[DE ESTRENO] Las ventajas de ser invisible

"Standing on the fringes of life offers a unique perspective… but there comes a time to see what it looks like from the dance floor." Charlie es un adolescente con una abundante vida interna, pero que se le dificulta tremendamente participar en la externa. Toda la actividad humana que lo rodea resulta un gran misterio, un enigma que vale la pena observar con profunda atención desde una distancia segura y marginal. Este factor le plantea la disyuntiva entre conservar su conducta pasiva o la promesa que conlleva finalmente ser un agente perceptible en la sociedad. El protagonista carga con esa angustia de querer ser parte de lo que está ocurriendo afuera, pero al mismo tiempo permanece en un estado donde su pensamiento riguroso y constante reprime cualquier intento de exteriorización.

Entusiasmo, incertidumbre, miedo, soledad, euforia, ansiedad, confusión y precocidad. Éstos son sólo algunos de los rasgos con los que se deben enfrentar los personajes hormonales presentes en el universo de este verde narrador. Estos individuos en vías de desarrollo son interpretados por Logan Lerman, Emma Watson y Ezra Miller, quienes personifican respectivamente a Charlie (voz y eje que dirige la narrativa), Sam (chica efervescente por la que Charlie desarrolla una profunda atracción) y Patrick (hermanastro extravagante de Sam que introduce a Charlie a la experiencia preparatoriana). Estos tres papeles principales son ejecutados propiamente por tres jóvenes como nunca se les había visto antes en sus carreras y cuyo futuro augura gran promesa (sobre todo en el caso de Miller que regresa después del aclamo que detonó su papel inquietante en la controversial We Need to Talk About Kevin). Aún así, puede ser que el principal motivo que hace de esta película un pequeño milagro es que Stephen Chbosky (escritor de la novela original) haya fungido como director y guionista. Esa valiosa e indiscutible presencia de autor ayuda a transmitir de manera efectiva la sencillez conmovedora que distingue a la obra literaria, así como el desarrollo de su atmósfera equilibrada de ilusión y tormento.

El intelecto de la audiencia juvenil suele ser uno de los más subestimados por la industria, razón por la que persisten frecuentemente los convencionalismos insustanciales en las historias dirigidas a este sector. Es cierto que a esa edad se cuenta con una susceptibilidad muy particular ante las manifestaciones artísticas, característica que muchas veces se enfrenta de manera no muy acertada cuando se malinterpreta y los acercamientos caen en el tono de sermón moralista. Debido a lo anterior, la sinceridad de esta historia se posiciona como una virtud digna de reconocimiento en un terreno creativo donde la intimidad auténtica es cada vez menos común. Posterior al legado de figuras como J.D. Salinger o John Hughes, nos encontramos nuevamente con una historia que certifica y le concede el respeto debido a ese duelo tan preciso que denominamos adolescencia.

Trackisting 19.10.2012

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