Este es el nuevo thriller sci-fi que hará que te retuerzas en tu asiento

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 John Krasinski y Noah Jupe en "Un lugar en silencio"

John Krasinski y Noah Jupe en "Un lugar en silencio"

Aclamada por la crítica y con un consenso favorable que asciende hasta este momento al 97% de aprobación en Rotten Tomatoes (el polarizante sitio de referencia cinéfila), A Quiet Place, de John Krasinski, se estrenó en las salas de cine mexicanas el pasado fin de semana, filme que explora el recurso del silencio y el minimalismo sonoro como artefacto del horror en un ambiente post-apocalíptico. Desde su premiere en South by Southwest (SXSW), la cinta fue ovacionada por su efectividad para transmitir angustia a través de una premisa simple, pero con poder dramático triunfal.

Un lugar en silencio es un ejercicio bien logrado de comunión entre vigor actoral y suspenso. Apenas con unos cuantos diálogos, un par de líneas musitadas y un score casi imperceptible, la película se siente como una apuesta inusual dentro del terror mainstream que en últimos años se ha visto suplantado por el renacimiento del género en la escena independiente.

Sin suscribirse a las convenciones fantasmales y demoniacas que el universo de El Conjuro de James Wan ha establecido en los pasados cinco años —con sus spin-offs, secuelas y precuelas—, Krasinski opta por tomar el camino de la amenaza extraterrestre a la Cloverfield y Super 8, pero sin la monumentalidad de estos escenarios. A Quiet Place es más una pieza íntima que se asoma a la trágica y alarmante cotidianidad de una familia en constante peligro, donde una simple palabra en voz alta, un grito de dolor, un estornudo o hasta un paso sobre madera crujiente puede resultar en fatalidad. 

Como los grandes thrillers, la angustia que precede al "disparo" en cada escena resulta casi incontenible: secuencias que logran su cometido como inyección de adrenalina y que adquieren profundidad gracias a la emotividad de su historia. 

 Millicent Simmonds y Noah Jupe

Millicent Simmonds y Noah Jupe

Sin embargo, "no entremos dóciles en esa dulce noche". El filme dirigido, escrito y protagonizado por Krasinki —quien ganaría fama por su rol de Jim Halpert en la galardonada serie de comedia The Office— no es necesariamente el filme de espantos que nos anticipó su trailer. Estamos frente a un thriller sci-fi más que una cinta de horror. Menos escalofriante y emotiva que Señales (Signs) de Shyamalan del 2002, sin estar exento de ciertas escenas absurdas e irrisorias que nos alejan de la trama, pero con suficientes secuencias para contener el aliento y retorcernos en la butaca.

 Emily Blunt y John Krasinski en el festival SXSW

Emily Blunt y John Krasinski en el festival SXSW

Es un deleite ver a Emily Blunt en un rol que le permite desbordar su talento actoral a través de simples gestos y señas. Proyectar tal tensión y emotividad con su potencia corporal, sin pronunciar palabra, sólo refrenda su estatus histriónico. De igual modo, su matrimonio en la vida real con Krasinki, quien interpreta también a su esposo en la cinta, inevitablemente se traduce a su química en pantalla y nos permite invertir nuestras emociones en los personajes, rompiendo la frivolidad emocional que impera en el cine de horror de figuras acartonadas. 

Las actuaciones infantiles también son loables, en especial la de Millicent Simmonds, quien en la vida real posee una deficiencia auditiva y que retrata con éxito su rol de adolescente rebelde y audaz que sirve de escaparate para reflejar las luchas intrafamiliares de la culpa, el rencor y el sacrificio. Tristemente, pese a todo lo anterior, Un lugar en silencio no se mantiene hasta el final en el estatus precedido por las expectativas planteadas. Después de mordernos las uñas y de apretar el brazo de la butaca durante la primera mitad, llegamos a un desenlace que si bien encumbra a sus líderes femeninas y les otorga el exquisito poder de la venganza, es tan ubicuo a nivel conceptual que no deja resonancia.

 Emily Blunt y Millicent Simmonds

Emily Blunt y Millicent Simmonds

Después de que otros thrillers de ciencia ficción como Annihilation, con todo y su sesuda premisa y escalofriantes secuencias no viera la luz del proyector en nuestro país y llegara directamente a Netflix, es una fortuna que un filme con suficiente carga experimental y sensorial como A Quiet Place haya llegado a los puertos audiovisuales dignos de su producción. Ir a la sala de cine debe continuar siendo una experiencia irremplazable, una oportunidad de ser inmersos y bombardeados en una atmósfera sensorial, estética, auditiva y por supuesto, psicológica que nos devuelva esa afición de apreciar las historias concebidas para el cine en la pantalla para la que fueron pensadas. 

Sin duda, la ópera prima de horror de Krasinski lo pondrá en la mira de talentos emergentes en la silla de director. Un ejercicio apreciable en la reinvención del terror convencional. Para nosotros como audiencia, es una oportunidad de apostar por mejores propuestas en cartelera.


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