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Portada del disco BEFORE THE WORLD BLOWS de ERYKAH BADU.

Antes de que el mundo explote debes escuchar a Erykah Badu y The Alchemist

Si te dijeran con total certeza y seguridad, que el mundo ahora sí se acabará pronto, ¿qué harías?

Estoy seguro de que en la mayoría de los casos dejarían su trabajo y rutina cotidiana para hacer, probar, explorar y vivir todo aquello que siempre quisieron. Pareciera ser que esa es la respuesta natural ante una pregunta así: aprovechar el tiempo que nos queda. Pero nadie puede predecir el final, solo anticiparse a él.

Así es como con el respaldo de lo vivido, el porvenir en el frente y un mundo en llamas, se siente cada día más frágil. Aún así, algunos se atreven a caminar en otra dirección y con pasos firmes. Erykah Badu y The Alchemist ejemplifican este escenario en su muy anticipado álbum colaborativo: Before The World Blows.

Toca remontarse a 1999, cuando el mundo se preparaba para recibir al nuevo milenio y The Alchemist despedía al viejo milenio con la producción de un clásico instantáneo para Mobb Deep, “The Realest”. Curiosamente es la primera canción producida por AI para ese dúo.

Erykah Badu quedó encantada por el beat de esa canción y cuenta que desde aquel momento deseó cantar o hacer algo sobre esa base. Viéndolo de manera más mística, podríamos decir que un hilo rojo los unió desde ese momento. Fue hasta el 2024 que decidieron trabajar música juntos y, por fin, animarse por algo que “siempre quisieron hacer”.

Un año antes, The Alchemist conoció formalmente a Badu en el festejo de cumpleaños de ella, después de mucho tiempo de admirar y reconocer su carrera en silencio. A partir de ahí nació la magia en forma de ‘The Abi and Alan Experiment’. Durante 18 meses, entre la gira conjunta que hicieron y muchos correos electrónicos intercambiando sonidos e ideas, forjaron el sonido y carácter de Before The World Blows.

En este disco, Erica Abi Wright deja en segundo plano la suavidad y limpieza de las vocales típicas de Erykah Badu, para maquillarlas con efectos de voz y herramientas digitales. Sus letras -si bien tienen mucho que decir en lo político y social- también resultan divertidas e ingeniosas. Además aportó en lo musical tocando kalimba, mellotron y percusiones.

Por su parte, Alan Daniel Maman se quita sus característicos boom baps de encima, y se acerca a terrenos un tanto menos habituales dentro del jazz y el soul, principalmente, ensuciados (en el mejor de los sentidos) por un espíritu notoriamente experimental y estructuras poco predecibles.

El resultado fue coherente con el hype que la colaboración generó desde el principio. Muestra a dos tremendos exponentes en sus propios géneros, dejando atrás el confort, y apostando por la reinvención, al lado de un artista al que admiraban desde tiempo atrás. Sumando a colaboradores también enormes en lo suyo como Earl Sweatshirt, Westside Gunn, Thundercat, Kamasi Washington, Steve Lacy, DRAM, Joi y DJ Quik.

Aunque el disco tiene un nombre que pudiera resultar oscuro o pesimista, y largo para los estándares de duración actualmente comunes en la música, la forma en que Erykah escribe y canta, sumado a la producción del alquimista del hip hop, no termina por ser demasiado densa. Lo hacen sentirse como un disco intrigante y a la vez esperanzador.