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Pentimento: capas pictóricas como huellas históricas en el Laboratorio Arte Alameda

En la Ciudad de México hay edificios viejos. Su edad está en los detalles: en las rocas porosas, en los ventanales, en las cúpulas y en los materiales a los que el tiempo, ya les pasó factura.

Aun así nunca se sienten fuera de lugar, y El Laboratorio Arte Alameda es uno de ellos. La forma en la que convive con el ecosistema moderno no lo pone con una fecha de construcción en 1591. Hoy, entre sus muros y sus (definitivamente modernos) outlets de electricidad, todavía quedan rastros de vidas pasadas.

 

Exposición Pentimento, de Pablo Rasgado.
Foto: Daniela Gudiño

 

Pentimento, exposición de Pablo Rasgado y que se presenta en el recinto, parte precisamente de ahí. De mirar un edificio de ayer y hacer una deconstrucción desde el hoy.

 

Exposición Pentimento, de Pablo Rasgado.
Foto: Daniela Gudiño

 

La exposición nace de la restauración integral de la nave central del Laboratorio Arte Alameda, pero en lugar de entender la restauración como un procedimiento que devuelve al edificio una apariencia original, Rasgado la convierte en una forma de excavación. Una arqueología especulativa que no pretende encontrar una única versión del pasado, sino abrir la posibilidad de imaginar todas las que pudieron existir.

 

Exposición Pentimento, de Pablo Rasgado.
Foto: Daniela Gudiño

 

La palabra pentimento viene de la pintura. Es el fenómeno que ocurre cuando, con el paso del tiempo, las capas de óleo pierden opacidad y dejan ver decisiones que alguna vez quedaron enterradas bajo la imagen definitiva. En otras palabras: los arrepentimientos de una pintura y un edificio con 435 años de antigüedad, también tiene historias por contar.

Durante la restauración aparecen calas, huecos, fragmentos y cambios en los muros. Las capas arquitectónicas funcionan como una especie de archivo: generalmente, la pintura más clara corresponde a una etapa más antigua y la más oscura a una más reciente.

 

Exposición Pentimento, de Pablo Rasgado.
Foto: Daniela Gudiño

 

Las paredes y el recinto se vuelven la exposición en sí misma, pues la materia del edificio importa tanto como las obras que aparecen dentro. En Pentimiento la materia es el artefacto de la memoria.

Exposición Pentimento, de Pablo Rasgado.
Foto: Daniela Gudiño

 

¿Qué pasa con aquello que no sabemos quién hizo? ¿Qué pasa con una imagen cuando ya no podemos reconstruir completamente su historia? ¿Qué pasa con las decisiones que fueron descartadas, con las obras que fueron modificadas, con las técnicas que quedaron fuera de los relatos oficiales de la historia del arte? 

Durante siglos, el Antiguo Convento de San Diego, la Pinacoteca Virreinal y ahora el Laboratorio Arte Alameda han ocupado el mismo espacio, pero no han sido el mismo lugar. Un edificio puede permanecer de pie mientras todo lo demás cambia: su función, sus visitantes, sus obras, sus materiales y la manera en que una ciudad lo mira.

 

Exposición Pentimento, de Pablo Rasgado.
Foto: Daniela Gudiño

 

La restauración se vuelve también una pregunta sobre cómo lo preservamos, qué decidimos mostrar, qué dejamos debajo y qué historias consideramos dignas de permanecer visibles. 

Un archivo también puede servir para imaginar. Esa entrada amarilla que ahora sirve de casa para gatos callejeros y que alguna vez fue el frente donde se ubicó la hoguera de la Inquisición cuenta historias distintas dependiendo de cuándo se le mire.

 

Exposición Pentimento, de Pablo Rasgado.
Foto: Daniela Gudiño


Eso es lo que Gemma Argüello, curadora de
Pentimento, nos propone hacer con el espacio. Mirar sus capas no solo para saber su historia, sino para inventarnos una nueva.

Pentimento, de Pablo Rasgado, puede visitarse hasta el 18 de octubre de 2026 en el Laboratorio Arte Alameda, ubicado en la calle Dr. Mora número 7, colonia Centro Histórico, Alcaldía Cuauhtémoc, en la Ciudad de México.

 

Exposición Pentimento, de Pablo Rasgado.
Foto: Daniela Gudiño