuro no se veía muy prometedor para un niño con una historia como esta, pero si en algo tuvo suerte, fue en haber nacido en Bristol.

Su adolescencia fue tal como te la imaginas: delincuencia, peleas, promiscuidad e incluso pasar un rato en la cárcel. Qué original para un chavo marginado. Pero como Dios no ahorca, a mediados de los ochentas le puso en su camino a Miles Johnson (aka DJ Milo), uno de los fundadores de The Wild Bunch, colectivo musical que experimentaba con géneros como hip hop, punk, R&B y reggae. Entre sus integrantes, estaban Grant Marshall (Daddy G), Robert del Naja (3D) y Andrew Vowles (Mushroom). Si te gusta el trip-hop, ya sabes a dónde voy.

En el 87, el adolescente problemático fue invitado a formar parte de este grupo de pioneros musicales hasta que el proyecto se desintegró dos años después. De las cenizas surgió Massive Attack, fundado por Daddy G, 3D y Mushroom. Tricky, el protagonista de la historia, colaboró con ellos durante varios años hasta que finalmente decidió embarcar su camino como solista.

En el 95 le demostró al mundo de lo que era capaz tras el lanzamiento de su álbum debut Maxinquaye, con el que obtuvo una fama que rechazó por mucho tiempo. 

Different When It’s Silent es su primer disco en seis años, y como en todos sus proyectos anteriores, toca temas de pérdida, duelo y desafío. Las letras son susurradas y chilladas al mismo tiempo, transmitiendo la existencia de un diálogo interno entre ellas: dos formas de atravesar el dolor. Géneros como trip-hop, blues y electrónica se mezclan para crear una atmósfera oscura, sensual y retumbante, sin privarnos de la posibilidad de sentir esperanza y ternura.

Dentro de las cosas que me gustan de este disco, se encuentran las melodías, la sencillez de las letras, las ganas que me genera de escucharlo en una noche lluviosa (perfecto para estos tiempos), la voz de Tricky (obvio) y lo malota que me siento escuchando la mayoría de las canciones.

Pero hay algo que me molesta bastante, y quizás no sea tan importante para ti cuando lo escuches, pero no entiendo por qué deja que todas las canciones acaben de una forma tan cortante, como si le hubiera dado flojera pensar en cómo terminarlas. También me hace un poco de ruido cómo acomodó las canciones, no siento que haya una línea narrativa bien definida. 

Personalmente no creo que sea el mejor disco del año, ni de Tricky, pero creo que es un buen acompañante para días nublados, en todos los sentidos.

 

 

WHO ASKED? – DOMi & JD BECK
Tello

 

Portada del disco WHO ASKED? -deDOMi & JD BECK.

 

Cuando la gente pregunta “¿te gusta el jazz?” a alguien joven, convencionalmente la conversación evoca a portadas en monocromo azul, lo que sea a lo que se referían en La La Land o a personas delgaduchas sensibles con trajes de tweed y journals de piel bajo el brazo tomando una visita a central park como una aventura.

DOMi & JD BECK lo mandan todo por un tubo, las teclas, las percusiones y notas multicolores emanan de donde sea que estés escuchando el album, sin perder la suavidad de mundos alusivos a Herbie Hancock, pero con el afilado estilo eléctrico de artistas de otros universos como el de Chick Corea. Pareciera ser un ejercicio en el que buscaron hilar álbumes y referencias sacados de un cajón de discos sin catalogar en un mercado de pulgas. 

Y si hablar de referencias musicales no es una guía de escucha apreciable, piensa entonces en un videojuego al estilo de Mario Kart. Saltando plataformas de arcoiris a toda velocidad, con estrellas y árboles multicolores, con súbitas aceleraciones después de pasar por una banda rayada o colisionando con una estrella flotante (estrellarse literalmente); vueltas que desafían la gravedad, saltos que abren paracaídas y montañas digitales de fondo, comprobar si esta descripción hace sentido se logra sólo después de darle una escuchada. 

Estos gen Z destacan también por algo muy en particular: pocos artistas jóvenes tienen el dominio en su instrumento que demuestran en su ahora segundo álbum. Es algo que pareciera ser fácil de imaginar solo escuchando las rolas, pero basta con mirar algunos de los múltiples clips de su ejecución en vivo para comprender lo hipnótico y lo virtuoso de su ejecución.

Las voces fueron añadidas después de grabar la instrumentación y tengo que admitir que por muy amenas que puedan ser, terminé con la curiosidad de escuchar el una versión instrumental del álbum. Casi como cuando al ver un partido de fútbol uno desearía escuchar el ambiente impresionante del estadio sin los comentarios reiterativos de los comentaristas. 

DOMi y Beck no son señores fifas en definitiva, pero en un mundo ideal puede simplemente apagar a Troy Bolton y Gabriela Montez (o al Ruso Zamolgilny) cantándome al oído, dependiendo del mood, claro está.

No tengo el fondo de armario musical para determinar qué tan único es este álbum como jazz, pero de manera absoluta, no existe pop en este momento con esa sensibilidad detrás de cada línea de batería o ese “estire y afloje” de tensión en las melodías.