Algo humano atravesado por algo mecánico
Esta es la primera vez en todas las colecciones de reseñas, que la nostalgia atraviesa muchos de los textos desde lo estético, y no solo desde la añoranza marketera barata que el internet empaquetó como producto manufacturado por dos centavos de dólar en China y masificó en una oleada incesante de regresos, reuniones y reinterpretaciones digitales de un pasado que nadie aquí vivió.
No habíamos llegado a un punto generacional con la distancia histórica suficiente como para que las nuevas generaciones pudieran analizar un movimiento cultural sólido como el colectivo indie alrededor de Broken Social Scene, o el nacimiento de una escena contemporánea como la que encabeza Arca, o entender un género nuevo construido por una diva mártir del rave como SOPHIE.
Me emociona leer estos textos porque, si pueden haber “periodistas musicales” en esta era de la sobreinformación y la post-verdad, creo que tienen que partir de aquí, desde su presente, y contar la historia de la música contemporánea con sus palabras y su conciencia hiper fragmentada de la meta realidad que empiezan a entender mejor que la generación rancia del primer internet.
En estos párrafos hay una lectura de este presente atravesado por fierros intangibles que alguna vez fueron máquinas y ahora son “nubes” o “inteligencias”. Estos escritores nacieron cuando ya no habían botones en el iphone y las casas ya no tenían teléfono. En sus casas no había una pantalla, habían varias pequeñitas. Su vida social siempre estuvo atada al internet. Su consumo musical es aleatorio e infinito desde siempre.
Desde su experiencia, el mundo de antes es un pasado tan lejano como para nosotros es la televisión en blanco y negro. Prefiero leer el mundo contado por estos nuevos ojos, que volver a leer lo que llevamos repitiendo los últimos 50 años.
REDSTAR WU & THE WORLDWIDE SCOURGE – Genesis Owusu
Xavi

Kofi Owusu Ansah nació en Ghana en 1998. Su familia se mudó a Australia cuando era muy pequeño, alejándose de cualquier referente negro, donde lo criaron con una identidad única en un contexto en el que la hegemonía era extraña para él.
Conforme fue creciendo, la música fue ganando protagonismo en su familia, hasta ser tan importante como respirar. Kofi terminó haciendo música con su hermano bajo el nombre de Ansah Brothers, con las herramientas necesarias para poder hablar a través de la música al ritmo de denuncia.
El arte es una de las maneras más efectivas para denunciar o exigir algo cuando la gente ya no puede más, y la música es históricamente a la que más se le atribuyen revoluciones de cualquier tipo.
Bajo esta idea, me siento seguro de decir que Kofi, o Genesis Owusu, de cierta manera nació y creció para hacer este disco, el tercero en su carrera solista, el más ambicioso y divergente. Tanto por su mensaje, como por su sonido alternando entre beats a veces punk, a veces hip hop, a veces electrónicos.
En canciones como “Death cult zombie”, critica directamente a influencers como Andrew Tate y a la ideología característica de la manósfera. En otras, como “stampede”, de cierta forma elegante pero poderosa, incita a la revolución.
Something Worth Waiting For – Friko
Dani R

Querida bicicleta:
Tengo mucho que decirte. Quizás hasta podría dedicarte una canción o un álbum completo. Me has llevado por rincones en mi ciudad que jamás me habría imaginado. En compañía de mis amigos, hemos tenido grandes aventuras en las que vamos liberando todo lo que cargamos dentro de nosotros de manera catártica. Nos vamos por caminos empedrados y resbalosos, pero milagrosamente, siempre llegamos a donde queremos.
Así me imagino el inicio de una carta que le habría dedicado Niko Kapetan, vocalista y guitarrista de la banda oriunda de Chicago, Friko, a su honrado medio de transporte; hasta tiene un track titulado “Dear Bicycle“. La portada del segundo álbum refleja esta esencia: una multitud en la carretera andando en bici. Ciclistas con cara de sorpresa y diversión sintiendo la brisa.
