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Esto te pudre el cerebro

No sé si por coincidencia, o porque se respira en el aire, como un tufo a cebolla en una conversación de muchas personas y no podrías adivinar quién se acaba de comer uno de pastor, muchos textos en esta selección hablan de un presente muy encasillante, demasiado enfrascado en la realidad alterna del mundo digital, en el que la gente joven se siente alienada y aislada, tal vez más que antes.

Puede ser que esta sea la perspectiva crítica de ciertos artistas de generaciones anteriores a este presente, que casualmente hicieron discos que elegimos como los más relevantes del mes, pero creo que también, es una idea que empieza a percibirse cada vez más en las conversaciones casuales y en el hartazgo existencial de quienes tenemos que habitar esta realidad trastocada por los fractales del internet.

El brain rot venía con la advertencia al mismo tiempo que la sentencia. Como cuando te tomas una botella de agua en la fiesta y alguien te dice que traía polvo. Te avisaron cuando el daño ya estaba hecho. El detrimento del cerebro a través de la imagen era una señal clara: una representación hecha por la inteligencia artificial, una tipografía típica de meme y un chiste sin sentido con origen en el fascismo italiano. Esto te pudre el cerebro, cómetelo. Y lo comimos. Ahora, con el cerebro podrido a sabiendas, puedes escuchar los mejores discos del mes pasado.

Raquel


 

Lost Weekend – Phoebe Bridgers
Fer Treviño

 

Portada del disco Lost Weekend de Phoebe Bridgers.

 

Desde que era niña tengo la sensación de estar viendo mi propia vida desde lejos. Sé lo que siento, sé lo que hago, pero a veces es como si estuviera fuera de mí misma, observándolo todo. Creo que por eso siempre me ha atraído tanto Phoebe Bridgers, porque en su música existe esa misma separación entre lo que está pasando en el plano real y lo que está pasando emocionalmente. 

Sus canciones pueden hablar de algo completamente cotidiano mientras por debajo existe una tristeza, una nostalgia o una sensación de desconexión mucho más profunda. Su música es introspectiva, y muy  pocas veces explosiva, toma sus emociones, las observa y las analiza, incluso se burla un poco de sí misma. Hay mucha autocrítica y autodesprecio en su manera de escribir, como si necesitara tomar distancia de lo que siente para poder hablar de ello.

La tristeza, la melancolía y la nostalgia no son temas nuevos para Phoebe, pero en Lost Weekend, su tercer álbum solista desde 2020, se vuelven el centro de la conversación. Después de la muerte de su padre y el final de su compromiso con Paul Mescal, el álbum se siente como una revisión de todo lo que ya pasó, pero sin la necesidad de regresar a ello. 

Lost Weekend es como la hermana mayor de todos sus álbumes. No porque haya dejado atrás la tristeza, sino porque ahora sabe reconocerla y permitir que emociones como la felicidad o el enamoramiento coexistan sin tener que resolverse. ¿Cuánto puede durar un fin de semana perdido? El título parece resumirlo todo. Un fin de semana pueden ser dos días, una relación, una etapa o incluso una vida entera, y en “Lost Boys”, el primer sencillo, Phoebe habla de personas que parecen quedarse atrapadas en ese lugar en el que nunca terminan de crecer, aisladas y mirando su vida desde afuera. Esa idea atraviesa todo el álbum: ¿qué pasa cuando estar perdido deja de ser temporal y empieza a formar parte de quién eres? 

Phoebe nunca convierte esta tristeza en un berrinche. Hay humor, autocrítica y una distancia que hace que incluso las emociones más pesadas se sientan humanas. Musicalmente también parece haber encontrado un punto medio entre lo que ya había hecho: sigue estando el folk y el country, pero también hay indie rock y momentos mucho más grandes y atmosféricos. Si en su primer álbum la producción era más sobria y en el segundo empezó a crecer y volverse más explosiva, aquí parece confiar más en el espacio entre palabras. La música no siempre intenta llenar el silencio ni competir con las letras, a veces simplemente se queda ahí. 

