Publicar(se) desde afuera: tres propuestas del fanzine en la Ciudad de México
Cualquiera que haya intentado publicar un texto en algún momento de su vida sabrá lo complicado y tardado que es hacerlo. Las opciones no son pocas: concursos con cientos de participantes, editoriales inaccesibles, revistas que publican a las mismas diez personas desde hace años… Después de un rato y muchos correos, pareciera que intentar publicar es como tirar hojas al aire y esperar que alguna caiga entre dos tapas duras y un poco de pegamento.
Afortunadamente, como ya mencionamos, opciones hay muchas. ¿Y si nosotros pusiéramos la hoja entre dos cartones? Un libro no es más que papel, papel doblado, papel laminado, papel trabajado. Ante la negativa de las formas de publicación tradicional siempre tenemos la opción de autopublicar con nuestra imprenta casera y entrar en el mundo de la publicación independiente. Esto lo podemos llevar un paso más allá: publicación independiente no sólo en medio, sino en forma.
El concepto de fanzine es uno con orígenes difusos que en este momento no resultan tan importantes. ¿Y qué es lo importante de esta forma de publicación? Experimentar, jugar con la forma y el contenido por igual.

El fanzine, con sus posibilidades políticas, se desvincula de la burocracia del editor que quita comas, que corrige “el buen uso del español” y que no deja poner garabatos en los márgenes. Es una revista o publicación hecha por fanáticos. ¿Fanáticos de qué? De leer y escribir, de dibujar y crear y, más importante aún, de fanáticos que crean arte accesible desde lo cotidiano, como resistencia y expresión de la libertad.
La Ciudad de México, con su pluralidad de voces y caos cotidiano, resulta ser un entorno perfecto para habitar lo extraño. Esto es precisamente lo que la artista visual Yokebed Islas nos recuerda con su proyecto Ediciones Vorágine Urbana, a través del cual ella y sus colaboradores abordan las problemáticas de “la memoria en la ciudad, el tránsito y el cuerpo” con publicaciones donde el arte gráfico y literario se mezclan y confunden para “luchar con el deber ser”, siempre poniendo en primer plano el deseo de crear para compartir.
Este proyecto, que contó con el apoyo de la iniciativa Piso 16, para la creación artística de la UNAM, no sólo se enfoca en publicar, sino que también se plantea como un espacio y modo de acompañamiento para cualquier persona que desee aprender el arte del fanzine o pensar lo urbano a través de talleres gratuitos como Habitar el vacío, impartido durante enero de este año en la librería Casa Tomada; también han llegado a lugares como la Feria Internacional del Libro Guadalajara, una de las más importantes a nivel internacional, de la mano de propuestas similares pertenecientes a la Cooperativa Pliegues Desbordados.

Hablando de FILs, durante la Fiesta del Libro y de la Rosa que se llevó a cabo este abril, encontramos al Colectivo Tres Corderos, un proyecto de “edición autogestiva” de Marilyn Arriola y Rodolfo Villalobos que percibe el proceso editorial como “un espacio de experimentación” donde el soporte material es parte esencial e inseparable del mensaje de la obra.
Su trabajo, además, cuestiona los modos de producción vinculados a la publicación tradicional, sobre lo cual Villalobos comenta que “el sistema actual del arte no cubre la importancia y sustancia del producto artístico desde los creadores hasta los consumidores”, poniendo énfasis en que lo autogestivo no se limita a lo económicos, sino que abarca “los ámbitos emocional, profesional y económico”. Su propuesta, sin duda, resulta pertinente para una actualidad donde es cada vez más difícil vivir del arte o, en general, vivir.
El fanzine, por definición y desde su origen, es inherentemente político debido a que a través de este formato se escuchan las voces de aquellos que son excluidos de la burguesía editorial. Algunos podrían argumentar que la siguiente publicación no es un fanzine en forma y, sin embargo, estas mismas personas afirmarían que tampoco es una publicación formal como lo son Nexos o Letras Libres.
Esta es la periferia y limbo que habita Mi Valedor, una institución y revista que atiende a personas en exclusión social por edad, género o por discapacidad física.

El proyecto ideado por Arturo Soto Flores y María Portilla es sencillo: los valedores, quienes reciben cinco revistas gratis y capacitación al unirse, la venden a cuarenta pesos y generan una ganancia propia de veinticinco, para luego comprar otra revista a ocho pesos y repetirlo. Además, los valedores son invitados a colaborar en la creación de la revista, ya sea desde la escritura o el arte gráfico, de tal modo que Mi Valedor no sólo es una forma de sustentarse, sino de crear en libertad y convivir de manera sana.
La propuesta va más allá de lo monetario, pues al participar en ella también tienen acceso a talleres gratuitos, educación, asesoría financiera, visitas a museos, actividades culturales de todo tipo y la posibilidad de reintegrarse a una sociedad a la que, en realidad, siempre pertenecieron, a pesar de lo que otros podrían decir.
Con el tiempo, la revista se ha expandido, y ahora se producen suplementos artísticos que se encuentran en ferias del libro, eventos culturales y puntos de venta fijos, donde también hay bolsas, estampas, pines y ropa que, por supuesto, siempre se hacen por y para los valedores.
Estas son tan sólo unas pocas propuestas editoriales que desafían el mercado actual de la literatura y piensan distintos modos de existir y crear en la ciudad. Al hacerlo, también reafirman y demuestran el hecho de que cualquiera puede producir arte sin necesidad de subordinarse a un sello editorial o intereses ajenos; basta con tomar papel y lápiz, doblar un poco y dejar que el texto encuentre su camino.
Si lanzamos hojas al aire es poco probable que caigan en las manos de Alfaguara o Sexto Piso, pero también existe la posibilidad de que caigan a los pies de alguien que encuentre valor en el humilde fanzine casero. Quizás ese sea el empujoncito que necesite para desempolvar alguna obra y liberarla en el metro o el parque. El libro no vuela, pero la palabra y el fanzine sí.