Un viaje en bici, tren o carretera, es el espacio perfecto para que la mente divague. Así sucede en la letra de las canciones, pues unas reflejan el dolor de una relación a distancia a través de melodías de fogata (“Seven Degrees”) y otras retratan esa etapa post-invierno que va de la depresión por el fin de las fiestas a la calidez de volver a sentir el solecito.
Su primer disco, Where We’ve Been, Where We Go From Here, me recuerda a las preguntas de presentación de los primeros días de clases, ¿de dónde vienes y hacia dónde vas? Desde ese momento se nota su intención de expresarlo todo sin censurarse. No lo abandonan en el segundo: Something Worth Waiting For, el cual tiene un nombre muy ad hoc, pues se tardaron casi dos años en sacarlo después de su debut.
De la misma manera en la que divagué aquí para tratar de abarcar el gran mundo de Friko, ellos van mucho más allá de un paseo sobre ruedas.
Hold Onto me Infinity – Hyd
Tania

“Polvo eres y en polvo te convertirás”.
Durante años odié esa frase.
Crecí en una escuela católica, así que el Miércoles de Ceniza era prácticamente un evento institucional. Recuerdo perfectamente la primera vez que la escuché a los seis años. Le pregunté a mi maestra qué significaba y me explicó, con toda la tranquilidad del mundo, que veníamos del polvo y que al morir volveríamos a ser polvo.
Esa noche lloré con mi mamá.
No entendía cómo podía ser cierto. Si en otras clases me habían enseñado que veníamos de la concepción, ¿de dónde salía el polvo? Supongo que técnicamente sí somos partículas organizadas de algo más grande, pero a los seis años eso no ayuda demasiado cuando acabas de descubrir que vas a morir.
Desde entonces he tenido una relación complicada con la religión. Con las explicaciones absolutas. Con las narrativas que intentan convertir lo desconocido en algo sencillo. Porque la muerte nunca me ha parecido sencilla. Tampoco el duelo. Tampoco la transformación.
Por eso Hold Onto Me Infinity de Hyd me tomó por sorpresa.
Musicalmente, vive en el mismo universo que SOPHIE, Cecile Believe y, en ciertos momentos, suena a Charli XCX: sintetizadores, texturas hiperpop y melodías que parecen venir de un futuro extraño. Pero debajo de toda esa producción habla sobre la muerte, o más bien, sobre lo que ocurre cuando dejamos de verla como un punto final.
Hayden Dunham escribió este disco mientras investigaba sobre volcanes en Islandia. Le fascinaba la contradicción de fuerzas capaces de destruir paisajes enteros y, al mismo tiempo, hacerte sentir profundamente conectadx con la tierra. Pesado y ligero. Presente y ausente.
Un proyecto que venía preparándose desde 2018 y que, como un volcán, decidió que ahora era el momento de hacer erupción; pues Hayden se vio atravesadx por la muerte de su pareja SOPHIE en 2021 y la de su hermano en 2024. Dos ausencias enormes orbitando cada canción. Y, sin embargo, Hold Onto Me Infinity nunca te transmite ese dolor. Al contrario. Canciones como “Angel” o “Physical” hablan de la muerte como algo no lineal. Como si las personas no desaparecieran realmente, sino que cambiaran de forma. Como si siguieran existiendo en lugares que todavía no sabemos nombrar.
Hayden lo repitió una y otra vez en entrevistas: “No hay comienzos ni finales”. No porque nada termine, sino porque todo se transforma. Esta idea aparece una y otra vez en su discurso. En la historia de su hermano convertido en donante de órganos, viviendo literalmente dentro de otras personas. En cómo SOPHIE es una presencia que sigue acompañándolx y protegiendo a su familia. Incluso en su manera de entender el tiempo: canciones escritas por versiones pasadas de sí mismx para consolar a una versión futura que todavía no existía.
Suena absurdo hasta que te detienes a pensarlo.
