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Los Discos de la Semana 21 de agosto 2025.

Adíos al Y2K, bienvenidos de nuevo a los 80

Hace un año, parecía que las texturas metálicas del Y2K, tumblr., el bloghouse, el flash en las fotos de Cobrasnake y Hipster Runnof estaban de vuelta para alterar el ADN cultural de las generaciones más jóvenes, pero la cosa va tan rápido que ya llegamos a los ochenta otra vez, sin darnos cuenta.

La aparición de “Wicked Game” de Chris Isaak en el compilado de Mexican Summer, el disco de Dijon parece sonar desde el ghetto blaster de un crew de b-boys del sur del Bronx en plena era los tenis Adidas Superstar y las bomber jackets de colores chispa-gel.

Bb trickz no se equivocó cuando predijo que los 80’z serían el común denominador de este año. No es lo único que está pasando. También hay una vuelta a los 80 desde el rock. El disco de Pile tiene algo de Slint, una banda de nicho de post-rock ochentero. También suena Fugazi y al hardcore noventero de la costa Este de nuestros vecinos de ‘murica.

Hay discos en esta selección que no son ochenteros, pero se van a quedar en mi playlist del año de todas formas. El de thredd es redefinición del rockstar del siglo XXI. Que el esposo de Bella Freud te preste su bar hiperexclusivo para medio-improvisar tu primer disco es el nuevo escenario aspiracional.

Si nada de esto te es suficiente, siempre estará lo nuevo de KAYTRANADA para fingir un amanecer a las siete de la mañana del día siguiente en Bahidorá. Si ese no es tu tipo de plan, seguramente una banda de hombres sensibles, depresivos y bebedores de bourbon como Racing Mount Pleasant te parezca cumplidor. Esto es lo que nos tocó.

Raquel

 

 

Sitting on the Moon – (Compilación) Mexican Summer
15/08

Diego/Callejas

 

Portada del disco Sitting on the Moon de Mexican Summer.

 

Queridos lectores: acabo de terminar la relación más bella de mi vida. Estoy devastado. Pero no todo es malo, al menos tengo el compilado de Mexican Summer para mirar melancólicamente por la ventana mientras romantizo mi existencia. Sin duda, es un buen compendio para el dolor de amores.

Hay un par de rolas que hablan de sentimientos que, honestamente, me mataron. Estas canciones me recordaron por qué me siento mal, pero también me hicieron sentir que hay una luz al final del túnel. Me mantuvieron contemplativo y reflexivo. Me imagino perfectamente conduciendo por la carretera hacia ninguna parte, con el atardecer en la cara y estas rolas a un volumen razonable.

Mis canciones favoritas del compilado fueron el cover de “Wicked Game” por Natural Wonder Beauty Concept I never dreamed that I’d meet somebody like you / And I never dreamed that I’d lose somebody like you” ¡Auch! Le da un giro al clásico ochentero de Chris Isaak.

Diles que no me maten hacen una aparición con su nuevo single “Tan grande nada”. Punto para los fans de la escena local independiente. Nos la debía el sindicato de las bandas emergentes después de lo que nos pasó en la primera edición de Bandemia. Continúa la manita de puerco a mi corazón con una letra que interpreto como: dejar ir es difícil, pero nada es tan grande para mantenerte anclado para siempre.

No es necesario tener el corazón partido para disfrutar este compilado, pero si en esas andas, estoy seguro que la selección de Mexican Summer te va a provocar algo, además de lagrimas.

 




It’s Lovely, Come On In – thredd
Daniel Arellano

 

Portada del disco It’s Lovely, Come On In de thredd.

 

Ellos describen su sonido como “pop frío”. Tiene sentido. La banda es producto de un accidente que nació dentro del sótano de un bar en el sur de Londres. El disco se grabó en vivo, durante una residencia de cuatro semanas, escrito sobre la marcha, en el subsuelo del legendario bar Laylow. Un club privado en Notting Hill, diseñado por Bella Freud, descendiente del cocainómano que inventó el psicoanálisis, diseñadora de ropa, hija del pintor Lucien Freud y locutora exitosa del podcast Fashion Neurosis.