Quizá por eso Lost Weekend no es un álbum sobre salir de la melancolía, sino sobre habitarla y crecer alrededor de ella. Quedarse en ese espacio intermedio entre lo que fuiste y lo que eres, en ese imaginario de los “Lost Boys”, de estar perdido, aislado y suspendido en el tiempo.

Y ahora Phoebe lleva esa idea a la gira, acompañada por Alex G e Isaac Wood, con quien además comparte una canción en la edición física del álbum, se prepara para una serie de conciertos completamente libres de teléfonos. Como si, por unas horas, también la audiencia pudiera quedarse ahí: fuera del tiempo, fuera del mundo y completamente suspendida de todo lo demás.

 

 

It Goes On – Westside Cowboy
Ana Lau


Portada del disco It Goes On de Westside Cowboy.

 

Encontrar un pony a mitad de un parque, en medio de una zona habitacional, no es lo más raro que te podría pasar; al menos en Inglaterra, donde es bastante común que los parques tengan una sección dedicada a animales. En un pasto que parece artificialmente sano, una línea peatonal que mantiene las hojas necias fuera del pavimento, edificios neutrales de ladrillo o piedra, con casas, tradicionalmente inglesas, que se asoman a lo lejos, exponiendo la piedra roja popular y el techo cotidianamente gris. Westside Cowboy, presenta la portada de su debut, It Goes On

Aoife Anson, Paddy Murphy, Reuben Haycocks y Jimmy Bradbury, una banda de rock inglesa que nació en Manchester en 2023. Con playeras de manga larga y arremangadas, con diseños ilustrados, y jeans de tiro bajo. En bares poco concurridos, con gente que se concentra en un mismo lugar con el fin de brincar un rato, y tomar un pint.

Con tonos country, Anson y Murphy cantan a un ritmo casi hablado. Lo que más destaca de este álbum son los solos escondidos de batería y de bajo. Aunque hay canciones como Big Wheels” en las que los instrumentos mantienen la sincronización, o “Worried Age“, en las que se percibe un orden caótico. 

Westside Cowboys resume lo desorganizado y liberador de la juventud británica, del movimiento constante. Canciones que, aunque producidas, suenan caseras, como “You could have died there on the Dancefloor”, una canción que nació en la sala de su productor, Loren Humphrey, y luego se grabó en estudio. 

Catalogada como Britainacana, un término que ellos mismos han adoptado para denominar el género de su música, una mezcla entre lo americano y  lo británico. Con los sonidos explosivos del rock americano, pero también con lo poético del rock británico. 

El cambio de ritmos que maneja la banda en este proyecto no es para todo el mundo. Pero si te interesa escuchar algo tranquilo, que te haga mover los pies mientras te encuentras estático con esa extraña sensación de estar en movimiento por una ciudad, a pesar de estar sentado, este álbum es para ti.

 

 

Before The World Blows – Erykah Badu, The Alchemist
Dany Arellano

 

Portada del disco Before The World Blows de Erykah Badu, The Alchemist.

 

En una actualidad en la que la sobreexposición es la regla y, en el afán de ser siempre productivos, confundimos vivir con procrastinar, Badu ha convertido su presencia en una energía difícil de describir. No sé lo que es, pero hay algo de su voz y su presencia que harían sentir inquieta a tu tía católica. Escribo esto mientras veo fotos suyas en internet… Collares de colores, ojos hipnotizantes, dientes de oro, estoy seguro de que es una bruja, solo no puedo probarlo.

Creció en Dallas, rodeada de discos de Joni Mitchell, Earth Wind & Fire y Eric Clapton, todos parte de la probablemente polvorienta colección de su papá. Tiene sentido que haya hecho una conexión inmediata con The Alchemist, un fan confeso del proyecto de Badu desde que la veía cantar noche tras noche como roadie en una gira de Cypress Hill en el 97. Actualmente comparte con Badu cierto misticismo y energía espiritual dentro de sus creaciones, perfeccionando y refinando los materiales como lo hubiera hecho un alquimista medieval.

Su proceso es complementario. Creando los tracks, ella decidió diseccionar las producciones del ícono del underground, y añadir elementos que complementan las frecuencias que buscan elevar la vibración baja que provoca estar atados a las pseudo parejas (así se refiere a los celulares).