¿Cuántas veces una canción, una fotografía o una conversación de hace años terminan salvándote en un momento para el que no fueron creadas?
“Makeover” y “Make Me Believe”, dos canciones que inició junto a SOPHIE, toman esa idea y la convierten en algo casi esperanzador. La capacidad de reinventarnos, de volver a empezar y no quedar atrapados en una sola versión de nosotros mismos.
Quizá por eso el disco se siente tan físico. Hayden habla constantemente de reconectar con su cuerpo después del duelo. De volver a habitarlo. De cantar como una forma de regresar a su centro. Cada canción parece construida como si quisiera llegar a una parte de ti más allá del lenguaje.
Y creo que por eso terminé pensando otra vez en aquella frase. Tal vez el problema nunca fue la frase. Tal vez fue la forma en que me la explicaron.
Porque después de escuchar Hold Onto Me Infinity ya no imagino el polvo como desaparición. Lo imagino como transformación. Como lava convirtiéndose en roca. Como órganos vivos pulsando en otros cuerpos. Como canciones escritas hace diez años, encontrando a quien necesitaba escucharlas hoy.
Quizá no somos una historia con principio y final.
Quizá somos materia cambiando de forma infinita.
Y si eso es cierto, entonces el polvo nunca fue el final de nada.
FENIAN – KNEECAP
Andrés

Hablar de Kneecap es hablar de resistencia e identidad. Su álbum debut Fine Art capturó el espíritu de una generación joven de Belfast a través de una narrativa de amistad, excesos y conflictos envuelta en el humor irreverente que caracteriza al grupo.
Con FENIAN, la banda mantiene esa misma esencia, pero la lleva a un terreno mucho más serio y confrontativo cediendo protagonismo a letras más políticas y contundentes. Este es su manifiesto, reafirmando quienes son, de dónde vienen y su pulsante necesidad de nunca quedarse callados para defender lo suyo.
Como ya es costumbre, el irlandés es el idioma principal que los raperos utilizan mezclándolo casi imperceptiblemente con inglés y en esta ocasión también árabe. Musicalmente se podría percibir el álbum como disperso y con poca fluidez. Sin embargo, track tras track, Kneecap explora un montón de géneros: hip hop, trip hop, acid house, drum & bass, y aunque normalmente esto podría hacernos perder el hilo, la diversidad y el no tener una línea musical marcada le da a cada track su propio espacio siendo las letras el pegamento que unifica y termina dándole sentido al álbum.
Tras filtrar las letras por un traductor es claro que este es el punto donde el disco brilla. Aquí sí existe una línea muy definida y para poder entenderla a profundidad necesitamos un poco de contexto. Desde su formación, el grupo ha sido criticado, perseguido y censurado por sus letras “provocativas”.
En 2025, su integrante Mo Chara, fue acusado por el gobierno del Reino Unido por supuesto terrorismo tras presuntamente exhibir una bandera del grupo militante Hezbolá durante un concierto en el festival de Glastonbury en 2024. No obstante, tras los juicios realizados en 2026, la acusación no procedió. Este suceso influenció notablemente el concepto, sonido, letra y producción del álbum sirviendo como respuesta directamente a los problemas políticos y legales que enfrentó el grupo y ligando la lucha palestina e irlandesa con una crudeza y empatía que resulta totalmente humana.
Kneecap es una banda que da de qué hablar dentro y fuera del escenario, sin embargo, su postura y su mensaje son totalmente necesarios. FINEAN es el trabajo más maduro y completo de la banda hasta ahora y es tan solo una probadita de lo que Kneecap tiene que ofrecer en su discografía y seguramente en material futuro. Sin más que decir, álbum totalmente recomendado.
Remember The Humans – Broken Social Scene
Silvia

Este año todo está volviendo. La ropa, las canciones, las bandas, las películas, las estéticas que según ya habíamos dejado descansar. Todo aparece otra vez con cara de “¿te acuerdas de mí?”, y la verdad yo ya empiezo a sospechar. No porque la nostalgia sea mala, sino porque a veces se vuelve una trampa comodísima: pedirte que quieras algo solo porque alguna vez quisiste otra cosa.
