El amor secreto de Dry Cleaning
Escuchar a Dry Cleaning se siente como bajar al sótano de una casa en el sur de Londres: una Guinness tibia en la mano, olor a cigarro mezclado con pescado frito, y al fondo un spoken word que se cruza con guitarras y pianos ocasionales. Si pones más atención, las letras podrían sentirse como un ataque personal y describir la situación trágica por la que estás pasando. Y esa es, probablemente, la razón por la que acabaste en ese sótano.
Secret Love es el tercer álbum de Dry Cleaning. A cuatro años de Stumpwork (el disco que me hizo conocerlos), de Secret Love puedo casi afirmar que es su mejor trabajo hasta ahora. En este nuevo álbum, Dry Cleaning suena menos perfeccionista y más casual.
En sus primeros EPs, Dry Cleaning era post-punk casi al pie de la letra. Con el tiempo, el proyecto empezó a desviarse, a abrir grietas. Secret Love marca ese quiebre con mayor claridad: se alejan de su sonido más reconocible y prueban otras rutas. Parte de esa expansión se siente ligada a Cate Le Bon, productora del disco, conocida por trabajar con artistas como St. Vincent, Wilco o Deerhunter. Hay canciones donde se nota su mano: pianos, sintetizadores y coros que remiten a algo ochentero, incluso a ciertos cantos más ceremoniales. Pero siempre está ahí la distinción de Dry Cleaning: los monólogos de Florence Shaw atravesando las canciones.
Secret Love funciona como una galería de personajes. Gente deprimida, infeliz, cansada del capitalismo, pero que guarda una esperanza mínima, casi vergonzosa, de que las cosas cotidianas puedan suavizar ese enojo interno. En Cruise Ship Designer, Florence adopta la voz de alguien que defiende el diseño de cruceros de lujo como si fuera una contribución artística relevante, mientras espera que la riqueza de los millonarios eventualmente le salpique. El malestar se convierte en un personaje absurdo que duda del valor real de su trabajo, aunque se repita que todo está bien.
Luego aparece la obsesión: rituales de comida y limpieza descritos con una seriedad excesiva, una versión extrema de la autoayuda en Evil Evil Idiot. Y también está el personaje más incómodo de todos: alguien que insiste en que está bien solo, encerrado, aislado del mundo. Obviamente es con ese con el que me relacioné (y probablemente ustedes también), porque aunque el personaje insiste en que no necesita a nadie, la música dice otra cosa. No quiere estar sola.
Algo que Dry Cleaning hace, y hace bien, es incomodar. Desde la portada de Stumpwork (sí, la del jabón con pelos) hasta la de Secret Love, en la que vemos a Florence Shaw siendo “sometida” a algún tipo de limpieza ocular, o al menos eso parece. Juegan con la idea del uncanny valley: esa sensación de que quizá conoces a la persona de la portada, pero no sabes bien de dónde. Mientras más la miras, más incómoda se vuelve.
Secret Love es un álbum en el que Dry Cleaning explora un territorio distinto al que ya conocían. Se divierten creando personajes miserables y, muchas veces, se siente como si estuvieran leyendo tu diario o como si tú estuvieras invadiendo el de ellos. Hay deslices, pero esas fallas son justo lo que lo convierten en uno de los discos más personales de la banda. Vidas comunes que se van descomponiendo poco a poco. Canciones que parten de situaciones normales y, conforme avanzan, revelan algo más frágil o más oscuro.
Aquí el amor no aparece de frente. Está escondido en rutinas, silencios, tareas domésticas, frases a medias y resentimientos mínimos. Y quizá por eso Secret Love se siente no solo como el álbum más sólido de Dry Cleaning hasta ahora, sino también como el más honesto.
