Hipnosis y sincronía en Bestia Festival: John Zorn's Project en el Lunario

El sábado pasado, Masada, libro de los ángeles, fue responsable de unificar una serie de experiencias sonoras impactantes y únicas en su especie. John Zorn, aclamado compositor y saxofonista, se inspiró en su más reciente proyecto, el cual explora sus raíces judías, para seleccionar los tres actos que lo acompañarían la presentación de Bestia Festival. El resultado culminó en una noche de exaltación y asombro por parte de todos los asistentes.

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Klezmerson, representante mexicano del grupo, se encargó de dar inicio al concierto a las nueve en punto, lo que marcó una curiosa puntualidad durante el resto de la noche. El grupo une características de la música Klezmer, de origen judío, junto con influencias mexicanas. Con el recinto completamente lleno, el grupo comenzó a interpretar complejas melodías gitanas, llenas de alegría y color.

Benjamin Shwartz, líder del colectivo, alternaba entre complicadas interpretaciones en el violín y el piano, mientras el clarinete esperaba su turno para brillar. Siempre presentes estuvieron las trompetas, saxofón, tambores tribales, piano, guitarras y bajo, resonando con vigor, mientras que las caras de cada uno de los jóvenes integrantes expresaban suma satisfacción. Esto transmitió tanta energía al público, que el Lunario explotó en una ovación desenfrenada cuando terminó la corta interpretación.

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Después de un rápido cambio de instrumentos, los integrantes de Abraxas salieron al escenario para agitar el recinto con un poco de jazz rock. El bajo de Shanir Ezra Blumenkranz es curiosamente delgado y se encuentra forrado por una especie de almohada rectangular. Sin embargo, su extraña presentación pierde importancia cuando uno presencia la manera ágil e impecable en que el músico lo interpreta. El acto de Abraxas consiste en una intensa y emotiva sincronización entre guitarras eléctricas y una batería lacerante que tenía al público vuelto loco.

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Más adelante, la audiencia obtuvo un respiro de 20 minutos principalmente para ir a buscar otra cerveza, mientras que los más determinados aprovecharon este momento para encontrar un mejor lugar en la pista. A la hora estipulada, el colectivo Secret Chiefs 3 se acomodó con completa solemnidad. El violinista, hombre de origen asiático portando un sombrero de vaquero, colocó una colorida pañoleta entre el violín y su barbilla y, sin más, comenzó a interpretar una serie de maravillas.

El solo de una lenta y deliciosa guitarra robó la atención de todos mientras el violín inundaba la bella atmósfera que se había creado. De repente, en perfecta sincronía, los instrumentos subieron todos de tono y audiencia gritó en unísono, extasiada. Cada una de las piezas interpretadas por el grupo tuvo una sensibilidad emocional diferente, lo que resultó en un historia sonora impactante.

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El final no fue la excepción. La espera fue larga pero placentera, y cuando por fin John Zorn salió al escenario junto a su banda Bladerunner, el público había guardado espacio para el postre. El compositor fue acompañado por la leyenda del bajo Bill Laswell y el no menos reconocido Dave Lombardo, baterista de Slayer.

La interpretación de Zorn en el saxofón fue, sin duda, el aspecto más impresionante de la noche. Los sonidos que producía llegaron a parecer un tanto reptilianos, si no es que alienígenas y, a pesar de esto, resultaban en la melodía que todos añoraban. La pasión desenfrenada del músico fue sumamente palpable hasta que, en un momento dado, mientras besaba el instrumento con adoración, se pudieron escuchar delfines, entre la explotación sonora de un saxofón que, al parecer, no tiene límites en sus manos. A petición de la audiencia, Bladerunner regresó para una canción más, aunque, sin duda, los asistentes se pudieron haber quedado varios horas más, hipnotizados por la obra de tan legendario personaje.

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