Lo raro es que yo no tenía eso con Broken Social Scene. No crecí escuchándolos, no tenía una canción guardada en algún momento específico de mi vida, no llegué a Remember The Humans con recuerdos personales que defender. Y quizá por eso me interesó más. Porque el disco está cargado de memoria, pero no me pedía compartirla exactamente. Más bien me hizo entrar a una casa donde mucha gente ya se conocía, y aun así había espacio para quedarse un rato.
Broken Social Scene nació en Toronto a finales de los noventa, impulsado por Kevin Drew y Brendan Canning, los dos músicos que han sido el centro de gravedad del proyecto desde el inicio. Pero nunca se quedó como una banda cerrada. Con los años se volvió una especie de casa enorme donde entran y salen músicos de la escena indie canadiense: Feist, Emily Haines de Metric, Amy Millan de Stars, Justin Peroff, Charles Spearin, Lisa Lobsinger, Ariel Engle y varios más. Eso se escucha. No es una banda donde todo depende de una sola voz; es un proyecto donde las canciones parecen llenarse de gente antes de terminarse.
Por eso este regreso podía salir muy mal. Vuelve una banda importante, vuelve un productor clave, vuelve un nombre que marcó el indie de los dosmiles, y es fácil que todo termine oliendo a nostalgia empaquetada. Pero Remember The Humans no se siente exactamente así. No vuelve para pedirme que extrañe algo que no viví. Vuelve para preguntarse qué queda de una banda cuando ya pasó el tiempo, y qué pasa cuando alguien llega tarde a escuchar esa pregunta.
El título podría sonar cursi si lo agarras mal. Remember The Humans parece frase de campaña o de taza que alguien compra después de una semana pesada. Pero dentro del disco funciona porque no se siente como slogan. Se siente como una instrucción simple y necesaria: acuérdate de la gente. De la que toca, de la que escucha, de la que falta, de la que vuelve, de la que estuvo en una canción hace veinte años y ahora aparece distinta.
“Not Around Anymore” abre desde la pérdida, pero no se queda ahí haciendo drama. Empieza con una tristeza clara y luego se abre con metales, guitarras y esa forma tan suya de hacer que algo chiquito se vuelva enorme sin avisar. No me dice que todo va a estar bien, porque tampoco estamos para que nos mientan. Me dice algo más útil: esto duele, pero hay más gente en el cuarto.
En “Only The Good I Keep”, con Hannah Georgas al frente, sentí una de las ideas más honestas del álbum. Quedarse con lo bueno suena fácil hasta que entiendes que lo bueno no siempre alcanza para salvar nada. Una canción ayuda, un recuerdo ayuda, un disco ayuda, pero tampoco hay que hacerle monumento a todo. A veces la música no te arregla la vida. A veces solo se sienta contigo. Y sí, eso también cuenta.
Lo mejor de Broken Social Scene pasa cuando parece que hay demasiada gente intentando decir algo al mismo tiempo, pero de alguna forma todo termina respirando junto. En “Relief” y “Paying For Your Love” vuelve esa energía de banda enorme, de batería empujando, voces cruzándose e instrumentos acumulándose. A ratos el disco se llena demasiado, pero creo que esa es parte de la gracia. Si sonara perfectamente ordenado, hasta me daría más desconfianza.
“What Happens Now” pesa por la presencia de Feist, pero no como cameo para que alguien diga “miren quién volvió”. Se siente más como alguien entrando a una casa donde todavía reconoce los pasillos, aunque los muebles ya no estén en el mismo lugar. La canción mira hacia atrás sin hacer berrinche por lo perdido, y eso me gusta porque resume mucho de lo que el disco intenta: recordar sin ponerse insoportable con la memoria.
