Ecos de la FIL Guadalajara: Entrevista con Mayra Santos-Febres

Ecos de la FIL Guadalajara: Entrevista con Mayra Santos-Febres

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quizá el gran acto de revolución sea precisamente ese, el atreverse a ser feliz.

Estamos en un salón de conferencias dentro de Expo Guadalajara en el marco de la Feria Internacional del Libro. A la escritora puertorriqueña Mayra Santos-Febres le ha tocado moderar una mesa de narradores jóvenes latinoamericanos y la mayoría del público son adolescentes de secundaria. Les explica que los escritores no sólo son hombres de barba blanca y, posiblemente, muertos; dice que los hay de distintos sexos, edades y colores de piel. Por ejemplo, ella es una mujer negra que escribe, algo que podría parecer raro, pero que existe.

Santos-Febres no sólo se limita a comentar los diversos orígenes de los escritores, sino también en cuanto los temas que pueden ser abordados en una historia literaria: parejas homoparentales, resentimientos familiares, maternidad y aborto, estándares y roles definidos por el sexo que desean quebrantarse; es decir, todo aquello que seguramente los padres de los adolescentes no quisieran que llegaran a sus hijos. Tras esa plática, Ibero 90.9 pudo conversar con esta novelista y poeta, cuya obra se caracteriza por hablar sobre los sectores marginales del caribe.

David Ruano: Mayra, hoy llegaste a mencionar que hay roles sociales pre-establecidos por nuestro sexo, y quienes no desean asumirlos son condenados a la marginalidad. ¿Tú crees que, por ejemplo, estos marginados cumplen un nuevo rol en las sociedades actuales, como los homosexuales?

Mayra Santos-Febres:Yo pienso que la gran revolución del Siglo XX fue, definitivamente, la de los derechos de las personas LGBT. A finales del siglo, si pensamos en los años ochenta, aparece esta cosa rarísima que le llamaban el cáncer de los homosexuales y ahora se conoce como VIH/SIDA, y eso desató una manera impresionante de reconfigurar en los imaginarios sociales, íntimos, psicológicos y de los afectos, una nueva manera de ser sobre la faz de la tierra que cambió y sigue cambiando las estructuras de nuestros países y de nuestro mundo; y la gente que no se entera de esto no está viviendo en estos momentos históricos.

Un día andaba yo por París, quince años después de que compraron los derechos de Sirena Selena vestida de pena, de que la tradujeron al francés, y la estaba presentando en Toulouse, París y otras ciudades, y yo no entendía por qué en esos momentos estaba siendo una novela tan comentada. Me doy cuenta de que justo en esos momentos, el presidente de Francia había pasado una ley que le daba una subvención a las mujeres para que parieran solas, con invitros, y eso con subvención de gobierno; es decir que una familia ya no tenía que estar constituida por papá, mamá e hijos, que las mujeres solas podían parir y para sus amigos gay, para sus parejas lésbicas, que eso iba a crear una nueva revisión de todas las leyes de beneficencia social, de salud, de representatividad gubernamental, de políticas públicas y de política educacional, simplemente porque se estaba dando la oportunidad de que se organizara legalmente otra presencia jurídica y legal que era la familia no tradicional.

Es así de revolucionario esto, y por lo tanto, eso antes, a mitad del Siglo XX, los derechos de la mujer y los derechos del control del cuerpo, del control reproductivo estaban cambiando lo que es el mundo. A mí me parece que eso son cosas bien fundamentales, me interesa más que las revoluciones de quién ganó las elecciones, etcétera; yo estoy esperando el primer presidente gay de alguna nación y qué va a pasar entonces, esas cosas van a cambiar de manera fundamental, no tan solo los discursos y las leyes, sino también la literatura y los afectos, y la manera cotidiana de vivir, va a ser un mundo más libre. Eso yo lo viví, siendo una chamaquita, porque yo a los veintipico estaba pasando por esa revolución tan profunda que me hizo escribir esa novela y yo jamás pensé, por ejemplo, que iba a haber un matrimonio legal gay y lo viví, veinte años después eso ya estaba pasando, y también estaba pasando todo lo que les estoy contando ahora, yo no pensaba que eso iba a pasar y lo viví. Lo que yo sí viví cuando era pequeña era ver a muchos de mis amigos que les daban unas golpizas inmensas, y lo siguen haciendo, personas perseguidas por su propia familia, y ahora lo que yo veo son mamás y papás que abrazan a sus hijos, los apoyan, un cambio completo de manera de pensar la realidad desde los afectos, desde tu propia casa y entonces eso sí que es un cambio fundamental de la sociedad, que en cien años se van a ver nuevas maneras de vivir en una sociedad muy justa donde la gente no tiene que seguir roles pre-establecidos, sino que pueden ser más individuales y más libres.