Before the World Blows es un vistazo a la visión del mundo actual de la cantante texana. Critica todo lo que, con razón, le parece de centro comercial, como la tecnología y la condición actual de los medios digitales o la resistencia de cambio en sistemas patriarcales. Sus críticas no son ligeras. Además de unirnos sentimentalmente a los celulares, los compara con fumar piedra y tal vez, el hecho de que ir sin celular a algún lugar me genere tanta ansiedad, demuestra que no está tan alejada de la realidad.

A pesar del disgusto visible de Badu por la realidad actual, colabora con algunas de las caras nuevas, que habitan el mundo del hook y el engagement, como Steve Lacy, otros que se han convertido en figuras de peso dentro de nichos que ellos mismos ayudaron a construir hace relativamente poco, como Westside Gunn y Earl Sweatshirt, y músicos que han sido piedras angulares para el sonido de los géneros modernos, como Thundercat y Kamasi Washington

Aún después de escuchar el disco varias veces, y haber escrito todas estas palabras, no puedo describir de forma concreta a Erykah Badu, pero eso está bien. Se puede ser referente, curandera, y genio a la vez. 

Le hemos dado demasiado peso a las etiquetas en tiempos recientes, por el hecho de que simplifican lo complejo al punto de no tener que pensar demasiado. Que si Neo Soul o R&B, que si apego evitativo o ansioso, que si Tipo A o Tipo B… ¿Ya basta no? La belleza de muchas de las cosas que existen en este mundo es que no las puedes explicar con una palabra rimbombante que aprendiste en Tiktok ayer. Entendámoslo antes de que se nos pudra (aún más) el cerebro.

 




What Are The Odds – Jorja Smith
Alex Peralta


Portada del disco What Are The Odds de Jorja Smith.

La música de club suena mejor cuando estás ahogado en cosas que hacer y lo último que te permite tu tiempo es salir de fiesta. Pasa seguido que dices “sí” a más de lo que realmente puedes llevar a cabo. No te das cuenta y ¡sorpresa! En un jueves cualquiera tienes que dar respuesta a todas las responsabilidades que tú mismo pusiste frente a ti. 

Siempre fantaseo con poder parar el tiempo y escuchar música con toda la calma que me sea posible en ese hipotético espacio que invento en mi cabeza. Pero mientras más lo medito, más entiendo que es en los momentos más ajetreados en los que realmente se puede valorar esas cosas, que sin parar el tiempo, llevan a mundos propios, en los que se puede tomar un respiro, por más metafórico que sea.

Ese oasis que me salvó de mi semana auto-impuesta tan ajetreada fue lo nuevo de Jorja Smith, que pretendía ser sólo un pequeño EP de mano de P2J, para hacer un par de canciones de dance, pero en apenas dos días ya tenían nueve que se convirtieron en su tercer álbum.

Aunque es un disco club, la característica voz serena de Jorja se mantiene igual a la que ha presentado en sus trabajos anteriores, pero ahora hace contraste con las percusiones que parecen sacadas de un álbum de Burial. Mientras avanzan los tracks poco a poco disminuye lo movido y prendido de los temas, navegando en la gradiente de estos drum machines pesados de “What’s done is Done” a bajos melódicos y relajados como los de “Young Heart” llevando al escucha poco a poco a un final más tranquilo y en calma.

Hay que aprender a decir que no, y tal vez no estarse imponiendo dificultades sabiendo que difícilmente se pueden afrontar de la mejor manera, pero para esos momentos hay álbumes como estos que invitan a tomar un respiro y buscar la libertad en algo tan simple y tan humano como es bailar.

 


 

fata morgana – L’Rain
Valentina

 

Portada del disco fata morgana - L’Rain.

 

La historia de Morgana le Fay, una hechicera poderosa en los relatos del Rey Arturo, nació de no saber qué era verdad y qué no.

Una mujer que podía alterar la percepción de algunas cosas o cambiar de forma ella misma. De ahí surge el concepto de fata morgana, para referirse al efecto de una ilusión o espejismo en el que los objetos a lo lejos o en el horizonte parecen flotar o estirarse. Antiguamente, por esa alteración en la percepción, la gente creía que eran castillos mágicos creados por Morgana. Una ilusión tan convincente que es casi imposible distinguirla de lo ya real. L’rain logró representar muy bien ese efecto a través de su música.

