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Portada del disco The Passionate Ones de Nourished By Time.

The Passionate Ones de Nourished by The Time

Ser un apasionado en estos tiempos podría considerarse un acto de resistencia. El mundo observa cada movimiento y no duda en recordarte que “hay cosas más importantes en las que enfocarse”. Apostar por una pasión es arriesgarse a exponerse, pero también abrirse a la vulnerabilidad y descubrir la belleza que surge de ella. Con The Passionate Ones, Marcus Brown -mejor conocido como Nourished by Time– se embarca en un viaje que busca  conexiones genuinas en medio de un entorno dispuesto a deshacer su calma.

El segundo material discográfico de Marcus Brown, más allá de presentarse como un refugio sonoro ante el estrés del día a día, explora situaciones que todos llevamos internalizadas: desde rogar por una conexión profunda con alguien, hasta reconocer la paradoja de proteger nuestros sentimientos mientras, al mismo tiempo, anhelamos un amor que deje una cicatriz en el corazón.

Es a través de este material que se nos invita a cuestionarnos cómo logramos encontrar belleza en aquello que, desde la vulnerabilidad, nos hiere y nos desarma, pero que al mismo tiempo nos provoca mariposas en el estómago. Este viaje sonoro nos permite descubrir una paradójica calma dentro del caos: la paz que surge mientras nos adentramos en la intensidad y el desorden que conllevan las conexiones profundas con alguien.

The Passionate Ones no solo nos ayuda a reflexionar sobre la naturaleza de nuestras conexiones, sino que también confronta al mundo demandante y abrumador en el que Marcus habita. A través de It ‘s Time descubrimos su vulnerabilidad frente a ese entorno, revelando a un hombre apasionado.

La figura que Marcus comparte no se limita a la vulnerabilidad: en 9 2 5 emerge una voz que se rebela contra la rutina y las presiones del sistema. Allí se muestra a un hombre que, aun entre la presión y el desgaste, insiste en sostener su pasión hasta los rincones más lejanos. Este mensaje se intensifica en “Jojo”, donde se abordan temas como la pobreza, la lucha contra la adicción y el rechazo, retratando con un lienzo crudo pero bello la determinación de seguir los sueños a pesar de las pruebas y tribulaciones.

Es a través de este lienzo que se revela un equilibrio entre la belleza y la tragedia: desde el amor y la autonomía hasta la lucha contra un mundo sistemático que se empeña en impedirnos seguir nuestras pasiones. Este material también nos recuerda que habitamos una realidad donde el dinero pretende ser la única medida de una felicidad comprada.

The Passionate Ones no teme mostrarse, sin capas, la belleza de ser una persona apasionada: alguien que ruega por amor, que se permite habitar en la vulnerabilidad y, al mismo tiempo, encuentra en ella la fuerza para luchar contra todo lo que intente interponerse en su camino. Marcus Brown nos recuerda que los sueños exigen entrega absoluta, y que perseguirlos, aun al costo más alto, es lo que da sentido a la vida.