De hecho, yo no pienso todavía que no hay dos géneros o tres o cuatro, yo creo que va a haber muchos más y estoy loca por ver esa multiplicidad de maneras de ser sobre la faz de la tierra y ese espacio libre, múltiple y diverso para todos, porque de eso se trata.

 

DR: En tu obra hablas mucho sobre la marginalidad en que viven los negros, las mujeres y los homosexuales del caribe. A pesar de que se han conseguido varios logros en cuanto a derechos, siguen siendo personas vulnerables. ¿Cómo lograr que estos sectores de la población dejen de ser vulnerables? Por ejemplo, que deje de haber violencia contra la mujer sólo porque es mujer.

MSF:Mira, yo creo que todo tiene que ver con poder económico y social, mientras las riquezas se sigan concentrando en las mismas manos, la vulnerabilidad va a ser un buen negocio; o sea, hay mucha gente, no tan solo con la cuestión del género y las razas, todas estas diferencias crean vulnerabilidades de las cuales mucha gente hace dinero. Mientras más dinero tengan las mujeres, mientras más capacidades, por ejemplo, para salir de situaciones de violencia doméstica, en la que muchas mujeres se quedan porque no pueden salir de una casa, no pueden comprarse otra, o no pueden irse a otro país, no tienen el dinero para salir y salvar sus propias vidas, mientras eso no pase vamos a seguirlo viendo.

Tiene que haber una correlación entre diversidad y también acceso a una vida sensata, a una vida de ser humano a tú tener tus necesidades básicas cubiertas. Me explico: si tú eres una niña que a los 15 años queda embarazada y que no ve otra manera de sobrevivir y de que su niño sobreviva que no sea o dependiendo del gobierno paternalista o de algún otro macho, pues va a ser bien difícil que tú no seas un ente vulnerable.

Las leyes se pueden hacer, pero las leyes se quedan en papel, y tú sabes que las leyes cuestan; ¿cuál es la gran diferencia entre un drogadicto de la calle y una persona excéntrica? Pues que el drogadicto de la calle no tiene dinero y el excéntrico, que quizás se mete lo mismo que el drogadicto de la calle, es un señor que puede pagar a muchos abogados para que sea considerado una persona que está lejos de la marginalidad social, esa es la diferencia. Por lo tanto, yo creo, que además de lo social, tiene que haber un trabajo profundo de empoderar a las mujeres para que tengan y se puedan hacer responsables de su propia vida y no vender su cuerpo o vender su sistema reproductor, o vender su administración doméstica para poder sobrevivir.

 

DR: Mayra, hoy en tu plática hablaste de que en la literatura europea se escribe con la mente, mientras que en la literatura latinoamericana se escribe con el cuerpo, que es símbolo de lo demoniaco. ¿Cómo vive su cuerpo Mayra Santos-Febres?

MSF:Mi cuerpo demoniaco es muy divertido. ¿Cómo yo vivo? Mira, te voy a explicar. Yo tengo 51 años para 52, y yo no soy una señora, es decir: lo primero con lo que yo me topé fue que había unos roles sociales que me convertían en niña o en señora, o en un pedazo de carne o en una persona invisible, tapada, viviendo para los demás; y a mí me pareció que sería muy buena idea intentar vivir de otra forma, ¿qué tal si vivimos como mujeres? ¿pero qué es una mujer? Y me di cuenta de que una mujer es un ser humano que trabaja, que tiene sueños, que tiene metas y ambiciones, profesionales o de oficio, porque yo no me considero una profesional, yo soy una escritora, una soñadora estúpida y empedernida que insiste en estulticia como manera de vivir, de hacer las cosas como “no se deben de hacer”, y en ir descubriendo ahí caminos nuevos.

Tengo dos hijos maravillosos que me gustan mucho y hacemos muchas cosas muy indebidas, nos vamos a tomar baños de luna a las 7 de la noche un miércoles; obviamente, mis hijos, pobres, tienen problemas de socialización y la culpa la tengo yo, pero nos divertimos mucho. Tengo muchos novios, no quiero un esposo. Viajo bastante, hago un festival literario, hago yoga, bailo mucha salsa, escribo. Así que, precisamente, me liberé de tratar de caber en una cajita social encontré montones de energías para hacer muchas cosas sin importar el fin, no me importa el éxito, me importa la aventura. Y entonces, como me quiero morir bien, pero bien, quiero morirme en medio de un party, quiero hacer una fiesta gigantesca y caerme muerta ahí mismo y decir “Ok, se acabó, la pasé bien, apaguen las luces, tómense el resto de la bebida a mi nombre”. Como quiero morir y vivir así, pues entonces es así que vivo y muero todos los días, como se debe, y sin pena en manos. De ahí salen los libros, pero sobre todo el gran goce y deleite de que no me quiten lo bailado, de que quizá el gran acto de revolución sea precisamente ese, el atreverse a ser feliz.

