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El dia que no dejo de llover de Antolina Ortiz Moore.

El día que no paró de llover en la Ciudad de México

En 1951, los primeros aviones comerciales –que habían sustituido sus motores de hélice por sistemas de reacción- cruzaban el espacio aéreo mexicano. Las mujeres salían a la calle con pancartas, exigiendo el derecho al sufragio que les sería concedido cuatro años después.

La Ciudad de México se convirtió en el punto de encuentro para poblaciones diversas, tanto habitantes del campo que iniciaban su éxodo masivo hacia la capital en plena modernidad, como los cientos de miles de exiliados que llegaron de Europa y Asia, huyendo de los horrores de la Segunda Guerra Mundial y la Guerra Civil Española.

El país estaba entrando a una nueva era de bonanza económica, el llamado “Milagro Mexicano”, todo parecía augurar buenos tiempos, pero el 16 de julio de 1951 fue otra historia. Ese día llovió y llovió durante horas hasta desbordar los ríos, sobrepasar los drenajes y cubrir las calles con agua que no se iría por los siguientes tres meses.

El día que no paró de llover es una novela de ficción histórica, escrita por la autora mexicano-canadiense Antolina Ortiz Moore, situada en el día de tormenta que inundó la capital.

En 1951, ella no había nacido aún, pero pudo imaginar los recuerdos de calles renovadas, radionovelas, películas de Jorge Negrete, Pedro Infante y María Félix, y el ritmo del danzón, a partir de la memoria de sus padres. No obstante, El día que no paró de llover no es sobre la lluvia ni la inundación.

La novela se construye con las historias de los particulares habitantes de una vecindad de ocho departamentos y las verdades que éstas revelan sobre la realidad del país hace más de medio siglo. La lluvia más bien funcionó para Antolina como un telón de fondo para hablar del panorama de migración, las promesas inconclusas de la modernidad y la profunda violencia que marcó los años 50 y que dejó como saldo decenas de personas asesinadas por el sistema, tanto patriarcal como gubernamental.

En esa vecindad sobre la estructura improbable del Valle de México donde, en palabras de la autora, “no debería ser posible vivir, pero lo es”, viven un panadero, una empleada, una estudiante, una modista, una maestra, un niño curioso, un productor de radionovelas y dos sobrevivientes de las guerras, y a través de sus voces se crea una historia que es a la vez coral y narra muchas cosas a la vez, pero también se lee como una sola voz que habla sobre el país y sus problemas.

Las fotografías de citadinos atravesando el agua con los pantalones arremangados o en lanchas fueron el detonante para que Antolina comenzará a escribir pensando en lo histórico, lo más apegado al testimonio documental. Más tarde, durante el proceso de escritura se volvieron evidentes las similitudes que existen entre los años 50 y la actualidad: cómo la violencia del sistema sigue cobrando vidas, cómo la modernidad es sólo una utopía, como las migraciones son comunes a todos los tiempos y lugares, y conforman nuevas dinámicas.

La autora también hace un llamado a notar todo aquello que ha cambiado, lo que se ha nombrado y así ha sido traído a la existencia, los feminicidios que ahora son reconocidos como tal, o la posibilidad de estudiar, votar, opinar en público o tener una cuenta de banco propia, siendo mujer.

Su novela parte del tema histórico como pretexto para hablar de historias personales y hacer un comentario potente sin caer en lo forzado, y, gracias a mis limitados y poco fructíferos intentos de empezar una novela, me he dado cuenta de que eso es sumamente difícil. Tomando prestadas las palabras de la escritora  estadounidense Annie Dillard, Antolina me dijo que escribir así es un proceso muy complejo, “porque al elegir un tema, éste se vuelve salvaje y para poder escribirlo, antes debe ser domado”.

En El día que no paró de llover, las similitudes sirven como una guía para notar las características de la sociedad que aún falta cambiar, todo lo que sí ha cambiado apunta a los logros obtenidos y la lluvia como obstáculo en la novela habla de la capacidad de resiliencia que existe en todas las personas. La historia se repite sabiamente y de la forma más curiosa, pues el día que se presentó el libro terminado por primera vez, casi como un augurio, cayó una tormenta furiosa en la ciudad.