Me resultó sencillo construir la imagen de los tres integrantes: Imogen and the knife, Will Lister y Max Winter, curioseando e improvisando, acomodando las piezas sin prisa, pero sin pausa, en el sótano más escenoso de la tierra. Eso es ser un rockstar del siglo XXI. Que el esposo de Bella Freud te preste su bar hiperexclusivo para medio-improvisar tu primer disco y no tener una cuenta de Instagram para probarlo. 

El trío juega mucho con la temperatura y el carácter de la instrumentación y la voz, y va moviéndose constantemente entre los extremos del mapa de calor; siempre están presentes ambos, pero nunca de la misma forma. El sonido no se siente apresurado, pero tampoco parece haberse pensado de más, como si la misma energía del lugar fuera nutriendo sónica y emocionalmente a la banda. La atmósfera oscura es una constante y está envuelta por el frío de un cuarto de concreto, pero contrasta siempre con sonidos desprolijos y con mucho cuerpo.

“And I see you there across the room eyes down in a rick rubin book” es el nombre de una de las canciones del álbum, y me gusta imaginar la experiencia así: como estar sentado en un extremo de la base subterránea del bar pretencioso, con la cabeza escondida detrás de un libro pretencioso, escuchando la música con una mueca de indiferencia y toda mi admiración de fan derramada por dentro.

 

 

Sunshine and Balance Beams – Pile
Tania Villacampa

 

Portada del disco Sunshine and Balance Beams de Pile.

 

Gritos, pasos y un portazo que cierra con el eco de: “Mamá, esto no es una fase”. Un viaje directo al 16 de marzo de 2008 en la aclamada Glorieta de Insurgentes, donde el delineado negro se corría con lágrimas adolescentes y las mochilas colgaban cargadas de parches y libretas con frases existencialistas. 

Ese mismo espíritu vive en cada riff de guitarra saturada y en cada explosión de batería de Sunshine and Balance Beams, el noveno disco de Pile, que demuestra cómo la cultura emo nunca se fue, solo se reinventó. Aunque ahora los gritos suenen menos a la angustia de un joven incomprendido y más a catarsis adulta.

Lo interesante de este álbum es cómo Rick Maguire convierte la vulnerabilidad en un campo de batalla sónico. La música de Pile captura esa paradoja de amar tanto lo que haces que termina doliendo. Como me dijo un primo alguna vez, hablando de su pasión por la literatura: “si lo convierto en trabajo, corro el riesgo de odiarlo”. Algo parecido pasa con Maguire: la satisfacción que le da el arte puede ser perjudicial cuando se mide en expectativas materiales que rara vez coinciden con la realidad.

Y ahí está lo verdaderamente emo: entender que no es solo una fase adolescente, es un lente para entender la vida adulta. Crecer no significa dejar de sentir intensamente, sino aprender a vivir con la contradicción. El emo adulto ya no se pinta el fleco, pero sigue grabando notas de voz que jamás envía, e igual que cuando tenía quince, se emociona con cada acorde disonante.

 

 

Baby – Dijon
Bibi

 

Portada del disco Baby de Dijon.

 

Dijon se mueve en los terrenos más característicos del soul, la secularización del gospel afroamericano, con su intensidad emocional, coros eclesiásticos y exaltación vocal. No es casualidad que la palabra que etiqueta al sonido se traduzca a “alma” en español.

Su particularidad está en las referencias ochenteras que tiene en la producción. Suena mucho a Michael Jackson, a Prince, a Peter Gabriel, y hasta a Level 42. La elección de centrar el sonido en las baterías tronadas de los ochenta, con el filtro granulado de la cinta del cassette en hi-fi, es una que comparte también con Mk.gee, colaborador recurrente de Dijon, que trabaja exactamente con el mismo efecto que parece sonar desde el ghetto blaster de un crew de bailarines callejeros del sur del Bronx en plena era los tenis Adidas Superstar y las bomber jackets de colores chispa-gel.

