Sor Juana for Dummies

Sor Juana for Dummies

Collage por Augusto Jim

Hablar de Sor Juana Inés de la Cruz es hablar de un mito de más de tres siglos que engulle, en un mismo personaje, aproximaciones y lecturas tanto seculares como religiosas, desde suposiciones romantizadas que rayan en la fantasía hasta investigaciones académicas que no admiten devaneo alguno. Juana de Asuaje (y no Asbaje como la conocemos gracias a que Amado Nervo así la dictaminó porque no le gustaba cómo sonaba su apellido) fue una mujer que se mimetizó tras el velo y la tinta para convertirse en el gran enigma del Siglo de Oro español y en la única figura relevante de un centenario entero en Nueva España. Lo cierto es que, salvo estudiosos del barroco (historiadores, literatos e hispanistas), para la mayoría de la población mexicana, Sor Juana no es más que la estampa del billete de 200 pesos. En la escuela apenas y aprendemos la primera estrofa de su célebre redondilla “Hombres necios...”, misma que le ha ganado su mala fama de “ah sí, la monja que escribía contra los hombres”, como si su obra se ciñera apenas a cuatro versos octosílabos mal declamados en el patio de una primaria.

Nacida, forjada y celebrada en la segunda mitad del Siglo XVII novohispano, Sor Juana fue laureada desde Europa como “Fénix de América” por su apasionado estilo e indomable erudición. Escribió en todas las métricas de la poesía castellana, discurrió con audacia en temas teológicos y mundanos por igual, y salió victoriosa con inigualable agudeza del examen de cuarenta y tantos sabios —todos hombres— que la escrutaron por orden del Virrey a sus 17 años para comprobar que su inteligencia era auténtica. No es para sorprenderse que exista hoy una lectura tan fervientemente feminista de su vida cuando se atestiguan tales proezas en un contexto claramente dominado por hombres en donde las mujeres no podían acceder a la universidad. Por cierto, es mentira eso de que se vistió de hombre para infiltrarse en la academia, solamente se lo sugirió a su madre en un arranque adolescente motivada por su sed angustiosa de estudiar y descifrar el mundo.

 

“Y así, Amor, en vano intenta tu esfuerzo loco ofenderme: pues podré decir, al verme expirar sin entregarme, que conseguiste matarme mas no pudiste vencerme."

Sor Juana Inés de la Cruz, fragmento.

 

¿Cómo es que una monja jerónima nos sigue seduciendo después de tres siglos y con un legado tan oscuro y místico como el mismísimo barroco? Quizás son las múltiples aristas y planos en que tanto ella como su obra pueden desdoblarse lo que hace que sus silogismos y discursos le canten tanto a la mujer de letras como al matemático, como a la antropóloga o al cocinero. Esta multidimensionalidad de Sor Juana responde no sólo a la inquietud que despierta su hábito de monja en contraste con sus estudios científicos, sino a la diversidad misma de disciplinas y materias en las que se cultivó con excepcional destreza. Sí, fue poeta, claro, porque así lo dictaba su inequívoco talento para versificar que ella misma reconocía como innato e incontenible. Pero también fue teóloga, astrónoma, música y tesorera de su convento. Lo mismo se la pasaba en su celda que en los jardines admirando las constelaciones o guisando en la cocina. Incluso existe un compendio fabuloso de Mónica Lavín del 2010 donde recopila las recetas virreinales que Sor Juana dedicaría a sus hermanas de orden, en las cuales abundan los postres. Se codeaba con banqueros, literatos y virreyes, era protegida y consentida de virreinas, escribía en náhuatl, le dedicaba versos a esclavas y ejercía su regla con moralidad y distinción.

 

“Detente, sombra de mi bien esquivo, imagen del hechizo que más quiero..."

 Sor Juana Inés de la Cruz, fragmento.

 

Existen dos versiones hacia el final de su vida. Una, la más popular y aceptada, que fue asediada y perseguida por el clero y obligada a renunciar a su inventiva, concluyendo así en el abandono de sus estudios profanos y en la renovación apasionada de sus votos. La otra y la más crítica, dice que jamás ocurrió tal cosa y que contó con el respaldo y reconocimiento de su iglesia católica, aún en medio de la reprimenda que recibiría por su extraordinaria y polémica Carta Atenagórica donde critica y rectifica el sermón de un célebre sacerdote portugués, António Vieira, y que atestigua tanto su genialidad y mordacidad como su instrucción en temas religiosos. Lo cierto es que entre especulaciones de una conspiración misógina, nombramientos en la Santa Inquisición y la redacción de su Respuesta a Sor Filotea, considerada como una autobiografía no intencional donde narra los méritos propios que la condujeron a tan elevado ingenio, la defensa de su trabajo intelectual y la reivindicación de la mujer —o quizás, sólo de ella misma— como ser de estudio y conocimiento, Sor Juana sí renovó su fe, se enmendó y firmó con sangre su penitencia como: “Yo, la peor del mundo”, mermando así la marea creativa que la distinguirían en su época dorada.

Contemporanizada y de manera insólita, la monja jerónima con todo y su rosario, es hoy tanto un estandarte feminista como un ícono lésbico, aun cuando su época y regla religiosa la alejan de una y no existen pruebas contundentes de la otra. Rebelde, mártir de la iglesia, efigie de la ciencia y hasta hater del sexo masculino, la figura de Sor Juana puede ser mirada desde múltiples ángulos y ceñida a conveniencia de las causas de cualquier iniciativa, deseo o aspiración. Por eso es que es tan nuestra y es tan rica, porque sea cual sea la plataforma o interpretación en la que se acomode o diseccione a la enigmática Juana Inés/Sor Juana, su legado es real y vigente, pero, sobre todo, hipnotizante.

Claustro de Sor Juana, antiguo Convento de San Jerónimo. CDMX.


Juana de Asuaje nació en San Miguel Nepantla, México el 12 de noviembre de 1651. Murió a causa de la peste que azotaría el convento de San Jerónimo el 17 de abril de 1695.

Sus grandes hits: La redondilla Hombres necios”, sus sonetos de amor como el de “Detente, sombra de mi bien esquivo...”, su Respuesta a Sor Filotea y su obra de teatro “Los empeños de una casa”.

Tienes que leer: “Carta Atenagórica”, “El Divino Narciso” y la décima de “Dime, vencedor rapaz...”

 Google Doodle para Sor Juana Inés de la Cruz por su 366 aniversario.

Google Doodle para Sor Juana Inés de la Cruz por su 366 aniversario.


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