Su cuarto álbum es una confrontación a las dudas que ella misma tiene sobre pertenecer y sentirse alienada en un mundo tan complicado, en el que algunas cosas no son lo que parecen y cambian dependiendo desde dónde uno las vea. La única constante es el cambio. No busca cumplir o mantenerse apegada a ningún género musical, puede crear rnb, shoegaze, noise, no-jazz, y las canciones en van cambiando de forma poco a poco.

El disco abre con “rumors of light”, un fragmento que suena a estática, o una señal interferida, como si algo intentara abrirse paso desde otro lado. Es una entrada difusa al mundo de L’rain, que después invita a algunas melodías muy suaves, centradas en un piano que suena casi enigmático y la voz predominante. Más adelante hay canciones más enfurecidas, llenas de frustración, otras con tintes psicodélicos, una acústica, un gospel, y termina cerrando con “church of no one”.

L’rain, llamada en realidad Taja, es una multiinstrumentista y artista experimental, compositora y curadora de Nueva York, una ciudad llena de estímulos e inspiraciones para utilizar y plasmar en su música. En su trabajo ha tocado temas como la pérdida, las contradicciones, las relaciones y la introspección, entre muchos otros. Este disco es una manera de juntar todo eso, mirarlo desde otro lente, darle otra perspectiva en la que se atrevió a experimentar aún más con esas emociones y sonidos. 

Es un disco para escuchar en soledad, porque realmente se siente como un momento íntimo que compartes contigo, y claro, con L’rain. No sólo es ella intentando averiguar qué papel juega en este mundo bello y a la vez terrible, sino que invita a cuestionar lo mismo. Puede que la intención de fata morgana no sea mostrar el camino correcto, sino sembrar la duda y alterar la percepción lo suficiente para poder ver las cosas de otra manera, y encontrar por cuenta propia una respuesta correcta.

 

 

Black Boy (Alternative) – Dahi
Silvia

Portada del disco Black Boy (Alternative) de Dahi.


Hay artistas que conocemos por la cara, por la voz o por la historia que cuentan. Y luego están los que conocemos sin saberlo, porque llevan años escondidos en canciones que sí ubicamos. Yo no sabía que Dahi estaba detrás de “Money Trees” de Kendrick Lamar, “Worst Behavior” de Drake, “I Don’t Fuck with You” de Big Sean o “a lot” de 21 Savage y J. Cole. O sea, sí lo había escuchado. Muchísimo. Nada más no sabía dónde estaba parado.

Por eso Black Boy (Alternative) se siente raro en el mejor sentido. No es el debut de alguien que apenas está aprendiendo a hacer música, sino el debut de alguien que pasó años ayudando a otros a sonar enormes y ahora está tratando de ver cómo suena él.

Dahi, antes conocido como DJ Dahi, viene de Inglewood, California, y durante mucho tiempo su trabajo fue construir espacios para que otros artistas pudieran decir algo. Aquí la pregunta cambia: qué pasa cuando el cuarto por fin es suyo.

El disco no intenta sonar como “álbum de productor”, que es un peligro real. Podría haber sido una lista de invitados carísimos puestos uno detrás de otro para demostrar agenda, contactos y premios. Kendrick Lamar, Childish Gambino, Vince Staples, Moses Sumney, Ravyn Lenae, Amber Mark, Fousheé, Baby Rose, Obongjayar, Channel Tres. O sea, la tentación de hacer puro “miren a quién conozco” estaba ahí, sentada con gafete VIP. Pero Black Boy (Alternative) no se siente así. Los invitados no llegan a robarse la canción, llegan a habitar el mundo que Dahi está armando.

Y ese mundo no es fácil de encerrar en una sola etiqueta. El propio Dahi lo ha descrito como una especie de “African Radiohead”, que suena a frase que alguien inventaría para no explicar nada, pero aquí sí tiene sentido. Hay guitarras de rock alternativo, percusiones con eco de Fela Kuti, r&b, hip hop, voces procesadas, momentos espirituales, canciones que se sienten abiertas y otras que se sienten como si estuvieran cambiando de forma mientras las escuchas.