Ambos colaboraron con Justin Bieber en su nuevo disco Swag, que tiene la misma estética. En cuanto a la voz, Dijon tiene la dimensión de los grandes exponentes del neo soul como D’ Angelo, Moses Sumney, Shamir y Frank Ocean. 

El álbum arranca con ternura, hablando de familia y del amor de los padres, y poco a poco se va transformando en un viaje donde conviven lo sensual, lo alegre, lo vulnerable y lo devastador. Es un disco honesto, sin filtros, que pasa de la euforia al dolor con naturalidad, como sucede en cualquier relación. Habla del deseo, de la obsesión, de las caídas y reconciliaciones, juega con capas de voces, instrumentos pesados y ligeros, y momentos donde habla más de lo que canta, logrando que cada canción se sienta viva, cercana y visceral.

Al final, lo que deja no es solo una historia de amor y ruptura, sino la sensación de haber vivido algo con él, es un viaje que se siente propio, aunque pertenezca a otra persona.

 

 

AIN’T NO DAMN WAY! – KAYTRANADA
Silvia Dichi

 

Portada del disco AIN’T NO DAMN WAY! de KAYTRANADA.

 

KAYTRANADA volvió, y no, no lo hizo bajita la mano. Este disco se llama AIN’T NO DAMN WAY! y ya con eso sabes que aquí no hay espacio para tibios. Hay bajos que te empujan el pecho, beats que se sienten en la nuca, y un ritmo que no pide permiso para meterse en tus pasos. Pero más allá del estilo, esto es mood. Es energía contenida que se derrama elegante, como quien sabe que trae el ritmo y no tiene que probar nada.

Hay canciones para caminar con ritmo (aunque llegues tarde), otras para sentir que estás en una pasarela (aunque solo estés en el pasillo del súper) y unas que, si las dejas sonar, te hacen creer que tu vida está bien editada. “Things” trae un groove que no suelta. “Good Luck coquetea con el soul, pero sin perder el pulso house. Y “Target Joint” suena a canción que pondrías justo antes de que empiece algo que no sabes cómo va a acabar.

Pruébalo en el coche, de noche, con luces pasando rápido y nadie hablándote. Es ahí donde todo cobra más sentido.

Este no es un disco para analizar con lupa, es uno que se siente en el cuerpo. Dale play con audífonos o con bocinas que aguanten. Si de pronto te descubres bailando solo, pues justamente esa era la idea. Este disco suena a un rooftop en el atardecer del verano en París, o a las siete de la mañana del día siguiente en Bahidorá.

 

 

Racing Mount Pleasant – Racing Mount Pleasant
Isabella Díaz


Portada del disco Racing Mount Pleasant de Racing Mount Pleasant.

 

Escuchar este álbum es como despertar en una casa escondida en medio del campo. Afuera, las montañas se pintan entre azules y verdes que se mezclan con la luz del día, y dentro, el aroma de un café recién hecho envuelve el aire perforado por madera de pino. Estás solo, pero no hay vacío: esa soledad es cálida, acogedora, casi necesaria. Así se siente perderse en la quietud que propone esta banda originaria de Michigan con un folk exquisito e íntimo.

La escucha es como el silencio después de una buena conversación: gratificante. Hay momentos en que el jazz se asoma en la estructura, con un saxofón que se cuela entre guitarras, donde cada acorde parece decir que está bien detenerse, respirar y dejar que los recuerdos fluyan. No pude evitar sentir nostalgia a pesar de no saber específicamente por qué. Es una añoranza extraña, un anhelo por un momento que ya viví pero que no concluyó como esperaba, como si necesitara un cierre que jamás llegó, y por eso no logro dejarlo ir.

Llámenme cursi, pero este disco me encantó porque me hizo sentir intensamente muchas cosas que no me explico. Espero que quien lo escuche también encuentre paz mental dentro de él. Es el reflejo de los pequeños instantes, de la introspección que no busca ser dramática, sino honesta. Si te gusta The National, Bon Iver, My Morning Jacket, o alguna de esas bandas de hombres sensibles, depresivos y bebedores de bourbon, esto es para ti.