DR: Para finalizar, hoy una de las adolescentes del auditorio te hizo una pregunta sobre tus razones para seguir escribiendo, qué era lo que te decía que debías continuar, y en tu respuesta utilizaste las palabras "demostrar" y "vencer". ¿A quién le tiene que demostrar algo Mayra Santos-Febres y con ello vencerlo? ¿Cuál es la historia detrás de estas dos palabras?

MSF:Bueno, lo primero fue atreverme a pensar que los modelos que yo tenía no correspondían, me iba a tener que inventar mi propio modelo. Yo creo que para muchos de nosotros darte cuenta de que quieres escribir, y que todas las personas famosas y trascendentales que no se parecen a ti es el primer gran miedo: ¿cómo yo me atrevo a pensar que yo voy a ser una gran escritora? O por lo menos una escritora que la lean en muchos lugares, o sí, la ambición de querer perder el privilegio de morirme, porque yo ya sé que lo perdí, hay gente no va a recordar cómo soy yo como persona, pero que van a tener los libros míos y la voz en algún lugar, ¿cómo yo me voy a atrever yo a querer eso? Y entonces ese fue el primer gran reto.

No quiero ser una cantante de salsa, o no quiero ser una corredora de pisticampo, que es ahí donde están las mujeres negras: yo quiero ser escritora, ¿cómo yo me atrevo a decir que voy ser una persona que piensa, cuando ni yo misma sé cómo se hace eso? Porque así es el racismo, el racismo no es otra cosa que pensar que tú eres menos, un sistema que te hace creerte menos de lo que eres. Y luego, ese reto se me convirtió en un gran… ay, ni yo sé cómo decirlo, una gran travesura, porque pude haberlo encarado con un dolor infinito y estar siempre quejándome del lugar social que me tocó y la piel que me tocó, el paisito colonial que me tocó, y yo no quería hacer eso, yo quería decir muchas otras cosas; así que siempre estoy buscando la manera en que puedo hablar desde lo que yo soy, pero para muchas otras personas, y por eso es que me alío y se me hace tan fácil hacerle eco a la voz de otros marginales, porque yo sé lo que es ser un hombre gay, no y sí, pero yo lo sé, yo sé lo que es que te miren con miedo, como “me vas a pegar esa enfermedad que tienes por ser como eres”, la enfermedad de ser tú, no de tener SIDA ni nada por el estilo, “nena no te juntes mucho con…”, ese aislamiento social yo lo conozco muy bien, y conozco muy bien la impresionante hambre de belleza que tenemos, y conozco muy bien el amor por la literatura y los libros y por la música, y este probarte a ti que yo sé tanto o más que tú, eso yo lo conozco y sé de dónde viene.

Y ese dolor yo lo entiendo muy bien, y a la misma vez creo que es una de nuestras grandes fortalezas, y que yo tengo que conocer tu mundo pero tú no conoces el mío, así que yo tengo que conocerlo mejor que tú y a la misma vez traducir el mío para que tú veas la belleza e importancia, lo mucho que mi mundo te completa a ti, cabrón. Tú eres incompleto, porque tú no conoces mi mundo, pero yo conozco el tuyo, porque yo tengo que probarme y validarme según tus reglas y te las voy a hacer mejores, te las voy a hacer tan mejores que tú vas a tener que aprender de mi mundo para tú poder sobrellevar el tuyo. Esa es la rabia, el dolor, pero también la belleza que yo puedo aportar al mundo. Así eso es lo que hago, y ahora lo hago con mucho mucho mucho orgullo, pues no me han podido detener, han tirado todo lo que han podido en el medio y no me han podido detener, yo les bailo encima a todos los obstáculos y salgo ganando, estoy más ágil, y de eso se trata el proyecto mío.

Pero no tan solo de eso, en el Festival de la Palabra estoy absolutamente convencida y comprometida en crear diversidades lectoras: si tú sabes leer, sabes pensar, y tú si sabes pensar sabes cuáles son tus oportunidades, así que yo me tiro por los arrabales, por las escuelas rurales, por los lugares donde se supone no haya un libro, porque la ignorancia siempre es orquestada, s i e m p r e, la ignorancia siempre es producida por gente que se beneficia de la ignorancia de los demás, y nada más con ponerle un libro a una persona que jamás hubiese pensado tener uno en sus manos, ese ya es un acto de subversión. Así que párenme si pueden.

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