Harmony, la conexión creativa de Brutalismus 3000
¿Cómo puede existir armonía dentro de una alarma de incendio a 180 BPM? Cuando el plan deja de ser algo tranqui y se convierte en un rave atascado, tu cuerpo se mueve de forma abrupta sin pedirte permiso y Brutalismus 3000 logra exactamente llegar al punto donde no existe la calma pero sí la armonía.
Con su segundo disco, el dúo berlinés formado por Theo Zeitner y Victoria Vassiliki Daldas lleva su fórmula del caos un paso más lejos. Una mezcla entre gabber, hard techno, punk, hyperpop, dubstep, trap y una sensibilidad casi pop que está hecha para destruir y reconstruir una pista de baile. Es música de rave con la actitud de una banda de punk, o como Zeitner y Vassiliki le dicen: nu-gabber post-techno.
El nombre del disco parece una contradicción. El título Harmony comenzó como una broma: una respuesta a la cultura wellness en la que todo es energía positiva, alinearse con los chakras, sanar e ir a coffee raves. Querían hacer un disco agresivo y caótico que llegase a ser incómodo. Pero dentro de ese caos, ambos terminaron encontrando una verdadera conexión entre sus ideas, sus viajes y su relación creativa.
Así, la ironía terminó convirtiéndose en el corazón del disco. En un momento donde el bienestar parece venderse como la ausencia total de incomodidad, aquí se propone lo contrario: aceptar que también existe belleza en aquello que es ruidoso, hostil e imperfecto.
A diferencia de sus trabajos anteriores, en los que el alemán y el imaginario de la escena berlinesa estaban más presentes, Harmony abre las puertas hacia algo mucho más global. El disco nació entre viajes por Europa y Estados Unidos, absorbiendo referencias de distintos lugares y escenas. Es un rave de Berlín chocado contra una computadora llena de archivos de pop experimental, metal, videojuegos y cultura de internet.
Las colaboraciones también muestran esa expansión. Aparecen nombres como Boys Noize y Dylan Brady de 100 gecs, uno de los proyectos que mejor representa el hyperpop llevado al exceso: música deliberadamente saturada, absurda, exagerada y profundamente marcada por la estética de internet. Su presencia dentro del disco no suaviza el sonido de Brutalismus 3000, al contrario, reafirma la idea de que la felicidad no tiene por qué presentarse limpia o perfectamente producida. Brady aporta una visión en la que el ruido, el exceso y lo ridículo también tienen un lugar.
En esa misma lógica aparecen artistas como Underworld, ampliando el diálogo entre distintas generaciones de música electrónica. Por su parte, la participación de Anya Taylor-Joy en “Morning Is for the Happy” funciona como una pausa dentro del caos: un momento casi recitado que no rompe con el discurso del álbum.
Canciones como “Testo Skin” juegan con esa mezcla entre violencia sonora y melodía y “Gore Louvre” lleva esa idea hasta sus últimas consecuencias: golpes de techno industrial, energía punk y una producción que se desmorona constantemente. Es la sensación de correr directamente hacia el desastre con una sonrisa en la cara.
En lugar de intentar controlar el ruido o convertirlo en algo agradable, Brutalismus 3000 decide abrazarlo. La felicidad que plantea el disco no aparece cuando todo está bajo control, sino cuando uno deja de pelear contra el caos y aprende a habitarlo. Mientras tanto, temas como “Garland” o “A Milli” muestran su lado más abierto al trap y al pop digital.
Pero detrás de todos esos golpes y sintetizadores hay una idea constante: destruir las etiquetas. Brutalismus 3000 no busca hacer techno “correcto” ni pertenecer a una escena específica. Su música parece preguntarse: ¿qué pasa si juntas todo lo que no debería de estarlo? Un rave, una banda de punk, un meme de internet, una canción pop y una máquina a punto de explotar. La armonía no es lo que esperarían, no es calma ni silencio, pero la paz no siempre llega cuando todo se queda quieto.