No es un disco que escoge un lado. Más bien junta todas las cosas que lo formaron y las deja convivir, aunque a ratos parezca que no deberían caber en el mismo cuarto.

El título también carga mucho. Black Boy (Alternative) no suena a nombre puesto nada más porque sí. Tiene identidad, memoria y una incomodidad muy específica. “Black Boy” puede cargar una historia pesada, pero también puede apuntar al niño que escuchaba rock, soul y música de África occidental antes de saber que todo eso iba a terminar convertido en carrera. Y “Alternative” no funciona solo como género, sino como posición. Estar un poco afuera. No encajar del todo. No ser el tipo de artista que se supone que tenías que ser.

Running”, con Childish Gambino, parece una buena puerta de entrada porque tiene algo de movimiento y de herencia. Suena como carretera, como sol, como alguien tratando de avanzar sin cortar lo que viene detrás. “How To Pray”, con Kendrick Lamar y Amber Mark, se va a un lugar más íntimo, casi de búsqueda. No se pone solemne, pero sí toca esa pregunta de cómo pedir, cómo creer, cómo sostenerse. “Find Me”, con Moses Sumney y Mez, se siente más flotante, más rara, con esa voz que parece estar llegando desde otro plano y una producción que no necesita gritar para sentirse enorme.

También está “They Don’t Know Me”, que se entiende desde el título. Hay algo ahí sobre ser leído mal, sobre que te digan quién eres antes de que tú puedas decirlo. Y quizá por eso el disco funciona mejor cuando no está tratando de impresionar, sino de acomodar todas esas partes que no siempre se ven juntas: el productor de rap, el niño alternativo, el fan de guitarras, el hombre negro pensando su lugar, el artista que ya hizo que otros brillaran y ahora está viendo qué hacer con su propia luz.

Lo más interesante es que Dahi no se pone al centro como alguien desesperado por demostrar que también puede cantar más fuerte que todos. Su presencia es más rara que eso. Está en las decisiones, en las texturas, en cómo deja que las voces entren y salgan, en cómo una guitarra puede cambiarle la temperatura completa a una canción.

Es su disco, pero no lo convierte en monólogo. Más bien parece una reunión donde por fin todos están hablando en la sala que él construyó.

 


Into The Sky – LA Priest
Sofía Galván


Portada del disco Into The Sky de LA Priest.

Me puse mis audífonos para escuchar este álbum, por un momento cerré los ojos y al abrirlos aparecí en una nave espacial, en una galaxia a millones de años luz de la nuestra. ¿Lo extraño? No grité del susto como pensé que lo haría, el ambiente sonoro del lugar me dio una sensación de confort dentro de su extrañeza. 

El cuarto álbum de LA Priest explota la electrónica a un nivel que hace que parezca sacada de otra galaxia. En unas canciones se convierte más pop; el sonido del teclado y una batería tenue, fue lo que me dio el confort de saber que estaba en una galaxia que aunque estaba a una vida de distancia, los seres que la habitaban tenían los mismos sentimientos que nosotros. 

Por más extraño que suene, pude sentir su tristeza, preocupación, felicidad, nostalgia pero, sobre todo, ese sentimiento que tienes cuando amas a alguien de una forma que ni tú entiendes (algo muy humano para no serlo). Pero, esto no quiere decir que todo el álbum se basa en eso, sino es más bien su disco de oro, su presentación ante cualquier especie en cualquier galaxia como lo pensó Carl Sagan. 

Las canciones son opuestas, incoherentes, contradictorias e inexplicables. Al escuchar “No Other”, en un lugar nada parecido a mi realidad, me sentí en casa, pero no de la forma física, sino como si alguien le hubiera dado un abrazo a mi alma. Pero a los pocos minutos empezó a sonar “Into The Sky”, y no pude encontrar algo con qué asimilarlo. Por un lado sentía tensión, por el otro enojo, e inesperadamente también emoción. Creo que por eso el álbum se llama así, porque mezcla sentimientos polarizados, algunos calmados y otros completamente volátiles, extrañamente humanos y entendiblemente galácticos. 