Al final, Remember The Humans me funciona porque entiende algo que muchas vueltas nostálgicas olvidan: no basta con traer de regreso el sonido, el nombre o la época. Hay que acordarse de las personas. Yo no llegué con nostalgia por Broken Social Scene, pero el disco no necesita que hayas estado ahí desde el principio para entenderlo. En un año donde todo parece querer regresar, esta banda no vuelve para venderme el pasado. Vuelve para preguntar qué hacemos con la gente que estaba ahí, incluso cuando nosotros apenas estamos llegando.
sacrificio – Safety Trance
Nerea

La portada ya nos dice bastante antes de escuchar el disco. Un cuerpo pálido, solo en la oscuridad, iluminado para hacer visible que entre humo, algo aparenta salirle de la espalda, no sé si son brazos, extensiones o máquinas. Parece que algo lo está jalando, armando y desarmando al mismo tiempo. No sé bien si ese cuerpo está siendo sostenido, atacado o transformado. Y esa confusión se parece mucho al disco: algo humano atravesado por algo mecánico.
La foto también recuerda mucho al mundo visual de Arca, y es que el fotógrafo, Unax La Fuente, ha trabajado con ella en proyectos inmersivos como Mutant Destrudo. No es una portada cómoda ni sexy. Más bien parece capturar ese punto de la noche en el que todo empieza a perder forma: el cansancio, el calor, el sudor, el maquillaje, algunas sustancias, el bajo, los cuerpos demasiado cerca. Ya nada es bonito ni limpio, pero todavía hay algo ahí que te mantiene en movimiento.
Safety Trance es el proyecto de Luis Garbán, productor venezolano radicado en Barcelona, también conocido como Cardopusher. Si has escuchado “El Alma Que Te Trajo”, con Arca, ya tienes una idea de por dónde va esto: reggaetón pasado por una licuadora industrial y perreo en un sótano sucio. En sacrificio, ese sonido se va todavía más lejos. Hay dembow, techno, trance, ruido, voces cortadas y colaboraciones con Arca, Six Sex, Eartheater, Sega Bodega, Lolahol, Meth Math y más.
Lo más interesante es que Safety Trance no toma el reggaetón para “elevarlo”, como si el género necesitara que la electrónica experimental viniera a hacerlo más intelectual o más interesante. Hace casi lo contrario: lo baja más al suelo, lo ensucia, lo aplasta y lo vuelve incómodo. No intenta que el dembow suene fino, limpio o digerible. Lo deja chocar con techno industrial, trance, ruido y voces procesadas hasta que el reggaetón empieza a sonar roto, pero vivísimo.
Eso se escucha desde el primer track. “the beat drops”, con Arca, entra de golpe y te deja claro que este disco viene con todo. “no me quiero dormir”, con Six Sex, es la perfecta representación de cuando la estás amaneciendo y lo último en lo que piensas es irte a tu casa. Y “duro” mezcla perreo atascado con una energía que recuerda al reggaetón de los 2000, pero más áspero. A veces parece que la canción va a caer en algo más directo, pero en lugar de darte algo fácil, lo tuerce: mete un sonido metálico, una textura rasposa, un cambio brusco y una voz procesada.
Por eso, cuando el disco se siente repetitivo o pesado, no es un defecto. A veces sí cansa, pero todo está hecho para mantener la intensidad. Esa insistencia también ayuda a entender lo que Garbán está haciendo: no quiere limpiar el reggaetón ni volverlo más amable. Quiere tensarlo. Quiere ver qué pasa cuando le quitas lo predecible y lo obligas a convivir con sonidos más fríos, más industriales, más raros.
Ahí el título termina de amarrar todo. sacrificio no suena a celebración limpia. Suena a entregar algo para que aparezca otra cosa. El disco sacrifica la comodidad, la estructura armoniosa y la idea de que el reggaetón es accesible o complaciente.
No pienses escuchar esto con audífonos, en la cama y en la mañana. sacrificio se escucha de noche, a todo volumen y con disposición a que te pateen el cerebro. Si “El Alma Que Te Trajo” te dejó sedientx, sacrificio te va a quitar el aliento.
