Alice Bag, una punk chicana en el escenario
Alice Bag, pionera del punk chicano desde los años setenta, abrió camino para las mujeres en la música mientras construía una comunidad y activismo a través de la escena.
Tuvimos la oportunidad de entrevistarla en Ibero 90.9, durante la presentación de la traducción al español de su autobiografía Violence Girl, en la que compartió algunas de sus experiencias y reflexiones sobre el legado punk y la importancia que la misma comunidad punk ha tenido en su vida.
The Bags, su banda, ocupó un lugar central en su desarrollo personal y artístico. La banda se formó en 1977 por Alice y su amiga Patricia Morrison después de un concierto de The Weirdos.
Originalmente, su idea era cubrir sus identidades con bolsas en su cabeza, y de ahí, el nombre de la banda. Sin embargo, en su primer show, Darby Crash, el líder de la banda The Germs, le arrancó la bolsa de la cabeza a Alice y arruinó sus planes de anonimato.
Además, fueron parte de la primera ola de bandas punk en Los Ángeles, y tomaron elementos de la escena punk de Londres y Nueva York. La banda comenzó a separarse tan solo dos años después, en 1979, cuando Patricia fue despedida.
Ella era la dueña del nombre The Bags y se rehusó a reintegrarse para el film The Decline of Western Civilization, de 1980, que se enfocó en la escena punk de Los Ángeles, por lo que la banda tuvo que aparecer como The Alice Bag Band. A pesar de todo, Alice recuerda esa primera escena del punk y que se sintió como una verdadera comunidad. “Era un grupo de personas muy creativas con un trasfondo similar, donde todos eran rechazados”, comenta Alice para Artifix Records en 2003.
Escribir su autobiografía fue para Alice un proceso que la llevó a confrontar su pasado y sus emociones: “fue como terapia, porque tuve que revivir muchas cosas que había ignorado… me acuerdo que lo sentí de nuevo, lo sentí fresco, como si hubiera pasado ese día”.
Los desafíos que Bag tuvo que enfrentar en su infancia parten desde las barreras culturales y lingüísticas al vivir en un hogar en el que solo se hablaba español, pero asistir a una escuela en la que únicamente le permitían hablar inglés, según cuenta la revista Pitchfork.
De igual forma, Alice ha relatado en diversas entrevistas que su infancia se vio marcada por el maltrato que su madre sufría por parte de su padre. Ella comenta que se sentía pequeña y sin poder, atrapada entre la admiración que solía sentir por su padre y su visión de un “monstruo”, debido a la violencia en su hogar.
Su madre solía decirle que no denunciara a su padre, por lo que también creció sintiéndose culpable por el silencio. En la escuela, las cosas no eran mejor, ya que sus compañeros solían molestarla por su sobrepeso y apariencia. Recordar estos episodios para la escritura de su autobiografía le provocó lágrimas, náuseas, pero también le permitió conocerse mejor y comprender cómo esos traumas de su infancia la moldearon.
Esa mezcla de dolor y sanación como una mujer chicana con una infancia complicada encontró en el punk un lenguaje para existir sin pedir permiso. Para Bag, ser chicana significaba navegar entre mundos: el inglés y español, la cultura dominante y la de sus antepasados.
Ese “exilio”, que pudo convertirse en silencio, fue canalizado en guitarras distorsionadas y gritos. “Lo importante no es evitar fracasar, sino dejar de intentar las cosas… el fracaso es parte de la vida”. Esa lección, tan punk como personal, atraviesa todos los proyectos de su vida: no se trata de hacerlo perfecto, sino de no dejar de hacerlo.
Por esta razón, a pesar de haber estado después en otros proyectos como Castration Squad, The Boneheads, Cholita o Las 3, The Bags fue ese primer acercamiento a la escena en la que Alice pudo conocerse y dejar salir esa voz que estuvo oculta por tanto tiempo.
“Me di cuenta que cuando estaba en The Bags… era como otro personaje dentro de mí que salía, que era mucho más agresivo. Era un personaje, como un monstruo que salía en el escenario. Por eso creo que muchos conectaron con The Bags”. Para ella, esa experiencia no sólo transformó su manera de hacer música, sino que también le permitió canalizar sus emociones y compartir un espacio de expresión con quienes la escuchaban.
Al encontrar su voz en The Bags, así como en la comunidad punk, Alice recordó que la unión y la acción colectiva son esenciales: “Yo creo que tenemos el poder de cambiar el mundo. Al crecer la comunidad para realmente poder hacer cambios importantes”.
Esa visión se refleja en su trabajo actual, participando en conciertos y proyectos para apoyar a jóvenes deportados y personas migrantes que necesitan ayuda. Para Alice, esa conexión con la comunidad demuestra que actuar en conjunto permite generar cambios significativos, y que ese legado sigue vivo en las nuevas generaciones de artistas punk.
Bandas como The Linda Lindas, que han sido teloneras para Green Day y The Rolling Stones, comenzaron en la escena desde pequeñas por ser hijas de “padres punk”, y que organizaron a la comunidad punk de Los Ángeles para ayudarlos a pagar las lecciones de música de los niños de su escuela. Alice recuerda que las niñas también vendían cajas de galletas y chocolates, lo que despertó en ellas el sentido de pertenencia en la comunidad.
Mientras comparte su visión de comunidad y legado, Alice también reflexiona sobre su experiencia escribiendo Violence Girl y cómo el cambio comienza con uno mismo. “Solo tenía que escribir una página al día. Y la vida es así. Solo tienes que hacer una cosita a la vez”. Esta es la misma energía con la que subió al escenario, confiando en que el poder reside en animarse, aunque sea paso a paso. Estas palabras pueden resumir su enfoque hacia la vida, la creación y la resistencia.
Alice Bag nos recuerda que resistir puede ser tanto un grito hacia afuera, pero también puede ser la calma de sentarse a nombrar lo que dolió. En esa honestidad se esconde un acto profundamente humano: transformar la memoria en un lugar donde no solo habita el trauma, sino también la posibilidad de sanar, volverse a conocer y dejar un legado para quienes vienen detrás.
Como Alice reflexiona, esta trayectoria y aprendizaje no habrían sido posibles sin la comunidad que compartió sus experiencias. “Realmente sentí la comunidad punk que siempre había estado ahí para mí y lo sigue siendo”.