Al regresar de mi viaje espacial, me di cuenta que hay sensaciones que son universales, sonidos que pueden describir todo lo que piensas y sientes y a la vez nada. Ritmos de sintetizadores que hacen que imagines luces de colores, y hay beats de batería que se sienten como correr hacia algo que añoras. Abrí los ojos y vi algo familiar, algo cambió dentro de mí, no en el sentido en el que comprendería la vida de manera diferente, sino en el sentido de que la vida, en todas sus formas de existencia, siempre encontrará la forma de describir su alma.

 


 

Cannonball – Man/Woman/Chainsaw
Anto

 


Portada del disco Cannonball de Man/Woman/Chainsaw.


Una de mis series brujiles favoritas siempre termina sus capítulos con una rola asociada a la vida mágica y a la hechicería. Si este álbum hubiera salido al mismo tiempo que esa serie, estoy seguro de que sus rolas serían parte de alguno de sus finales.

Cannonball es el álbum debut del sexteto británico Man/Woman/Chainsaw y, desde que empieza, se siente como si hubieras entrado a un aquelarre sin darte cuenta. Hay indie rock, guitarras, pianos, sintetizadores y muchísimo violín, pero todo parece estar un poquito fuera de lugar, como si las canciones estuvieran haciendo algo que tú todavía no entiendes, y creo que ahí está el embrujo de este disco.

En “Get Up and Dance”, por ejemplo, el título se repite una y otra vez en la letra hasta que deja de parecer una invitación. Primero parece que te están diciendo que bailes. Después parece que te lo están ordenando. Para la última vez ya parece que te están hechizando con una voz que parece suplicante ante sus propios deseos.

El resto del álbum tiene esa misma sensación en la que te sientes ligeramente manipulado. Las canciones hablan de celos, obsesión, enamoramientos y relaciones que probablemente terminarían mejor después de una buena limpia, mientras los instrumentos parecen estar reaccionando a todo lo que pasa. 

Y entonces todos esos violines y guitarras empiezan a tener todavía más sentido. Cannonball convierte esos pequeños dramas en algo enorme, casi teatral, como si cada crisis amorosa necesitara su propio aquelarre, sus propias velas y una banda tocando al fondo.

Desde que escuché por primera vez este disco no he podido parar, no sé si el embrujo funciona como el canto de una sirena pero el hechizo ya está hecho. Si las brujas de mi serie favorita tuvieran un aquelarre musical, probablemente Cannonball estaría sonando en alguna esquina de su casa mientras preparan una poción, leen el tarot, o buscan la forma de vivir eternamente.

 


 

Wild Love- Nina Winder-Lind
Diego/Callejas

Portada del disco Wild Love de Nina Winder-Lind.


Una ruptura amorosa, chocar leve pero inconveniente en el carro, tener que explicar un chiste, no poder aportar a una conversación, quedarle mal a alguien que quieres. Cuando te pasa sientes que algo te roba unas vértebras, te achicas, dudas de la fortaleza de tu espíritu, el que acaba de ser arrollado y pisoteado.

Wild Love digo a todo aquello (Nina Winder-Lind también). Escapa de tu autocondescendencia con este disco sabor a folk rock singer-songwriter con notas de Black Country, New Road y a veces Patti Smith. Pensar en todo el amor que sientes ya sea romántico, a tu familia, a tus amixes, a los rayos de sol que te acarician la cara te hace sentir con vida y lo malo se vuelve más pequeño. Esta es la tesis del álbum: irradiar vida, derrochar amor para una existencia más llevadera.

Estas canciones no son formato Tik Tok. Tardan en llegar al punto, son imposibles de condensar en 15 segundos, por lo que demandan una escucha más consciente. Piano, percusiones, guitarra, bajo, voz, nada revolucionario, tampoco tiene que serlo.

La fórmula conocida funciona porque el disco sabe a dónde llegar. Aunque fue grabado en una iglesia convertida en estudio no sermonea, no suena a podcast de autoayuda ni instruye demás, todo el mensaje viene sugerido en la letra y en la melodía. Si sientes que el mundo te ha pasado por encima últimamente, date este disco.