Everything Is Free – Sylvie’s Head
Tello

Si uno ve noticias sobre Suecia hoy verá tres temas; la selección en el mundial, OTAN y alguna cosa de país post materialista; “gobierno pide limitar el uso de celulares en niños”, “el plan sueco contra la crisis de energía”, “tabaco en bolsitas, cómo Suecia controla la adicción al cigarro”. Históricamente los temas podrían ser: las albóndigas de IKEA, el décimo regreso de Swedish House Mafia y ABBA. Nada de esto debería ser noticia, pero entre ABBA y las albóndigas surge Sylvie’s Head, la próxima novedad sueca en nuestro subconsciente.
En Escandinavia están sucediendo ciertas cosas interesantes en cuanto a la música, agrupaciones que reinterpretan algún sonido del pasado. Esta frase ya se ha dicho antes, pero en esta ocasión lo interesante radica en que son sonidos no tan comunes, que en el papel terminan siendo referenciales al dance rock y Britpop pero que tienen un sonido enraizado en otros géneros que refrescan el catálogo del rock.
The Family Men en la misma Gothesburg, y proyectos como Iceage en Dinamarca, lo ejemplifican, pero están muy poco relacionados o lejos entre sí para llamarles “escena”.
Al final del día también puede que la palabra “escena” sea un un término más reflexivo, empleado a posteriori por gente que mira hacia atrás tratando de explicar por qué de repente pegó su música cuando solo asistían conocidos a sus tocadas, o en su defecto usada por un grupo de personas que quiere recrear la magia que tal vez sea solo resultado de miles de condiciones materiales y emocionales que jamás se volverán a repetir. Si es que se puede pensar en algo orgánico en tiempos de caothic good projects y la payola digital.
De vuelta a Sylvie’s head y su debut, en entrevista reciente, hablaron de los álbumes más relevantes para ellos que escuchaban cuando eran más jóvenes y obviamente dieron una selección digna del 10/10 de pitchfork: Augustus Pablo, Fela Kuti, Fishmans y Royal Trux. Reggae, afrobeat y rock. Son increíbles álbumes y denotan la frescura impregnada en su sonido. Pero ¿ya nadie dice Radiohead, Pulp y Kasabian?
Para el resto de los mortales corrientes (como yo) la traducción de este álbum puede ser: una escena de persecución en alguna peli de Tom Tyker, Danny Boyle o Guy Ritchie. Muy pretencioso aún, qué tal entonces: si te gusta “Sympathy for the devil“, pero quieres escuchar algo actual, te va encantar.
O en su defecto: si te gusta el pianito (sordo) de los hits de Robbie Williams pero tienes menos de 40 y quieres algo más intenso, Everything is free te va gustar más que ir a las afueras de la ciudad para comprar muebles y comida barata en IKEA.
Sd-3 – Loukeman
Alex

Hay algo bonito y raro en extrañar a alguien de quien te acabas de despedir hace apenas unos minutos atrás. ¿No bastó estar cerca tanto tiempo? ¿No fueron suficientes besos y abrazos? ¿Qué más se puede hacer para no sufrir la añoranza de separarse?
Haciendo minetesis a las preguntas más que a las respuestas, Loukeman encapsula distintos sentimientos como estos en fragmentos y los presenta en canciones que sonarían grabados en un CD-RW al límite de sus reescrituras, pero que aún espera paciente al mix perfecto para esa persona especial.
Es fácil ser víctima de este proyecto, trae dentro una nostalgia que no perdona, siempre habrá algo con lo que resuene un recuerdo, una persona o un sentimiento que pensabas enterrado y solo basta una noche como cualquiera en esta ciudad de la mano de este álbum para descubrirlos.
A lo largo del álbum hay canciones que se rigen de vocales cortadas que no llegan a formar una sola oración completa, sintetizadores coloridos que flotan como fractales proyectados en la oscuridad y percusiones minimalistas. Es difícil encontrar una estructura fija en el pasar de canción a canción, cosa fácil en un álbum convencional, pero este es uno de esos proyectos que hay que apreciar más por su “ todo “ que por “ sus partes” y perderse en el sonido ya característico de Loukeman.
Este artista y productor de Toronto, da cierre a una trilogía iniciada por el Sd-1 en 2021. La portada que se repite pero va ganando color uno tras otro; por eso, Sd-3 está lleno de color y patrones arcoiris. Deja claro que no es igual que los dos anteriores, no es blaco, ni rosa, sino que es de tantos colores como puede ser.
Valoren a la gente que quieren, abrázenles, bésenles y apapáchenles tanto como puedan, pero cuando no lo puedan hacer, ya saben que este álbum los puede acompañar a extrañar.
Play – A Good Year
Vale Santos

todo está oscuro
de pronto, empiezan a llover estrellas
Quizás estás en la parte trasera de un coche, “Back of a car”, la ventana está abajo y el viento te revuelve el cabello, quizás te pierdes viendo las luces de la ciudad; si se escucha un aullido es el del motor del coche combinado con tu propia voz. Y es que estás cantando.
Es Play un álbum nuevo, fresco, de esa banda de la que escuchaste hablar hace poco. Un dúo bastante reciente, compuesto por un músico, Tobias Laust, y un cineasta, Albert Hildebrand.
Eso termina por cobrar sentido para ti. La idea musical y visual se funden en tu experiencia auditiva. Tú eres la película. Quizás estás en una fiesta underground y sin expectativa alguna comienza a sonar “Push & Pull“. Sientes esa electricidad, la misma que sentiste cuando ibas a dar tu primer beso. No tienes que bailar, pero tu cuerpo te pide a gritos desenvolverte en electricidad. “We are just kids”, piensas, solo somos niños. Por un instante estás en la cima del mundo, de ese mundo de luces, edificios altos y automóviles salvajes que es la ciudad. Eres la noche neón. Eres energía. Tu cuerpo baila baila baila. Hay paz, “Peace by the waves”. Y de pronto otra vez tu corazón
tun tun tun
ta ta ta
ta tun ta tun
Quizás estás echado en la cama, uno de esos “días cualesquiera” y te acuerdas de algún amigo que siempre está al tanto de los nuevos releases musicales. Le haces caso. Conectas los auriculares y de pronto, poco a poco, empiezas a flotar. Miras hacia abajo, es el gran órgano metropolitano. No sientes vértigo, pero sí algo similar ¿éxtasis?. Llegas a “If I” y quizás se te viene a la mente un hubiera, ¿Qué hubieras hecho si tú…? Todo está un poco borroso. Sientes las lágrimas correr por tus mejillas. O quizás no lloras, pero queda un dolorcito ahí, donde sabes que está tu corazón. Recuerdas que la banda es danesa. ¿Habías escuchado antes algo así? Errr, quizás, pero no lo recuerdas.
Quizás sientes que estás en tus “common places”. Estás escuchando música en el coche, en una fiesta, en tu habitación. Decides asomarte por la ventana. Pones un pie fuera y no te sorprende descubrir que el aire te sostiene. Así que vas por ahí, caminando en el viento.
llueven estrellas
This is not home THIS IS NOT HOME ¿Estás en otro planeta? Sigue siendo de noche, sigues caminando a tus anchas, llegas a la ciudad que es todas las ciudades, es quizás el universo, es donde has vivido siempre. “You’re In between, pal”. Desciendes a un campo, hay una fiesta, pero no ese tipo de fiesta. En el cielo: fuegos artificiales. “YSL”. Se siente como el final, así que corres, corres hasta convertirte en un trazo de carbón sobre el pergamino, corres hasta que tu cuerpo es el rayo y tu voz el trueno. Corres. Entras de lleno al abismo del final.
Y de pronto
( llueven estrellas )
Quizás estás en la parte trasera de un coche.
